El Gobierno ha presentado este 21 de septiembre el Plan IA360 (descargar dossier en PDF), una nueva hoja de ruta para acelerar el despliegue de la inteligencia artificial en España. El plan contempla actuaciones en ámbitos como infraestructuras, seguridad, educación, talento, desarrollo tecnológico, adopción empresarial y modernización de la Administración, con medidas que van desde una futura gigafactoría de IA hasta nuevos mecanismos para facilitar que pymes y autónomos incorporen esta tecnología a su actividad.
Más allá de las grandes cifras y de algunos anuncios especialmente llamativos, hay una cuestión que me parece mucho más importante para quienes llevamos tiempo trabajando con inteligencia artificial dentro de empresas y organizaciones: utilizar IA no significa necesariamente haberla integrado en la forma de trabajar de una empresa.
Durante los últimos años hemos hablado muchísimo de herramientas, modelos, prompts y nuevas funcionalidades. Y ChatGPT, Copilot, Gemini, Claude y otras soluciones han entrado rápidamente en el trabajo diario de millones de personas. Pero una organización puede tener decenas de empleados utilizando inteligencia artificial todos los días y seguir sin disponer de una verdadera estrategia de IA.
Precisamente ahí parece querer incidir una parte importante de IA360: pasar del uso individual de herramientas a la incorporación de la inteligencia artificial en procesos empresariales reales.
El reto ya no es solamente utilizar inteligencia artificial
España parte de una situación peculiar. La adopción social de la IA generativa está avanzando rápidamente, mientras que su integración empresarial sigue siendo considerablemente menor. El Gobierno señala que aproximadamente una de cada cinco empresas utiliza actualmente inteligencia artificial y se plantea como objetivo superar la mitad de las empresas españolas en 2030.
La diferencia es importante porque probar ChatGPT para redactar un correo, resumir un documento o generar una presentación es relativamente sencillo. Transformar un proceso empresarial mediante inteligencia artificial es otra cosa.
Hay que entender cómo funciona ese proceso, localizar sus ineficiencias, conocer qué datos existen, determinar qué parte puede automatizarse, decidir dónde tiene sentido utilizar un modelo de IA y establecer qué tareas o decisiones deben permanecer bajo supervisión humana. Después hay que integrar sistemas, probarlos, formar a las personas que van a utilizarlos, controlar riesgos y comprobar si realmente se está produciendo alguna mejora.
Es algo que encuentro constantemente en mi trabajo con empresas y equipos. Con frecuencia, la conversación inicial gira alrededor de una herramienta concreta: qué puede hacer ChatGPT, qué agente podemos crear o qué proceso podemos automatizar. Sin embargo, cuando se analiza correctamente el problema, la tecnología suele ser una de las partes más sencillas del proyecto. Lo verdaderamente complejo es entender qué queremos mejorar y cómo debe cambiar el proceso.
600 millones para llevar la IA a pymes y autónomos
La medida que probablemente genere más atención empresarial es el nuevo Bono de Inteligencia Artificial. El Gobierno contempla una dotación global de 600 millones de euros con el objetivo de alcanzar unas 25.000 empresas. La convocatoria general está prevista antes de finalizar 2027 y debería estar precedida por una fase piloto durante el primer semestre de ese año.
Conviene aclarar algo desde el principio: el bono todavía no existe como ayuda abierta a la que pueda presentarse una empresa. Faltan por conocerse las bases reguladoras, los importes que podrá recibir cada beneficiario, los requisitos concretos, el procedimiento de solicitud y las condiciones que deberán cumplir quienes proporcionen las soluciones.
Sin embargo, el planteamiento inicial incluye una decisión interesante: no se pretende subvencionar simplemente la contratación de una licencia de inteligencia artificial. La información publicada señala que deberán existir elementos de desarrollo, integración, conocimiento sectorial, tratamiento de datos o rediseño de procesos. También se contempla un diagnóstico previo de madurez, la identificación de un caso de uso específico, formación de los trabajadores y una medición posterior de su impacto sobre la productividad.
Si finalmente se desarrolla de esta manera, estamos hablando de algo bastante más ambicioso que entregar a una pyme varias cuentas de una herramienta generativa.
Y debería ser así. Una empresa no se transforma porque compre inteligencia artificial, de la misma manera que tampoco se digitaliza simplemente porque compre software.
Implantar IA significa transformar procesos
Cuando trabajo en proyectos de inteligencia artificial aplicada, automatización o formación para empresas, una de las cuestiones en las que más insisto es precisamente esta: no debemos empezar preguntándonos qué puede hacer una herramienta, sino qué problema queremos resolver.
Una implantación puede necesitar inteligencia artificial generativa, agentes, automatización, RAG, APIs, bases de datos o modelos locales. Puede combinar varias de estas tecnologías o descubrir, incluso, que una parte del problema se resuelve mejor sin inteligencia artificial.
Lo importante es el resultado.
Una organización debería poder determinar qué tareas consumen demasiado tiempo, dónde se producen errores, qué conocimiento interno no está aprovechando, qué procesos podrían automatizarse, qué decisiones pueden estar asistidas por IA y dónde sigue siendo imprescindible la intervención humana.
Después habrá que medirlo. Tiempo ahorrado, capacidad de producción, reducción de errores, tiempos de respuesta, costes, calidad del servicio o cualquier otro indicador que tenga sentido en ese proceso.
Sin un antes y un después medible, resulta muy difícil hablar seriamente de transformación mediante inteligencia artificial.
Por eso dos empresas pueden utilizar exactamente el mismo modelo y conseguir resultados completamente distintos. A medida que el acceso a los grandes modelos se vaya generalizando, la ventaja competitiva estará cada vez menos en tener acceso a una determinada IA y más en saber integrarla en los datos, el conocimiento, los procesos y la forma de trabajar de cada organización.
Red NEURONA: probar soluciones antes de implantarlas
Otra de las piezas especialmente interesantes de IA360 es la denominada Red NEURONA, una red público-privada y territorial concebida para que las empresas puedan conocer y probar soluciones de inteligencia artificial aplicadas a sus necesidades.
La idea es que una pyme pueda experimentar con una solución adaptada a su sector e incluso utilizar sus propios datos antes de decidir si acomete una implantación completa. El planteamiento pretende aprovechar infraestructuras y ecosistemas tecnológicos existentes y facilitar que las empresas reduzcan el riesgo inicial que supone invertir en una tecnología que todavía desconocen.
El calendario anunciado contempla un primer piloto con 100 pymes en dos comunidades autónomas antes de finalizar 2026, para posteriormente extender la iniciativa hasta diez comunidades autónomas y alrededor de 5.000 empresas durante 2027.
Este punto puede tener bastante más importancia de la que parece inicialmente. No solamente por las empresas que puedan probar esas soluciones, sino también por cómo se seleccionarán las tecnologías, quién podrá aportar aplicaciones y desarrollos, qué centros formarán parte de la red y de qué manera podrán participar empresas especializadas en inteligencia artificial.
Todavía no conocemos ese modelo de participación. Habrá que seguirlo de cerca porque Red NEURONA podría convertirse tanto en una herramienta de experimentación para las pymes como en un espacio relevante para que empresas tecnológicas presenten y validen soluciones propias.
De preguntar qué puede hacer ChatGPT a preguntar qué procesos podemos mejorar
Probablemente este sea uno de los cambios de mentalidad más importantes que necesita actualmente la adopción empresarial de inteligencia artificial.
Durante esta primera etapa hemos partido casi siempre de la tecnología. Aparece una nueva herramienta y preguntamos qué podemos hacer con ella. Es perfectamente normal cuando una tecnología es nueva y necesitamos experimentar para comprenderla, pero una organización que quiera avanzar debería progresivamente invertir el razonamiento.
En lugar de preguntar qué puedo hacer con ChatGPT, podemos preguntarnos qué tareas están consumiendo recursos innecesariamente, qué información permanece dispersa, dónde se repite trabajo, qué conocimiento debería ser más accesible, qué respuestas pueden acelerarse o qué procesos pueden rediseñarse.
A partir de ahí decidimos qué tecnología necesitamos.
Este cambio aparentemente sencillo modifica completamente un proyecto porque la inteligencia artificial deja de ser el objetivo y pasa a ser una herramienta para alcanzar un objetivo empresarial.
Y es también la diferencia entre experimentar con IA y construir una verdadera capacidad de trabajar con ella.
Formación, gobernanza y seguridad también forman parte de la implantación
El Plan IA360 no se limita a la dimensión empresarial. También contempla actuaciones relacionadas con alfabetización en inteligencia artificial, educación, Formación Profesional, capacitación de docentes, ciberseguridad y supervisión. El Gobierno ha anunciado además la intención de reforzar la gobernanza y la seguridad como elementos centrales de su estrategia.
En las empresas ocurre exactamente lo mismo. No puede existir una implantación seria si desconocemos qué herramientas están utilizando los trabajadores, qué información introducen en ellas, qué sistemas pueden acceder a datos internos, qué resultados necesitan supervisión o qué obligaciones regulatorias y de protección de datos debemos considerar.
Es una cuestión que aparece cada vez más en las formaciones y proyectos que desarrollo con organizaciones. Inicialmente, muchas empresas quieren saber qué herramientas utilizar; poco después aparecen preguntas bastante más importantes: qué podemos introducir en ellas, quién debe tener acceso, qué información podemos automatizar, qué riesgos asumimos y cómo establecemos unas reglas internas de utilización.
Por eso la formación tampoco debería limitarse a enseñar funcionalidades. Una verdadera adopción requiere que las personas comprendan las posibilidades de la tecnología, pero también sus límites, riesgos y responsabilidades.
Tecnología, procesos, personas, seguridad, formación y gobernanza deberían formar parte de una misma estrategia.
600 millones no garantizan una transformación
Sobre el papel, el planteamiento del Bono IA resulta interesante. Pero ahora viene probablemente la parte más importante: cómo se diseñe realmente el programa.
El propio Gobierno habla de facilitar el acceso de pymes y autónomos, afrontar los elevados costes de entrada y evitar la concentración. Precisamente por eso será necesario analizar con detalle las futuras bases cuando se publiquen.
Habrá que conocer quién podrá proporcionar los servicios, cómo se seleccionarán las soluciones, qué requisitos deberán cumplirse, qué grado de personalización se exigirá, cómo se demostrarán los resultados y qué mecanismos permitirán competir a proveedores de diferentes tamaños.
También habrá que evitar que los importes máximos subvencionables terminen convirtiéndose indirectamente en el precio de referencia de las implantaciones o que proyectos que deberían partir de las necesidades concretas de cada empresa acaben transformándose en un catálogo de soluciones estandarizadas.
Porque 600 millones de euros pueden acelerar enormemente la adopción de inteligencia artificial, pero también pueden modificar el mercado de servicios de IA en España. La diferencia estará en el diseño.
La cantidad de dinero movilizada será importante, pero todavía lo será más conseguir que ese dinero termine financiando proyectos que aporten valor real y no simplemente una nueva oleada de herramientas etiquetadas como inteligencia artificial.
De utilizar inteligencia artificial a trabajar con ella
Si algo me parece especialmente interesante del Plan IA360 es que refleja un cambio que ya estamos viendo dentro de las empresas. La conversación empieza a abandonar progresivamente el entusiasmo inicial alrededor de las herramientas y empieza a centrarse en procesos, integración, datos, conocimiento, formación, seguridad, gobernanza, productividad y resultados.
Ese es, en mi opinión, el siguiente nivel de madurez.
Una empresa no incorpora inteligencia artificial porque sus trabajadores tengan acceso a ChatGPT, Copilot, Gemini o cualquier otra plataforma. Tampoco porque instale un chatbot o automatice de manera aislada algunas tareas.
La incorpora cuando consigue que la inteligencia artificial forme parte de su manera de trabajar de forma útil, segura, medible y coherente con sus objetivos.
El Bono IA puede ayudar a acelerar ese proceso. Red NEURONA puede permitir que muchas empresas experimenten antes de invertir. Las medidas de formación pueden contribuir a elevar el nivel de conocimiento y las actuaciones en seguridad y gobernanza pueden ayudar a reducir algunos de los riesgos que acompañan a esta transformación.
Pero el verdadero éxito del Plan IA360 no debería medirse únicamente por el número de empresas que reciban una ayuda, por el dinero ejecutado o por el número de soluciones tecnológicas implantadas. Debería medirse por cuántas empresas consiguen dar el salto que realmente importa: pasar de utilizar inteligencia artificial a saber trabajar con ella.


