La semana pasada, el 15 de junio de 2026, PwC publicó su Barómetro Global de Empleo en IA 2026. Más de mil millones de ofertas de trabajo analizadas en 27 países, siendo el análisis más grande que existe sobre el impacto real de la inteligencia artificial en el mercado laboral.

No es un informe de tendencias sino de datos. Y los datos dicen algo que no cuadra con ninguno de los dos relatos dominantes: ni el apocalipsis laboral que algunos pronosticaban, ni el cuento de que la IA sólo crea oportunidades para todo el mundo por igual.

Lo que está pasando es más preciso y más interesante que eso.

La IA no destruye empleos: los divide en dos

El hallazgo central del informe es que la inteligencia artificial está transformando el mercado laboral en dos categorías con trayectorias completamente distintas.

Los empleos profesionalizados son aquellos en los que la IA automatiza las tareas más básicas y deja a la persona las más exigentes. Por ejemplo, el abogado que ya no resume documentos manualmente y puede dedicar ese tiempo a construir el caso; o el recruiter al que la IA prepara los briefings de cada candidato puede centrarse en negociar contratos. El rol gana en complejidad, en exigencia y en valor.

Los empleos democratizados son los contrarios: aquellos en los que la IA se encarga de las tareas más especializadas, dejando las más simples para la persona. Y el resultado es un rol que pierde diferencial profesional y, con él, poder de negociación salarial.

Los números son claros, ya que los empleos profesionalizados crecen el doble de rápido que los democratizados y su crecimiento salarial es un 42% superior desde 2021.

La pregunta que debería hacerse cualquier directivo no es si su sector va a ser afectado por la IA. Es en cuál de las dos categorías va a caer cada puesto de su organización.

Las empresas que más ganan con la IA no recortan: contratan

Hay otro dato del informe que merece más atención de la que ha recibido.

Desde 2022, las empresas con mayor exposición a la IA han triplicado su ventaja en crecimiento de productividad frente a las menos expuestas. Pero lo que más llama la atención no es la productividad, es lo que hacen con ella.

Las empresas que más ganan con la IA no están usando esa ganancia para reducir plantilla sino para crecer. El crecimiento de personal en las empresas más expuestas a IA supera en un 52% al de las menos expuestas. Y el crecimiento salarial también es significativamente mayor.

Además, hay un efecto fundamental que el informe documenta con precisión: el 20% de las empresas más avanzadas en uso de IA alcanza un crecimiento de productividad del 163%. No el promedio del sector. El 20% que lo está haciendo bien de verdad.

Eso no es adoptar IA. Es saber qué pedirle y cómo integrarlo en los procesos reales.

Los empleos junior están cambiando más deprisa de lo que parece

El informe dedica una sección específica a los perfiles de entrada y lo que encuentra es incómodo para las empresas que no estén prestando atención.

El 49% de los directivos ejecutivos encuestados espera que la IA reduzca la contratación de perfiles junior en los próximos tres años. Pero el mismo informe muestra que los empleos junior que están creciendo son exactamente los que exigen habilidades que antes se reservaban a perfiles senior: liderazgo, toma de decisiones estratégica, gestión de equipos, criterio.

Los empleos junior con mayor exposición a IA tienen siete veces más probabilidades de requerir esas habilidades que los que tienen menor exposición. Y los que las incorporan crecen un 35%. Mientras, los que no las incorporan caen un 10%.

El mensaje no es que los perfiles junior vayan a desaparecer. Es que los que sobrevivan tendrán que demostrar desde el principio capacidades que antes se desarrollaban con años de experiencia acumulada. Las empresas que no rediseñen sus programas de incorporación y formación van a tener un problema que no es tecnológico: es de talento.

El prompting tiene precio de mercado

Entre las habilidades con mayor crecimiento en demanda y mayor prima salarial, el informe de PwC nombra explícitamente el prompt engineering.

Los empleos que requieren habilidades específicas de IA crecieron un 68,9% en un solo año, esto es, ocho veces más rápido que el mercado laboral en general. Y la prima salarial media para quien tiene esas habilidades ha subido al 62%.

No es una habilidad técnica en el sentido tradicional. No requiere saber programar ni entender cómo funcionan los modelos por dentro sino, más bien, requiere saber qué pedirle a la IA, con qué estructura, con qué contexto y con qué criterio profesional para validar lo que devuelve.

Es una habilidad que la mayoría de equipos no ha aprendido nunca de forma estructurada. Y el mercado ya le está poniendo precio.

Lo que veo cuando entro en una empresa

El informe de PwC confirma con datos lo que llevo tiempo viendo en el terreno.

Hay empresas que usan la IA para hacer lo mismo de antes pero más rápido. Y hay empresas que la están usando para hacer cosas que antes no podían hacer. La distancia entre unas y otras no depende de la herramienta que usan. Depende del criterio con el que la dirigen.

Cuando entro en una organización, lo primero que observo es cómo interactúa el equipo con las herramientas de IA que ya tiene. Y lo que encuentro casi siempre es el mismo patrón: instrucciones vagas, sin contexto, sin estructura, con resultados que se aceptan sin validar. No porque el equipo no tenga criterio profesional sino porque nadie le ha enseñado cómo trasladarlo a la herramienta.

Eso tiene solución y no requiere contratar perfiles técnicos ni invertir en infraestructura… ¡Requiere método y práctica!

Si quieres empezar a practicar cómo construir instrucciones profesionales para IA, he publicado el Laboratorio de Prompting: una herramienta abierta y gratuita que uso en mis formaciones con directivos y equipos.

Laboratorio de Prompting de Orlando Suárez