«El punchacico», un poema de Alberto Casañal Shakery

Alberto Casañal Shakery, hijo del conocido topógrafo Dionisio Casañal, nació circunstancialmente en San Roque (Cádiz), aunque ‘regresó’ a Zaragoza con seis años y allí vivió toda su vida, licenciándose en Ciencias Físico-Químicas y siendo catedrático de Matemáticas en la Escuela Superior de Trabajo. Comenzó a componer versos en grande abundancia y con la mejor gracia, siendo especialmente célebres sus romances baturros, por lo que es reconocido como el más popular de los poetas regionales aragoneses, llegando a ser nombrado hijo adoptivo de Zaragoza. Recopiló cantares tradicionales baturros, como en su famosa publicación «Epistolario Baturro» (puede leerse en la Red desde aquí), y escribió en aragonés y castellano narraciones y muy numerosas piezas breves cómicas de teatro, casi siempre ambientadas en Aragón y de fuerte sabor regionalista, a veces en colaboración con su amigo Pablo Parellada, también conocido por sus pseudónimos «Melitón González» y «Pancho y Mendrugo».

Por todo ello, quiero recordarle, como diría su hija Trinidad Casañal, “con uno de sus versos que más éxito ha tenido”: «El punchacico». Un texto, el cual no había sido publicado en Internet hasta hoy, que no tiene atisbo alguno de desperdicio y en el que, estando escrito en castellano, introduce varias palabras en aragonés:

¡Güelta a las andadas!
¡Güelta a las glarimas y a los suspiricos!
¡Siempre lloriquiando como una Malena,
con los ojos cachos y medio escondido
como el que tie miedo
de que le castiguen por algún delito!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¿No te da güervenza, tener a estas horas,
diez años cumplidos
y pasate la vida llorando
lo mesmo que un crío?
¡Mia que acobardarse
por que está hace días con un panadizo
en el dedo pulgar y a puncháselo
va a venir esta tarde el médico!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¡Mia tú, que afligirse
por un punchacico!
¿Qué se te figura, que tó en este mundo
se riduce a brincar por los riscos,
a buscar pájaros, a dormir en la era
y a correr, por la parva, en el trillo?
¡Aspera una miaja
que no tendrás frío!
Ahora estás aprendiendo a ser hombre,
ahora estás principiando el camino
y hay de ti si al andar por el mundo
te falta el anímo!
Hay que ser valiente. Si ahora te acobardas
por un punchacico,
¿qué harás cuando tengas blanca la cabeza,
negro el pensamiento y el cuerpo tullido,
por las privaciones, por los desengaños,
por las amarguras y por los martirios?
¿Qué harás cuando al tiempo de cojer la jada
se te queden los brazos dormidos
y al rezar se te olviden los rezos
que en la escuela aprendiste de niño?
¿Qué harás cuando veas
relucir en los campos los trigos
y al día siguiente
los encuentras tronchados y tendidos,
en los surcos que abrieron tus manos
y que en un menuto destruyó el granizo?
¿Qué harás cuando veas
que ese gusanico
que dentro del pecho
llevamos metido
va el tiempo robándole
toas sus esperanzas y tos sus cariños?
¡Mia que acobardarse
por un punchacico!
Hay que ser valiente.
Pa vivir en el mundo es preciso
golverse de piedra
como aquel castillo
que, en lo alto del monte,
premacene incansable en su sitio,
sin que le amilanen
ni el aire, ni el agua, ni el calor, ni el frío.
¡Hay que ser de piedra pa los desengaños,
pa las alegrías y pa los martirios!
No te asuste el morir. Cuando güelves
de la sierra, suando y rendido
con un fajo de leña en la espalda,
¿no te da gustico
dejar en el suelo la carga que llevas
y acostado a la sombra de un pino,
con los ojos clavados en el cielo,
quedarte dormido?
Pues eso es la muerte;
un descanso en metá del camino.
Una siestecica que echamos los hombres
cuando nos sentimos
cansados de la vida, pa dispertar luego,
con mayores juerzas y mayores bríos,
allá arriba, ande están esperándonos
tós los que se fueron, to los que quisimos.
Hay que ser valiente. Yo no hi llorau nunca.
¡Nunca!… Y he vestido
a tu madre muerta.
Y a tus hermanicos,
pa no volver nunca, camino de Africa,
desde esta ventana partir los hi visto.
Y estoy viejo y probe,
y la fiebre me tie consumido.
Y, ya ves, sin glarimas ni quejas
a sufrir y a luchar me resigno
¡y aún levanto los ojos al cielo
pa dar gracias a Dios, que ha querido
dejame con vida
pa hacer de ti un hombre valeroso y dino!
¡Basta de glarimas!
¡Basta de suspiros!
Devanta los ojos, que al mirar al suelo
no es de hombres enteros, si no de vencidos.
No te aflijas, ni tiembres, ni llores.
Eso es poca cosa pa lo que te espera.
¡Ahora estás principiando el camino!
Mentira me paice
que seas hijo mío.

Comments (7)

  1. ... dice:

    Tengo 83 años y esta poesía nos la recitaba la madre de una amiga al calor de un brasero de leña… tendríamos unos catorce años, recordaba algunos versos…y me ha emocionado leerla completa .Gracias por haberla publicado, pensaba que sólo existía en mi memoria.

  2. Félix Baltanás dice:

    y la palabra «medico» se acentua en la i, en aragonés. 🙂

  3. Félix Baltanás dice:

    ATENCIÓN: Qué maravilla pero CUIDADO, falta una línea al final del poema:

    «No te aflijas, ni tiembles, ni llores,… aunque te abra en canal el medico.»

    Gracias

  4. Blanca dice:

    Hoy me ha estado leyendo mi abuela «Los Amantes de Teruel» de Alberto Casañal, en un viejísimo ejemplar que tenía. Nos hemos reído mucho. Luego me ha hablado de un poema que leyó una vez sobre un punchacico y que nunca pudo conseguir. Acabo de imprimírselo de esta página. ¡Muchas gracias por publicarlo!

  5. Este es el primer poema que me encandiló cuando era un niño. Ahora, a los 62 años, mi madre de 94,sigue encandilándome cuando lo recita, de memoria, con un sensacional acento aragonés. Este último domningo de 2012 le tomé al dictado todos y cada uno de los versos del poema, pensando que en Intermnet seguía sin aparecer (hace tiempo lo busqué, sin éxito).
    Al terminar de transcribirlo, vi que ahora ya está en la red. Comprobé que mi madsre no se habia olvidado de una sola palabra. Es más, cuando le lei el texto publicado en esta web, corrigió alguna de ellas.
    En los numeros recitales que mi madre ha dado en su vida, con un extensísimo repertorio, «El Punchacico» ha tenido donde lo ha recitado un gran éxito.
    Felicitaciones por esta página!., desde Barcelona.

  6. Javier dice:

    Ayer precisamente contemplaba una foto de Alberto Casañal contemplando con mi abuela y sus hermanos el antiguo puente colgante sobre el río Gállego en Zaragoza. Mi abuela era también de San Roque y estuvo viviendo un tiempo en Zaragoza.

  7. Pingback: Bitacoras.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *