Pedro Ramón y Cajal, el ejemplo de las segundas oportunidades

“La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada” (José Ortega y Gasset)

pedro ramon cajal - Pedro Ramón y Cajal, el ejemplo de las segundas oportunidadesPedro Ramón y Cajal fue el hermano menor de Santiago, médico especialista en histología y anátomo-patología microscópica que obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas, quien también fue un reputado médico aragonés, nacido en la localidad oscense de Larrés, en 1854.

Ambos cursaron el bachillerato en Huesca pero, a sus quince años, a consecuencia de un suspenso al terminar el bachillerato, no se atrevió a presentarse en su casa, motivo por el que se fugó a Francia y se embarcó como grumete en Burdeos para llegar a Suramérica tras múltiples vicisitudes. Probó fortuna, en primer lugar, en Argentina y, tras ello, en Uruguay, donde se enroló en un bando revolucionario, llegando a ser secretario de un cabecilla insurgente. Al final, cayó prisionero de los vencedores y se libró de la muerte gracias a su juventud.

Debido a ello, regresó a Zaragoza, y se decidió a estudiar la carrera de Medicina, licenciándose en 1881 con la máxima nota, y doctorándose posteriormente en Madrid con una tesis que tuvo como tema: “Investigación de histología comparada de la visión en diversos vertebrados”. Al principio, ejerció como médico rural en los partidos de La Almolda (1881-85) y Fuendejalón (1885-88), pero como no se adaptaba bien a aquella vida, hizo oposiciones en 1889 a la plaza de director de trabajos anatómicos de la Facultad de Medicina de Zaragoza y, en 1894, a la Cátedra de Histología de la Facultad de Cádiz, donde desarrolló una gran actividad como investigador, y fue galardonado con el premio «Martínez Molina» por su estudio sobre “centros olfatorios y ópticos de los vertebrados”, realizados en colaboración con su hermano.

Otros de sus trabajos, si bien no alcanzaron el renombre de los de Santiago, fueron traducidos y comentados con elogio por las grandes figuras de la Histología europea, como Rudolph Albert von Kölliker, Heinrich Wilhelm Gottfried Waldeyer o Wilhelm His. Sobre todo, aquellos que hacían referencia a la polarización neuronal del encéfalo, constitución del fascículo longitudinal posterior o al bulbo olfatorio, entre otros.

Así, cuatro años después, por concurso de méritos, se trasladó a la cátedra de Ginecología de Zaragoza, que dirigió hasta su jubilación en 1925. Pero Pedro no sólo destacó en el terreno experimental y en el de la Ginecología, sino que también se ocupó de algunos procesos frecuentes y mal estudiados en nuestra patología regional, siendo fruto de ello sus trabajos sobre «fiebre ondulante» o «fiebres mediterráneas en Aragón». Además, estaba profundamente interesado por la Psicología experimental, el hipnotismo y el estudio de aquellos fenómenos que superan los límites de la conciencia, las ciencias metapsíquicas (telepatía, telequinesis, clarividencia, psicoquinesia, etc.), que por aquel entonces no tenían un significativo interés investigador.

Este gran personaje de la historia de Aragón, receptor de honores y distinciones sin desearlos ni pretenderlos que fue miembro de varias instituciones científicas nacionales e internacionales, escribió, con motivo del magno homenaje que le rindió la ciudad de Zaragoza cuando cumplió 96 años (dos meses antes de su muerte, ocurrida -tal día como hoy- el 10 de diciembre de 1950), la recordada frase «Los honores que he logrado han sido muy grandes; ser español, ser aragonés ser médico y ser hermano de Santiago», que recogía varias de las virtudes que él atesoraba, como son la humildad, la vocación, la serenidad, el cariño, el patriotismo o el aragonesismo.

    Bibliografía: Galán Bergua, P.: «Pedro Ramón y Cajal»; en Biografías aragonesas, Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1967, pp. 195-200. Horno Liria, R.: «Pedro Ramón y Cajal»; en Semblanzas de ginecólogos aragoneses, Zaragoza, Real Academia de Medicina, 1975, pp. 59-65.

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