Vladímir Maiakovski: Una bofetada al gusto del público ruso

«Yo quiero ser comprendido por mi país, pero si no soy comprendido, qué se le va a hacer, pasaré por la tierra natal como pasa la lluvia oblicua» (V. Maiakovski)

vladimir maiakovski - Vladímir Maiakovski: Una bofetada al gusto del público rusoHoy se cumplen 117 años del nacimiento de Vladímir Maiakovski (Владимир Маяковский), una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX y ‘padre’ del futurismo ruso, que fue un movimiento de vanguardia, relacionado con el futurismo italiano, que surgió en Rusia en los años previos a la Primera Guerra Mundial, y cuyo acto inicial se considera que coincide con la publicación, en diciembre de 1912, del manifiesto «Una bofetada al gusto del público«, firmado por los componentes del grupo «Hylaea», de San Petersburgo, Velimir Jlébnikov, Alekséi Kruchénij, David Burliuk y el propio Maiakovski.

Al igual que los italianos, los futuristas rusos estaban fascinados por el dinamismo, la velocidad y la inquietud de la vida urbana moderna, y buscaron deliberadamente causar escándalo y llamar la atención anunciando que repudiaban el arte estático del pasado. Según ellos, autores como Aleksandr Pushkin, León Tolstói y Fiódor Dostoyévski debían ser «arrojados por la borda del barco de la Modernidad», no reconociendo ningún tipo de líder o mentor literario. Incluso el propio Filippo Tommaso Marinetti, iniciador del futurismo en Italia, que viajó a Rusia en 1914 para hacer propaganda de su credo estético, fue abucheado por algunos futuristas rusos.

El tan controvertido artista escribió obras de teatro, guiones cinematográficos, canciones para el Ejército Rojo y para las instituciones del Estado obrero, participó en las batallas teóricas de los formalistas, diseñó afiches y otros objetos molestos. Y, tras pasar por la cárcel debido a su afiliación al Partido Obrero Socialdemócrata, editó poesía cuya reedición, en el año 1948, fue prohibida en Alemania por los estadounidenses pese a que estaba ya traducida, editada y dispuesta para la venta. No obstante, Maiakovski no lo pudo ver, ya que el 14 de abril de 1930, a las 10:15 de la mañana, se pegó un tiro en el callejón de Lubianski con el revólver que le había servido doce años antes para su papel en la película “No nací para el dinero”.

Y, para finalizar el artículo, incluyo un fragmento –el de las ‘exigencias’– del anteriormente mencionado manifiesto “Una bofetada al gusto del público”:

[…] Exigimos que se respeten los siguientes derechos de los poetas:

1. Ampliar el volumen de su vocabulario con palabras arbitrarias y derivadas.

2. Rechazar el odio invencible al idioma que existía antes de ellos.

3. Arrancar con horror de sus orgullosas frentes la corona de gloría de a centavo tejida de varas de abedul propias de los baños.

4. Tenerse de pie en la roca de la palabra “nosotros” en medio del mar de silbidos y ultrajes.

Y, si bien, por ahora persisten en nuestro verso las sucias huellas de su sentido “común” y “buen gusto”, ya también, por primera vez, brilla en ellos el Relámpago de la Nueva Belleza Futura de la Palabra Autosuficiente.

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