Basilio Paraíso: Un apasionado defensor de todo lo aragonés

basilio paraiso - Basilio Paraíso: Un apasionado defensor de todo lo aragonésEn este día, en que se cumplen ocho décadas de la pérdida humana de Basilio Paraíso, es importante recordar la historia de este oscense defensor de Aragón, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, que fue distinguido por la corporación municipal con el título de hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza por su destacada participación en la organización la Exposición Internacional Hispano-Francesa de 1908, conmemorativa del I Centenario de los Sitios.

Basilio Paraíso, nacido en Laluenga (Huesca) en 1849, siguió enseñanzas en el Instituto de Huesca, trasladándose posteriormente a Zaragoza con la intención de proseguir en ella sus estudios, pero bien pronto hubo de abandonarlos por necesidades económicas, motivo por el que comenzó a trabajar en distintos oficios hasta colocarse como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital aragonesa. Así, y aprovechando la libertad de enseñanza reconocida por la Revolución de 1868, obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana, aunque no era aquélla su vocación, ya que él estaba muy interesado por el mundo de los negocios, hecho por el que estableció, en el año 1876, un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos, creando para ello una sociedad –con Tomás Colandrea– conocida como La Veneciana, que adquirió en los últimos años del siglo XIX una notable proyección nacional que obligaría a la apertura de nuevos establecimientos en las ciudades de Madrid y Sevilla.

Defensor del ideario republicano desde su juventud, accedió a puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: Centro Mercantil y Cámara Oficial de Comercio y la Industria, llegando a la presidencia de esta sociedad en 1893, cargo que desempeñaría hasta 1919, en que presentó su dimisión, tanto por problemas de salud como por el hecho de haber fijado definitivamente su residencia en Madrid, aunque continuó como presidente honorario hasta el año 1930. Dos años más tarde, en 1895, intervendría, como accionista fundador, en la creación de la sociedad editorial Heraldo de Aragón, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal.

En la perspectiva regeneracionista ha de situarse la celebración de la Asamblea de las Cámaras de Comercio, en Zaragoza, a finales de noviembre de 1898, bajo la presidencia de Basilio Paraíso, coincidiendo de hecho con el Mensaje-Programa elaborado –ese mismo mes en Barbastro– por la Cámara Agrícola del Alto Aragón, de la que era presidente Joaquín Costa. Así, la convocatoria de una nueva asamblea por parte de la Cámara Agrícola del Alto Aragón en febrero de 1899, anunciaba el encuentro de las llamadas fuerzas vivas de la nación en un intento por coordinar y hacer más efectiva la acción regeneradora. Surgió así la Liga Nacional de Productores que al año siguiente, en Valladolid, se integraría con las Cámaras de Comercio, y se constituyó Unión Nacional, cuyo directorio compartirían Paraíso, Costa y Alba, y que significó –una vez decidida la participación de la nueva fuerza política en la lucha electoral– para Paraíso la obtención, en 1901, de un escaño en el Congreso de los Diputados.

En esta etapa inicial del reinado de Alfonso XIII se organizó en Zaragoza, el año 1908, la Exposición Internacional Hispano-Francesa conmemorativa del I Centenario de los Sitios. La destacada participación de Paraíso en la organización de este certamen fue premiada por la corporación municipal con su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, siendo designado paralelamente por el gobierno de la nación como senador vitalicio.

En la década de 1920, a pesar de su avanzada edad, continuó desarrollando una notable labor, principalmente en la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, y como vocal del Consejo Superior Ferroviario, sumada a continuos artículos y colaboraciones en la prensa madrileña. Enemigo de homenajes y condecoraciones, falleció en Madrid a la edad de 81 años, siendo durante toda su vida un ardiente defensor de todo lo aragonés, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, no considerando admisible el descuido que en las escuelas se tenía sobre la lectura y explicación de la historia aragonesa.

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