Alfonso III y su breve reinado de problemática gestión

«Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean» (Giulio Andreotti)

alfonso iii - Alfonso III y su breve reinado de problemática gestiónVía GEA | Alfonso III ‘el Liberal’, primogénito de Pedro III y Constanza II de Sicilia, accedió al trono de Aragón, tal día como hoy, hace 725 años, esto es, en 1285. Su corta gestión como rey estuvo mediatizada por dos problemas de gran importancia, a los que se dieron soluciones que, en modo alguno, fueron definitivas. Esos problemas pasaron por la posesión de Sicilia, entremezclada con la lucha por el equilibrio peninsular con Castilla, y la oposición de la nobleza aragonesa.

El dominio de Sicilia, donde Alfonso había gobernado antes de ser rey, desbordó el marco estrictamente aragonés, internacionalizándose al entrar en escena, por unas u otras razones, el pontificado, la casa francesa de los Anjou y los reinos de Francia, Castilla, Sicilia, Mallorca y Aragón. Antes de morir, su padre, Pedro III, había hecho prisionero al candidato pontificio para el trono de la isla, Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou. De ahí que los franceses, sus aliados, amenazaran el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad ésta que –con el valle aranés– cayó en manos de Felipe III de Francia. Esta invasión fue posible merced a la ayuda que el rey Jaime II de Mallorca, tío de Alfonso III, prestó a la coalición franco-pontificia, a cuyos ejércitos dejó pasar a través de los territorios que el reino mallorquín poseía en el Rosellón, al otro lado de los Pirineos. Por otra parte, Sancho IV de Castilla dejó desamparado al aragonés al no enviar los refuerzos previamente concertados.

Como réplica, Alfonso III invadió las Baleares, mientras los franceses eran derrotados en Panissars. Y, en la lucha interna por el trono castellano, se puso de parte del infante Alfonso de la Cerda, a quien proclamó en Jaca como rey de Castilla, a la vez que atacaba militarmente a Sancho IV, tras haber concretado un tratado de amistad con los benimerines. En compensación, Alfonso de la Cerda cedía a Alfonso III el reino de Murcia, cesión que nunca llegó a ser efectiva. Y Carlos de Salerno fue liberado a condición de su renuncia al trono siciliano en favor de Jaime, hermano de Alfonso III, quien, poco después, sería su sucesor en Aragón con el nombre de Jaime II. Ante la imposibilidad de tomar Sicilia, defendida por el futuro Jaime II, el papa buscó una solución pacífica al problema con Alfonso III, llegándose a la firma del Tratado de Tarascón (1291), solución no definitiva, de ahí que poco después se tuviera que sellar el Tratado de Anagni (1295).

Por otra parte, la oposición de la nobleza aragonesa al rey fue un episodio más de la vieja lucha entre la monarquía y los nobles aglutinados en la Unión Aragonesa, que, con el pretexto de que Alfonso III se había proclamado rey antes de jurar los Fueros de Aragón, se le opusieron militarmente y amenazaron con entregar la corona a Carlos de Valois. Alfonso III tuvo que ceder otorgando el conocido Privilegio de la Unión.

Alfonso III, tras escasos seis años de intenso reinado, moría en 1291 antes de casarse con Leonor de Inglaterra, dejando el trono a su hermano Jaime de Sicilia, desde ese momento Jaime II de Aragón.

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