María Agustín: Recordando a la heroína de los Sitios de Zaragoza

«Puede ser un héroe tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate» (Thomas Carlyle)

maria agustin - María Agustín: Recordando a la heroína de los Sitios de ZaragozaTal día como hoy, hace 226 años, nació en Zaragoza la heroína de los Sitios María Agustín, un personaje histórico con escasa documentación, a excepción de dos breves biografías que pueden obtenerse, amén de alguna otra publicación, en el libro “Héroes de los Sitios que tienen calle (y sus biografías)”, de José Blasco Ijazo (La Cadiera, 1959), y en un texto Nuria Marín Arruego en el número 25 de “Cuadernos de Aragón”, editado por el Instituto Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, y que puede obtenerse –por 12 euros– a través de su tienda virtual.

Y es éste último texto público, el de Nuria Marín, el que quiero incluir hoy en recuerdo de esa mujer a la que cada día recordamos con ese Paseo zaragozano que va desde la Puerta del Carmen hasta la Plaza de Europa:

“María Agustín nació el 13 de Abril de 1784. Hija de Antonio, natural de Bádenas, y de Catalina, nacida en Rueda de Jalón. Matrimonio de extracción muy humilde, afincado en la parroquia de San Gil donde bautizaron a María, su única hija.

A muy corta edad, la economía familiar la obliga a buscar techo y comida, a cambio de sus servicios, en una casa de la populosa barriada de San Pablo, donde conocerá a Pedro Roncal, mozo quien, al igual que ella, trabaja en calidad de criado.

El 12 de mayo de 1805, Pedro y María contraen matrimonio, instalándose en una casa de la calle Serón (Parroquia de San Gil), donde les sobrevendrán los terribles acontecimientos de la guerra.

Durante la misma, en el primer sitio, María participa activamente en labores de logística, abasteciendo a los patriotas, en los puestos de combate, de munición, comida, bebida y cuanto pudieran precisar. Será ejerciendo estas tareas y sobrepasando La Puerta del Carmen (en lo que hoy conocemos como Paseo de Mª Agustín) donde recibirá una herida en el cuello, de graves consecuencias. Ni el dolor ni la abundante sangre que manaba de su herida fueron motivo suficiente para hacer desistir de sus obligaciones a la joven heroína que continuó su cometido con admirable valentía.

Nada volvemos a saber de ella hasta localizarla entre las aspirantes a un dinero que el Secretario de la Embajada Británica, Mr. Charles Vaughan, lega a la condesa de Bureta para que esta, a su vez, lo distribuya entre los heridos, viudas y huérfanos de la guerra. En este documento, figura, entre una interminable lista, María Agustín, impedida de un balazo. El reparto se hace mediante un escrupuloso sorteo en el que María no resulta afortunada.

Será el general Palafox, en 1815, quien, atendiendo a los servicios prestados, le concederá la gracia de una pensión, consistente en dos reales diarios, y el Escudo de Distinción, concerniente al primer sitio. Añadamos a lo expuesto que, María Agustín, fue la única zaragozana inválida de guerra o «impedida de un balazo». La bala que le alcanzó el cuello le dejó inútil el brazo izquierdo, quedando, por tanto, inhabilitada para el trabajo.

En 1819, tras una larga enfermedad, muere Pedro Roncal. Pasados seis años, María contrae segundas nupcias, esta vez con Antonio Guisan. Ambos se trasladan a la Torre de Postas de Alagón, donde se les proporciona trabajo y alojamiento. Será este su último destino, ya que, María, fallece, con más pena que gloria, un 22 de noviembre de 1831, a la edad de 48 años. Su partida de defunción, dice, entre otras cosas: «No dejó hijos, no hizo testamento; enterrada como pobre de solemnidad en el fosal de San Pablo»”.

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