«Estaré donde menos lo esperes» (Mario Benedetti)

Ayer, a la edad de 88 años, falleció el escritor uruguayo Mario Benedetti en su domicilio de la capital uruguaya (Montevideo).

mario benedetti - "Estaré donde menos lo esperes" (Mario Benedetti)Siendo todo lo que fue Mario Benedetti —taquígrafo, vendedor, cajero, contable, traductor, librero, funcionario y periodista— no podía ser de otra forma su obra, marcada por el amor, la solidaridad y, a medida que pasaba el tiempo, por la muerte. Se atrevió con el cuento (Montevideanos, Recuerdos olvidados, Despistes y franquezas), la novela (La tregua, Gracias por el fuego, El cumpleaños de Juan Angel), el ensayo (‘El desexilio y otras conjeturas’), el teatro (Pedro y el Capitán) y la crítica literaria. Aunque la poesía (Sólo mientras tanto, Poemas de la oficina, Viento del exilio) fue siempre su verdadera pasión, con la que se sentía más él mismo. Cantautores como Nacha Guevara, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Luis Pastor o Pablo Milanés hicieron suyos, a través de la música, los versos cargados de compromiso político y social del poeta uruguayo.

Quizá fue esa manía suya de mantenerse fiel a sus ideas políticas y tratar temas sociales lo que le generó el aplauso del pueblo y le privó de los mayores reconocimientos literarios. El mismo Benedetti sabía que la etiqueta de ‘autor comprometido’ fue utilizada por algunos para ningunear otros aspectos de su obra. Y, aunque para él su galardón más importante era tener lectores, en España su trabajo fue reconocido con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999; así como también recibió, en 2001, tras superar una dolencia cardiaca, el premio iberoamericano José Martí y el Premio Internacional Menéndez Pelayo, en 2005.

Su última obra publicada, el poemario Testigo de uno mismo, fue presentada en agosto del año pasado. En esta obra presentía ya el final de sus días, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz (su esposa, fallecida en 2006 tras 60 años de matrimonio). «Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo», decía Benedetti.

Y, para terminar, quiero dejar otras palabras, una despedida más bien, del final de su poema Chau número tres, en el que reflexionaba sobre la relatividad de la ausencia y dejando, con su pluma, una forma romántica de entender la vida… y la muerte:

«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (…) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas, este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (…)».

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