La capitulación de Zaragoza cumple hoy dos siglos

Hoy hace 200 años de la capitulación de Zaragoza en los Sitios de Zaragoza. Un 20 de febrero de 1809 en el que, comprobada la imposibilidad de continuar resistiendo, una representación de la Junta Suprema de Zaragoza acude al cuartel general del Mariscal Lannes para negociar los términos de la capitulación. Al día siguiente, ratificadas las condiciones por el resto de la Junta, la ciudad capitula pese a que, sin embargo, en el documento original queda tachado el término «capitulación».

Y en este día tan trascendente del devenir de nuestra ciudad, la Fundación Zaragoza 2008 ha publicado este mes el número 12 de su revista tratando este asunto. Por ello, he considerado fundamental incluir aquí el elaborado artículo de su director, Jesús Ángel González-Isla, para conocer aún más detalles de lo ocurrido en aquellos tiempos, historia de nuestra inmortal Zaragoza:

«El día 18 de febrero de 1809, la resistencia zaragozana daba sus últimos estertores. Después de batir el Arrabal con más de 60 piezas de artillería, las tropas francesas, bajo la atenta mirada del propio Lannes, consiguen penetrar los muros de sus conventos en una feroz lucha cuerpo a cuerpo. Seis piezas de 24 libras impiden con su constante cañoneo sobre el puente de Piedra la llegada de refuerzos desde la ciudad. El barón de Warsage caerá mortalmente herido en uno de esos intentos.

Al final, el Arrabal se rinde. Con su caída la ciudad pierde cualquier esperanza de recibir ayuda exterior. Al mismo tiempo, las fuerzas francesas, después de haber hecho saltar dos enormes minas, consiguen atravesar el Coso a la altura de la Magdalena y la Universidad. Palafox, enfermo desde el día 16, es evacuado debido al constante bombardeo resignando el mando en la Junta Suprema presidida por Pedro María Ric. El desánimo y el terror se unen al hambre y a la enfermedad.

Reunida la Junta el domingo 19 al mediodía, recibe de los diferentes jefes militares los informes sobre el estado de las defensas. El resultado es desolador. Sin prácticamente pólvora, con tan sólo 3.000 hombres en condiciones de luchar y sin esperanza alguna de refuerzos, la Junta acepta por 26 votos frente a 8 iniciar las negociaciones para la capitulación. El día 20, Lannes escribe a Napoleón un detallado informe de la caída del Arrabal en la que hace referencia a la remisión de un parlamentario de parte de Palafox. En un momento determinado de la redacción, la carta se detiene para anunciar: Zaragoza me envía en este instante una diputación para rendirse.

A este respecto escribe Casamayor en su diario: Hoy llegó Zaragoza al alto grado de heroicidad y sufrimiento, pues habiendo sufrido con el ánimo más constante un diluvio de bombas, granadas y balas rasas y no teniendo ya otro recurso, reunidos sus vocales, mandaron un parlamentario pidiendo 24 horas de tregua al general francés, cuya respuesta fue de que, no capitulando dentro de dos horas, iba a entrar atacando y a discreción, y como no se le contestó empezó el más terrible bombardeo y cañoneo que se había oído en todo el sitio, pues en ese corto espacio de tiempo que fue de 3 a 5 de la tarde arruinaron muchísimas casas y causaron infinitas muertes […]. [La Junta] hizo poner bandera parlamentaria en la Torre Nueva con cuya novedad cesó inmediatamente aquel fuego tan infernal y furioso y se presentó un oficial francés.

La Junta, hacia la Casa Blanca
No hay acuerdo, según las fuentes, sobre el desarrollo horario de los hechos. Por las memorias de un oficial español –Manuscrito de las memorias del brigadier D. Agustín Arredonda (1814)–, conocemos que sería a las dos de la tarde del día 20 de febrero cuando un comandante de artillería francés comunicase a la Junta la convocatoria del Mariscal Lannes en un plazo de dos horas. Coincide con Casamayor en que, en ese lapso de tiempo, se desencadenó un violento bombardeo sobre la ciudad, y en que la representación de la Junta, escoltada por la infantería francesa, se dirigió finalmente a la Casa Blanca en las esclusas del Canal, sede del cuartel general francés. Esta apreciación de tiempo coincide con el escrito literal del acta de capitulación. En ella, el escribiente del mariscal, con una caligrafía rápida y segura, escribe en el preámbulo: [la Junta] s’est presentée le 20 fèvrier à 4 heures après midi au quartier General de Sa Excellence Monseigneur le Marechal Duc de Montebello pour lui offrir le rendire la ville de Saragosse.

De acuerdo con el documento original de la capitulación, la representación de la Junta que acude a la Casa Blanca estaba compuesta por los siguientes personajes: D. Pedro María Ric, D. Juan de Butler, el Duque de Villahermosa, el Marqués de Fuente Olivar, el barón de Purroy, Mariano Domínguez, D. Joaquín Ignacio Escala, D. Miguel Dolz, D. Mariano Cerezo y D. Manuel Forcien.

Comienzan las negociaciones
Es pues a las cuatro de la tarde del día 20 de febrero cuando se inician unas negociaciones que, en realidad, serán imposiciones de la capitulación. Todo el proceso será rápido. Entre la comparecencia, las discusiones que con detalle relata Pedro María Ric, la redacción de los dos ejemplares del acta y la firma por parte de los comparecientes no transcurren más de tres horas. Ese día 20 escribe Lannes al General Visón de Tudela: Sr. General, Zaragoza se ha rendido esta tarde a las siete. Mañana al mediodía nuestras tropas entrarán en el castillo [la Aljafería] y ocuparán todas las puertas de la ciudad, así como el Coso.

El escrito de la capitulación, conservado en los Archivos Nacionales Franceses, consta de dos folios escritos por las dos caras. Las tres primeras contienen once artículos que componen las condiciones impuestas por Lannes, junto con su firma y la de la representación de la Junta anteriormente descrita, en tanto que la cuarta, con una tinta distinta y una escritura más gruesa, recoge la ratificación por el resto de miembros de la Junta, con sus firmas.

El texto de la capitulación es sumamente conocido por las diferentes transcripciones realizadas en fechas bien cercanas, ya por Casamayor, ya por el propio Pedro María Ric o por la publicación en la Gazeta; lo que no se conoce es un detalle sumamente significativo que revela la intención de una y otra parte en unos momentos tan críticos.

En el texto de ratificación por parte de la Junta aparece la siguiente cita: Vista la precedente capitulación por la Junta Suprema de Gobierno, la aprueba, confirma y ratifica. Zaragoza 21 de febrero de 1809. Siguen las firmas de 32 miembros de la Junta, incluidas las de Sas, Boggiero, Sanclemente y Cerezo.

Pues bien, en el documento original correspondiente a la copia francesa aparece tachada, con presumible rabia, la palabra capitulación. Un término que los defensores zaragozanos pretendían incluir y que Lannes nunca admitió ya que, en su opinión, se trataba de una rendición en toda regla. El propio Ric relata que cuando regresa (¿de madrugada?) al cuartel general francés con la ratificación de la Junta y hace observaciones al documento, le acomete al mariscal Lannes un ataque de furia que le lleva a arrojar al fuego la copia española, que es rescatada in extremis por un general francés.

El día 28 de febrero insiste Lannes en este particular de la capitulación, que ciertamente parecía obsesionarle. En una carta dirigida en esa fecha al gobernador militar le ordena: Mantengo expresamente que la palabra capitulación no sea pronunciada en ningún caso. Se hará mención, al contrario, de que la ciudad de Zaragoza se ha rendido a discreción.

Sin derecho a una capitulación honorable
A los zaragozanos, exhaustos y agotada toda su capacidad de resistencia, Lannes les negaba, incluso, el derecho a una capitulación honorable. El 29 de mayo, el vencedor de Zaragoza fallece de resultas de una bala de cañón recibida en la batalla de Essling. El Emperador mandó inscribir su nombre en el Arco del Triunfo».

Comments (2)

  1. M. Ángeles Barrio dice:

    ¿ quien pinto el cuadro sobre la Capitulación de Zaragoza? Gracuas

  2. Ana Romeo Zaragozano dice:

    Desde que era pequeña siempre me habia atraido de una manera especial esta parte de nuestra historia. Impresionada siempre por los cuadros y grabados de Goya, y ahora con todo lo que he leido y las exposiciones que he podido visitar estos dias atras en Zaragoza. Lo que siento es algo muy especial, como si hubiera vivido en aquellos dias. Lo que hizo toda esa gente fue admirable en todos los sentidos, y lo siento por los franceses, puede que al final lograran «vencer» a Zaragoza, pero en el fondo Zaragoza nunca fue vencida, y este sentimiento de valentia y nibleza siempre permanece en nuestros corazones. No se lo que sentiran los francesese cuando leen esta parte de su historia, pero a mi me daria vergüenza por que todo lo que hicieron no tiene nombre. La historia nunca se deberia escribir con capítulos de este tipo, por que siempre hay gente que sufre mucho y vencedores que se aprobechan de la situación de los débiles.
    Un saludo

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