Eran las nueve en punto de la mañana…

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco do la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

«Llanto por Ignacio Sánchez Mejías»
Federico García Lorca

Comments (3)

  1. «La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz».

    Thomas Mann

  2. «…No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
    que la boca podrida sigue pidiendo agua.
    No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
    ni de la luna con boca de serpiente
    que trabaja antes del amanecer.

    Quiero dormir un rato,
    un rato, un minuto, un siglo;
    pero que todos sepan que no he muerto;
    que haya un establo de oro en mis labios;
    que soy un pequeño amigo del viento Oeste;
    que soy la sombra inmensa de mis lágrimas…».

    De la «Gacela de la muerte oscura»
    Federico García Lorca

  3. Alicia Ruiz dice:

    «Pero el llanto es un perro inmenso,
    el llanto es un angel inmenso,
    el llanto es un violin inmenso,
    las lágrimas amordazan al viento
    y no se oye otra cosa que el llanto».

    De la «Casida del llanto»
    Federico García Lorca

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.