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“La Universidad saca a la luz todas las capacidades, incluida la incapacidad” (Antón Pávlovich Chéjov – Антон Павлович Чехов)
Hace exactamente una semana, recordaba en este espacio a Pedro Cerbuna Negro, quien fuera fundador de una Universidad de Zaragoza que, si instituida por privilegio de Carlos I el 10 de septiembre de 1542, no llegó a ser una realidad hasta el 24 de mayo de 1583. Y hoy, en el día que se cumplen 656 años de su creación, es necesario recordar a la Universidad de Huesca, suprimida en el siglo XIX, que data del 12 de marzo de 1354, aunque no recibió la confirmación pontificia y la reglamentación académica correspondiente hasta el siglo XV.
Dicha constitución fue declarada –en Alcañiz– por el rey Pedro IV ‘el Ceremonioso’ de Aragón, pese a subsistir la prohibición dictada por Jaime II ‘el Justo’ –al crear el Estudio de Lérida que otorgaba exclusividad a esa ciudad– de fundar nuevas Universidades en la Corona de Aragón. Y, a pesar que Huesca –en tiempo de Sertorio (122 a.C. – 72 a.C.)– dispuso de una Academia de Latinidad, en el documento fundacional de Pedro IV no se alude a la tradición de los clásicos estudios latinos de la ciudad. No obstante, con el tiempo, la Universidad oscense recordaría en su nombre aquel precedente, titulándose «Universidad Sertoriana». En cambio, dicho documento sí insistió en dotarla de los mismos privilegios que disfrutaban las Universidades de Toulouse, Montpellier y Lérida.
Los estudios de Teología fueron los preeminentes en la Universidad oscense, y el mecenazgo y gobierno pertenecían a los jurados de la ciudad, que pagaban los salarios de los profesores contratados. Así, para ello, la ciudad impuso un descuento especial de un óbolo en libra de carne que se vendía en Huesca. Pero los estudios decayeron pronto y fue preciso llegar al año 1450 para encontrar un nuevo impulso, dado por Juan II ‘el Grande’ de Aragón y avalado por bula de Paulo II en 1465, que recogían las concesiones primitivas decretadas por Pedro IV de Aragón. Un impulso del renacimiento universitario oscense en el que el Rey, el Concejo de la ciudad y el obispo Antonio de Espés fueron sus principales mecenas.
Pronto, Huesca suscitó oposición fuerte por parte de la Universidad de Lérida y ambas se negaron al reconocimiento de sus respectivos títulos y grados. En tanto, y a lo largo del siglo XVI, se instalaron sus enseñanzas en una parte del viejo Palacio Real, cedido por Felipe III ‘el Piadoso’; una época en la que se sucedieron rectores con inusitada frecuencia, mostrando inestabilidad del gobierno universitario que pasó apuros económicos, obligando a la supresión de festejos tradicionales para aplicar los fondos a reparaciones imprescindibles de sus instalaciones y adquisición de libros. En 1537 se dictaron nuevos estatutos –redactados en latín–, se reglamentó el reparto de los derechos obvencionales por expedición de títulos entre el Rector y el área de la Universidad, y se estableció un consejo general integrado por todos los doctores que residían en la ciudad de Huesca.
Pero, sin duda, un año importante para la Universidad de Huesca fue el de 1585, tras una visita promovida por el rey Felipe II ‘el Prudente’, pues se reformó la provisión de las cátedras, estableciendo el sistema de concursos con una lección pública desarrollada ante bachilleres y estudiantes que, al menos, llevaran tres años cursados.
La Guerra de Sucesión (1701–1713) tuvo repercusiones en la Universidad oscense, y se conoció la nómina de rectores del siglo XVIII. En esos tiempos, y hacia 1723, se instauró una nueva reforma y, en medio de algunos años de decadencia, se aceptaron reformas introducidas por Carlos III; pero, ya en el siglo XIX, con motivo de las novedades educacionales, la Universidad Sertoriana fue clausurada en 1845. Desde 1850, se pensó en crear un museo aprovechando los fondos universitarios, en cuyo proyecto destacó la iniciativa del pintor y erudito Valentín Carderera, que donó gran parte de su colección privada y, en junio de 1873, se inauguraba oficialmente. Más tarde, en 1968, el Museo Provincial de Huesca pasó a ocupar las dependencias de la antigua Universidad y, en 1993, se emprendió una nueva reforma del museo, que fue renovado en profundidad y reinaugurado en 1999.
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12 de Marzo de 2010
“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad” (Ernest Hemingway)
Hoy es un día muy especial para la Universidad de Zaragoza pues, tal día como hoy, en el año 1597, falleció en Calatayud (Zaragoza) el hijo de Juan Cerbuna y de Leonor Negro, una de las personalidades más destacadas de la decimosexta centuria, uno de esos hombres útiles que nuestra tierra aragonesa produce y cuya labor, escapándose de una tarea puramente teórica, alcanza su fama con la realización de una obra bien hecha y perdurable, en este caso el de la propia Universidad, que, si fundada por privilegio de Carlos I el 10 de septiembre de 1542, no llegó a ser una realidad hasta el 24 de mayo de 1583, gracias a la infatigable labor del que fuese Obispo de Tarazona y administrador apostólico de Calahorra, esto es, Pedro Cerbuna Negro, a quien corresponde –con pleno derecho– el título de fundador de la Universidad cesaraugustana.
Cerbuna, nacido en Fonz (Huesca) en el seno de una familia hidalga, fue un hombre dotado de grandes cualidades morales e intelectuales, entre las que conviene destacar su tenacidad y humildad. Este ribagorzano alcanzó la ordenación sacerdotal en Lérida en 1564, tras estudiar en Huesca, Valencia, Lérida y, finalmente, Salamanca, donde alcanzó su doctorado en Teología, un ańo antes de su ordenación sacerdotal. Paralelamente a sus triunfos académicos, se abrió para este sacerdote una gran carrera eclesiástica: profesor de Teología en el seminario y vicario general de la diócesis de Lérida entre 1563 y 1575; canónigo penitenciario y visitador de la diócesis de Huesca entre 1575 y 1583; canónigo y vicario general del arzobispado de Zaragoza de 1583 a 1585, alternó sus servicios eclesiásticos con la tarea universitaria fundacional.
Tras ello, presentado por Felipe II para el obispado de Tarazona, fue consagrado como prelado de la diócesis de San Atilano el 24 de noviembre de 1585, haciendo su entrada en su diócesis muy poco después. Allí fundó un colegio de jesuitas, bajo la advocación de San Vicente mártir, y el seminario, dedicado a San Gaudioso. Sixto V lo nombró administrador apostólico de Calahorra, cargo que aceptó por pura obediencia.
Bibliografía: Jiménez Catalán, Manuel y Sinués y Urbiola, José: “Historia de la Real y Pontificia Universidad de Zaragoza”; Zaragoza, 1933-37.
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5 de Marzo de 2010
El pasado lunes, día 3, dio comienzo el curso “Conservación y renovación: reflexiones sobre arquitectura contemporánea”, comprendido en la cuarta edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Zaragoza, que está teniendo lugar en la localidad oscense de Jaca.
En dicha materia, tal y como se puede leer en la información de su programa (pdf), “se están abordando los problemas derivados de la conservación de la arquitectura contemporánea, entendida desde un amplio concepto, inmersa en la continua renovación de la ciudad”. Y, sigue, “la necesidad de preservar y restaurar un valioso patrimonio cultural induce al análisis de intervenciones modélicas frente a otras desafortunadas, incluso denunciando derribos que han ocasionado no sólo irreparables pérdidas sino la transformación irreversible de la imagen histórica de algunas urbes, mientras las tendencias más avanzadas e innovadoras se incorpora a este nuevo escenario de la ciudad del siglo XXI, precisamente en un momento en que la capital aragonesa se prepara para celebrar una Exposición Internacional en 2008”.
Entre los ponentes de ayer, día 4, se encontraba Domingo Buesa, en calidad de Catedrático de Geografía e Historia, que ofreció a los asistentes una conferencia sobre “San Juan de la Peña como identidad aragonesa”.
Domingo, en su bitácora, ha añadido un post en el que nos manifiesta sus sensaciones sobre estos ciclos veraniegos y, como no, nos brinda una breve disertación a cerca de su histórica -cada cual que lo perciba como se le antoje- intervención.
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5 de Julio de 2006
El Partido Popular ha conseguido salvar la Torre de Santa Engracia (Movera), patrimonio natural y cultural de la ciudad, que el Ayuntamiento de Zaragoza quería ceder, gratuita y longevamente, a la Universidad Privada ‘San Jorge’.
Tras conocer las críticas del grupo municipal del PP, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, ha condicionado la cesión de la Torre al acuerdo con la oposición municipal.
El resto de partidos (IU y PAR) se han sumado a la iniciativa del Partido Popular, pues consideran que es desmedido ceder un edificio catalogado a una universidad privada durante 49 años sin que la ciudad reciba ningún tipo de compensación a cambio. Además, el Partido Aragonés ha añadido la necesidad de lograr beneficios para la ciudad.
Una vez más, los populares_ han conseguido preservar un patrimonio en favor de la ciudad, pese a las sandeces del muy diabólico Trasobares, que crearía un importante precedente. Y, más aún, cuando Aragón cuenta ya con tres escuelas de hostelería de renombre en Miralbueno, Teruel y Huesca.
Aún así, Domingo Buesa, portavoz del grupo municipal popular en el Ayuntamiento, ha querido dejar claro en su bitácora que “nosotros no nos negamos a que la Universidad privada de San Jorge pueda tener una ayuda municipal en cuanto al espacio en el que se ubiquen sus aulas. Hemos recibido a sus responsables máximos, a los señores Lostao, Escalante y Torres, y se lo hemos explicado con detalle para evitar una vez más las mentiras de algunos miembros del equipo de gobierno municipal PSOE-CHA”.
Estoy plenamente convencido que hay lugares excelentes o, mejor dicho, más acordes para la instalación de una escuela de hostelería privada que un espacio público, histórico y de gran riqueza cultural para los zaragozanos.
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25 de Junio de 2006
La decisión del alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, de ceder la Torre de Santa Engracia, durante 49 años y sin ningún tipo de contraprestación, a una entidad privada, la Fundación Universidad Privada de Aragón (Universidad San Jorge), es el último de los disparates de un personaje que, al estilo del Rey Midas, todo lo que toca se convierte en oro ilegalidad.
Esta construcción, relacionada con los héroes de Los Sitios (se ha asegurado que sirvió de posada a Agustina de Aragón cuando iba camino de la Torre de La Alfranca -Pastriz-), está situada en Movera, y se remonta al año 1470, fecha en la que el edificio era propiedad de los Reyes Católicos. A principios del siglo XVIII fue donada a los monjes Jerónimos de Santa Engracia, que la usaron como casa de reposo hasta 1808, y de quienes recibió el nombre. Con la desamortización, a principios del siglo XIX, pasó a manos de particulares, hasta 1970, momento en que fue adquirida por el Ayuntamiento de Zaragoza.
Pero, por si la gratuita cesión de este histórico espacio fuera poco, el líder de los populares_ zaragozanos, Domingo Buesa, ha dado a conocer que el protocolo de intenciones incluye la recalificación de la huerta anexa a la propiedad, pese a que los terrenos rústicos están protegidos, lo cual supone una “ilegalidad” patente, tal y como presentó en las alegaciones al protocolo firmado.
Las intenciones del líder municipal socialista son tan negativas para la ciudad que tanto Izquierda Unida como Partido Aragones se han sumado a un carro, liderado por el Partido Popular, que las rechaza con total rotundidad.
Mientras tanto, el edil Becerril, que no por negado deja de ser pareado, ha comentado que el consistorio podrá utilizar sus instalaciones “todos los días que lo necesite”, algo que habrá que recordarle todos los días que lo necesite
. Además, ha añadido que el convenio “da poco a Zaragoza a cambio de mucho”, ¿o era al revés?
Si Atila levantara la cabeza… la volvería a esconder al encontrarse ante la perversa autoridad del señor Belloch I, Rey de los Ceros (en gestión).
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21 de Junio de 2006