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Tal día como hoy, en el año 1792, se fundó la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que actualmente preside el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, gracias a la labor del Conde de Aranda, quien obtuvo, tras 38 años continuos de razonadas peticiones de sus sobrinos Vicente y Ramón Pignatelli y Moncayo (hijos de los condes de Fuentes), el deseado Real Decreto de Carlos IV, gracias también al apoyo de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, fundada en 1776.
Por ello, en este día tan especial para sus señores académicos y para toda la sociedad zaragozana y aragonesa, publico a continuación un texto de Adolfo Castillo Genzor, académico de San Luis desde el 20 de noviembre de 1955 hasta el día de su fallecimiento en Zaragoza el 8 de octubre de 1988, cuyo libro editó la propia Real Academia en su CLXXXVIII aniversario, en 1980, correspondiente al apartado «Síntesis histórica»:
«La creación –en 1749– de la Real Academia de San Fernando, cuya apertura tuvo lugar en Madrid en 1752, fue el antecedente inmediato del establecimiento en Zaragoza de la Real Academia de San Luis. Mas para ésta no se presentaron las cosas tan fáciles como para la Corporación madrileña. Por lo pronto, hubo de sufrir antes un largo calvario de desdenes, de rechazos, que da principio en 1754, año en que el nombre zaragozano Vicente Pignatelli Moncayo, hijo de los condes de Fuentes, alcanzó del obnubilado y triste Fernando VI la regia licencia para organizar, y presidir, una a modo de junta preparatoria de la pretendida Academia, junta que tropezó con toda suerte de imponderables, disolviéndose al cabo de no mucho tiempo sin haber logrado nada práctico, supuesto que su entusiasmo inicial se hizo trizas ante la renuente actitud de los ministros fernandinos, cuya fobia contra Aragón neutralizó la buena disposición del monarca.
Igual resultado tuvo una segunda intentona, realizada diecisiete años después por otro Pignatelli –Ramón–, quien fracasó en 1771 por la misma causa que su hermano Vicente: el deseo de Floridablanca de hacer a Zaragoza víctima de más desplantes de metomentodo.
Más afortunado fue el tercer envite fundacional, patrocinado por el Conde de Aranda, que triunfó donde fueron vencidos sus sobrinos Vicente y Ramón, de tal suerte que pese a la oposición declarada de Floridablanca logró arrancar de Carlos IV, en 17 de abril de 1792, el suspirado decreto de fundación de la «Real Academia de las tres Nobles Artes de San Luis», conseguido al cabo de 38 años continuos de razonadas peticiones, de súplicas constantes.
En el largo intervalo transcurrido entre lo pretendido por los Fuentes y lo que Aranda conquistó para Zaragoza se produjeron en la capital aragonesa dos hechos importantes. De una parte, la fundación de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, en 1776; de otra, la de la nueva Escuela de Dibujo, que la expresada Entidad puso bajo los auspicios y dirección de su socio benemérito don Juan Martín de Goicoechea, Caballero de Carlos III y propulsor que fue de la industria textil zaragozana, quien halló acomodo decente y capaz para la Escuela en las salas bajas del palacio renacentista de los Zaporta, sito en la calle Alta de San Pedro, en el que residió no mucho antes María Teresa de Vallabriga y Drumond, viuda del Infante don Luis de Borbón y Franesio, hermano menor del rey don Carlos III. Por su gran patio plateresco, vendido al extranjero y rescatado al cabo de cincuenta y cinco años por el mecenazgo de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, se fueron habituando los alumnos de la Escuela tutelada por la Económica al quehacer artístico de los artífices más ilustres del Quinientos aragonés. Semilla y cimiento, en lo escolar y docente, de la Academia de San Luis, ésta no hubiera nacido sin la previa natividad de aquélla, cuyos profesores y alumnado quedaron encuadrados en la Real de San Luis, al inaugurar sus actividades el 11 de abril de 1793.
Se impartieron desde entonces en sus aulas las enseñanzas de Pintura, Arquitectura, Escultura y Grabado, a nivel parejo con la Academia de San Fernando, con la cual tenía relación de hermandad y reciprocidad, por funcionar ambas a nivel de las Escuelas Superiores de Bellas Artes. La de San Fernando lo conserva todavía. En cuanto a la de San Luis fue Isabel II la culpable de la peor injuria hecha al Arte y a la Cultura de Aragón, al desmontar su labor pedagógica en virtud de un real despacho que lleva la fecha de 31 de octubre de 1849. Un ministro de Fomento isabelino –Seijas– sería el verdugo que ajustició a la Real Academia de San Luis como órgano rector de cultura artística superior. Otra real disposición, la del 17 de mayo de 1850, se completaría con una tercera, la del 13 de agosto del mismo año, con respecto al número «clausus» de académicos, y también a su distribución en secciones, innovación ésta que todavía continúa, aunque con acusadas diferencias de matiz y de contenido.
En un principio, y al nacer la Academia a la sombra, y como hijuela, de la Real Sociedad Económica Aragonesa, los socios de ésta la rigieron y gobernaron, nutriendo las filas de la de San Luis como miembros de honor muchos de ellos, aunque no todos, ya que para acceder al rango académico era precios acreditar antes «ser persona de distinguido carácter, amor a las Artes y celosa del bien público». Su número, por tanto, era variable, repartido en dos clases o compartimientos. Los académicos de honor, ya dichos, y los de mérito, elegidos entre los profesionales de las Bellas Artes de reputación más lograda.
La reforma de 1850 redujo los cuadros académicos a veintitrés individuos tan sólo, repartidos en dos grupos numéricos iguales, con cuatro secciones, presididos por un director y dos consiliarios. Los diez eruditos formaban sección propia, y los profesionales, también en número de diez, se repartían las demás secciones de pintura (5), escultura (2) y arquitectura (3).
La precedente estructuración se mantendría sin variación alguna notable hasta la aprobación de los Estatutos vigentes, por decreto de 26 de julio de 1933. Tras de su publicación en la «Gaceta» del 3 de agosto del mismo año, han sido y son desde entonces la carta legal en la que se apoya la actual estructura académica de la Real Academia Aragonesa de Nobles y Bellas Artes de San Luis, la cual quedó organizada en cinco secciones (Arquitectura, Escultura, Pintura, Música y Literatura), compuesta cada una de cinco miembros, tres profesionales y dos de carácter erudito. Un director y dos vicedirectores completan los veintiocho individuos que integran los actuales cuadros académicos.
Novedad importante la constituye la creación de Académicos delegados de número variable, supuesto que podrán ser nombrados en todas o en algunas de las ciudades aragonesas, a excepción de Zaragoza, la capital. Hasta ahora sólo Teruel, Huesca, Calatayud, Tarazona y Barbastro cuentan con representación en el seno de la Academia, por haber hecho ésta uso de las facultades que le confieren los artículos 4º y 10º del antedicho Reglamento.
La Academia ha mantenido la categoría superior de Académico de Honor no –especificada en el Reglamento de 1933– para condecorar con la misma a las ilustres personalidades que por alguna causa se hayan hecho acreedoras a este singular galardón. Señalemos a este particular el nombramiento de Académico de Honor, en 1939, a favor de don Rigoberto Doménech y Valls, Arzobispo de Zaragoza, y el del Marqués de Lozoya y el de don Gratiniano Nieto Gallo en 1964.
La legislación actual, siguiendo el criterio centralista de los gobiernos isabelinos e 1849 y 1850, «ignoró» la inclusión de la Real Academia Aragonesa de Nobles y Bellas Artes de San Luis en el «Instituto de España», creado al amparo del decreto del Gobierno del Estado de fecha 8 de diciembre de 1937, por el cual recobraron todas las Academias el título de «Real», tratamiento que perdieron a raíz de la proclamación de la segunda República. El ministro redactor del decreto nos excluyó por nuestro rango «provinciano». La guerra la gana Madrid desde el propio Burgos, obediente al tradicional espíritu centralista que tantos daños ha causado desde que Felipe V ganó la batalla de Almansa. Es curioso constatar la persistencia del mismo error en liberales y absolutistas, monárquicos y republicanos, nacionalistas y marxistas, creyentes y ateos…
Meses antes de que en Burgos se diera de lado a la Real Academia de Nobles y Bellas Artes «de San Luis», es decir, en abril, se convertía Zaragoza en punto de cita de todos los académicos españoles residentes en la entonces llamada «zona nacional». El poder de convocatoria de la Academia aragonesa dio como resultado que pudiera celebrarse en la capital del Ebro una asamblea nacional de todas las corporaciones académicas de España. El salón de actos de la Real de San Luis fue el colmado escenario de tan sonado acontecimiento y su director, Miguel Allué Salvador, el presidente nato de la asamblea. De regirse ésta de acuerdo con las estipulaciones del decreto del 8 de diciembre, ni siquiera hubiese tenido derecho a asistir –por no dar la «talla» exigida– la propia Academia convocante… Tal despropósito legal continúa todavía, para sonrojo nuestro, como aragoneses, y para escarnio de un centralismo cegato y sin horizontes. La Academia de San Fernando estuvo parificada a la de San Luis por igual cometido institucional. La «cinta métrica» que redujo la estatura de la una para aumentar la de la otra fue de moral tan dudosa como la del ladronzuelo que aspira a vivir a costa de los bienes ajenos. El Madrid oficial –como la madrastra del cuento– sólo ve en su derredor apestosas cenicientas. Se explica lo de los trasvases, la piratería hidráulica ideada por el «centro» y por su remedo «periférico».
Ningún cronista más o menos conspicuo hizo mención del servicio prestado al arte nacional por la Academia de San Luis al situarse a la cabeza de las demás para poner en guardia acerca del expolio del tesoro artístico, abortando así una maniobra a gran escala que tenía como objetivo situar en el extranjero lo mejor de nuestro patrimonio cultural. Existe copiosa correspondencia de este tiempo en sus archivos, expresiva del impacto que causó su llamada de alarma en las naciones europeas. Quiso Suiza hacer intervenir a la Real Academia zaragozana para por su mediación devolver, al final de la guerra civil, gran parte del depósito allí acumulado y procedente de los museos españoles. Era de esperar que la gratitud obligada del Estado se concretase en algún testimonio material de su reconocimiento. Era de suponer, sí, pero a cuarenta y cuatro años fecha sigue esperando la Corporación en cuyo seno se dio Goya a conocer que Madrid, el Madrid oficial, naturalmente, rompa su ingrato mutismo, produciéndose con el talante amable que reserva a quienes lo merecen mucho menos».
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17 de abril de 2010
El próximo día 10 de abril, sábado a las doce horas, la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis celebrará, en la histórica Catedral de Roda de Isábena, la Sesión Pública, en memoria del que fuera académico de honor Ilmo. Sr. D. José María Leminyana y de Alfaro, a la que asistirá –entre otras personalidades– el Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, y que se desarrollará con el siguiente orden del día:
1. Lectura del acuerdo corporativo por el Ilmo. Sr. D. Javier Sauras Viñuales.
2. Discurso laudatorio pronunciado por el Ilmo. Sr. D. Juan Antonio Cremades.
3. Interpretación al órgano por el maestro D. Antonio Baciero.
4. Clausura del acto por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde.
Mosen Leminyana falleció el pasado 18 de noviembre de 2009 en la ciudad de Barbastro, siendo, como diría Domingo Buesa, “una de las figuras más notables de la vida eclesial del Aragón oriental, de esas tierras que en el pasado fueron la frontera con el viejo territorio condal barcelonés y que en el presente han vivido la necesidad de recuperar su propia identidad y recuperar los bienes que el obispado de Lérida se les llevó por la fuerza de la legislación canónica y que, ahora, no quiere devolver en cumplimiento de esa misma legislación canónica”.
El primer destino de este sacerdote barcelonés fue Tamarite de Litera y, más adelante, Peraltilla, Azara y Azlor; pero, al pasar estos últimos a la Diócesis de Huesca, se le destinó a San Esteban de Litera, donde permaneció hasta 1970, labor que compaginaba con su cargo de Delegado Episcopal de Cáritas, en el Obispado de Lérida. Tras ello, al quedar vacante la parroquia de Roda de Isábena, le propusieron el puesto y, lo que parecía ser provisional, se convirtió en su vida.
La noche del 6 al 7 de diciembre de 1979, la localidad de Roda y, especialmente, su párroco, sufrieron uno de los peores sucesos de su historia; se saqueó la antigua catedral perdiendo gran parte de sus bienes. El responsable fue René Alphonse Van Den Berghe, más conocido por Erik ‘el Belga’, poseedor de un amplio currículum como ladrón de obras de arte, quien fue detenido poco tiempo después y trasladado a la cárcel Modelo de Barcelona. Desde allí se puso en contacto con Leminyana para advertirle del peligro que corrían esos bienes y, más concretamente, la silla de San Ramón, reliquia del siglo X-XII, actualmente recuperada y expuesta en Roda de Isábena.
Fundador de la Colonia de Obarra y amante del arte y la arquitectura románica, Leminyana consolidó y restauró, a título personal, las parroquias de El Soler, Torrelabad, Monte de Roda, Puebla de Roda y Serraduy, así como realizó obras en la parroquia de Roda de Isábena y otros proyectos en ermitas, como es el caso de la Virgen de la Faja.
Por todos estos motivos, en julio de 2001, se le otorgó la encomienda de Alfonso X el Sabio, de manos del Delegado de Gobierno en Aragón, Eduardo Ameijide, en reconocimiento a la labor efectuada en la reconstrucción y restauración del patrimonio aragonés. Y, en 2008, el reconocimiento le llegó por parte de la Real Academia de San Luis, cuyos miembros lo nombraron académico de honor. Así, el sábado será un nuevo capítulo en recuerdo de “una de las figuras más notables de la vida eclesial del Aragón oriental…”, y os esperamos allí…
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9 de abril de 2010
“El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento” (Aristóteles – Ἀριστοτέλης)
Hoy, en este primer domingo después de la primera luna llena de primavera en el que los cristianos de todo el mundo celebran la resurrección de Jesucristo tras haber sido crucificado, también debemos conmemorar los aragoneses el aniversario del fallecimiento de un personaje fundamental de nuestra historia, de don Juan Martín de Goicoechea, quien recibió cristiana sepultura bajo el Santo Cristo de la Sala de Oración (actual Museo del Pilar) de la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza en el año 1806, hace ya 204 años.
Este ilustre personaje nació en Bacaicoa (Navarra) el 1 de noviembre de 1732, pero llegó siendo niño a Zaragoza, a casa de su tío Lucas de Goicoechea, de quien heredó una fortuna que incrementó hasta convertirse en la figura más relevante del comercio y las finanzas de la ciudad entre 1770 y la fecha de su fallecimiento, gracias a sus estudios de comercio en la escuela de Lyon, donde entabló relaciones comerciales con numerosas firmas de Francia, Inglaterra, Italia y Holanda.
Sus actividades abarcaron prácticamente la totalidad de las ramas económicas. En agricultura, impulsó el cultivo del olivar en las tierras de Las Fuentes, plantando 13.000 empeltres; indagó sobre el viñedo y su tratamiento adecuado, a la vez que experimentó abundantes nuevos cultivos en sus heredades. Mientras, en el terreno industrial, se le consideraba un gran experto en tejidos de lana y seda; también en fundición, tanto de hierro como de otros minerales, así como en elaboración de aceites y vinos. E, igualmente, en el campo comercial y almacenista controlaba buena parte de los suministros de trigo, aceite y vino a la ciudad, exportando excedentes y productos manufacturados.
Unas actividades financieras que le llevaron a ser tesorero del Canal Imperial, apoderado del Banco de San Carlos en Zaragoza, comisionado en la ciudad para el pago de intereses de vales reales, alma de la Compañía de Amigos de Zaragoza, que financiaba a seis meses las operaciones de los demás comerciantes, o inversor de 880.000 reales de vellón en la Acequia de Camarera entre 1788 y 1805, entre otros ejemplos.
Así, sus viajes a Francia debieron de influir notablemente en el apoyo decidido que prestó al neoclasicismo, que comportaba una transformación general de los conceptos artísticos y artesanales. Infanzón, comerciante, amigo y protector de Francisco de Goya y Lucientes, a quien homenajeamos a principios de semana en Fuendetodos, de los tres hermanos Bayeu y Subías y de otros artistas, este insigne mecenas dotó económicamente, mantuvo a sus expensas y donó a la Escuela de Dibujo de Zaragoza, creada el 19 de septiembre de 1784 bajo los auspicios de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y que, posteriormente, se transformó en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, presidida actualmente por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, toda suerte de láminas, esculturas y medios didácticos, organizando sus clases, y adaptando sus aulas en la Casa de la Infanta, de Zaragoza, primero, y en el antiguo Seminario de San Carlos Borroneo, de la Compañía de Jesús, en la zaragozana plaza del Reino, a partir de 1791, donde permanecería hasta 1909, en que se trasladaría a su actual sede en el Museo de Zaragoza, obra de Ricardo Magdalena, que fue construido para la Exposición Hispano-Francesa de 1908, que evocaba Los Sitios de Zaragoza.
Por ello, sin duda, esta Semana Santa 2010 está siendo también la semana del recuerdo a quienes, de manera inestimable, colaboraron a engrandecer la historia de Aragón, con el recuerdo a don Juan Martín de Goicoechea y don Francisco de Goya y Lucientes (quien falleció hace 182 años también por estas fechas –15 de abril–), ilustres aragoneses a quienes debemos inmortalizar por una vida dedicada a la cultura.
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4 de abril de 2010
“La fantasía, aislada de la razón, solo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos” (Francisco de Goya)
El pasado martes, día 30 de marzo, tuve la satisfacción de acudir a Fuendetodos, el pueblo de mi familia, para representar a la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis en el anual homenaje al genial pintor Francisco de Goya y Lucientes, académico de honor, por el 264 aniversario de su nacimiento, al que también asistieron autoridades como María Pilar Alcober Lamana, concejal delegada de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Zaragoza, Cristina Palacín Canfranc, diputada provincial de Zaragoza, Alfredo Romero Santamaría, director de Cultura y Patrimonio de la DPZ, y, claro está, la corporación del propio consistorio fuendetodino, con su alcalde al frente, Joaquín Gimeno Salueña.
Así, unidos a los vecinos de la localidad y a numerosos artistas, pudimos seguir las huellas de Goya, desde su casa natal en el municipio hasta el Museo del Grabado, con una actividad, cuando menos, tan original como participativa: la elaboración de un grabado (de 115 metros de largo por 1,15 metros de ancho) en la calle en que el universal pintor dio sus primeros pasos, cuya obra partió del artista Ricardo Calero.
Dicha tarea, denominada “Los pasos… de la Casa al Museo”, se realizó impregnando la calle con agua de lluvia y piedra caracoleña, tras lo que se colocó 115 metros de papel, fabricado ex profeso por la casa alemana Halle Muller -una firma que ya funcionaba en vida del homenajeado-, tela de manta y plástico. Seguidamente, los asistentes pisamos esta superficie, siguiendo los pasos de Goya, siendo las personas más ancianas del municipio las encargadas de liderar la comitiva, dado que son quienes más pasos han dado y quienes más pasos han visto dar.
Posteriormente, una apisonadora de ocho toneladas, aportada por la empresa Acciona –la publicidad lo decía todo– se encargó de fijar la obra que, más tarde, se levantó y dejó secar para poder exponerla como recuerdo del 264 aniversario del pintor aragonés, y que rezaba así: “Los pasos de la Casa al Museo, 264, Fuendetodos, Primavera 2010”.
Pero no fue la única actividad del día pues, al final de la mañana, pudimos asistir a un acto en el pabellón del pueblo, donde se ofreció un interesante concierto a base de dos instrumentos: un violín (que databa del siglo XIX) y un guitarra barroca. Si bien, por supuesto, no podía faltar el ágape final que, por motivos personales, no tuve la ocasión de degustar. Y, entre acto y acto, visitamos las obras del nuevo Museo del Grabado (dossier en PDF), situado junto al mencionado pabellón (al otro lado de la carretera), que ha recibido ya 800.000 euros de subvención… Pero eso, como dirían en una película norteamericana, “es otra historia…”.
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2 de abril de 2010
Esta tarde, la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis celebrará la solemne sesión de ingreso del Ilmo. Sr. D. Eugenio Monesma Moliner, experto realizador de vídeo orientado hacia un cine etnográfico, como académico numerario, en el que leerá su discurso de ingreso, que versará sobre el tema “De los navateros a las maderadas en el Pirineo, 30 años de etnografía audiovisual”, y proyectará el documental ofrecido a la propia Real Academia.
El acto, que será clausurado por la Excma. Sra. Dª. María Victoria Broto Cosculluela, Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón, se efectuará (D.m.) a las siete de la tarde en el Salón de Actos de la Real Academia, en su sede del Museo de Zaragoza, sito en la plaza de los Sitios, 6, y se desarrollará con el siguiente orden del día:
1. Lectura del acuerdo corporativo de elección del nuevo académico.
2. Lectura del discurso de ingreso por el Ilmo. Sr. D. Eugenio Monesma Moliner, que versará sobre el tema “De los navateros a las maderadas en el Pirineo, treinta años de etnografia audiovisual”.
3. Proyección del documental ofrecido a la Real Academia por el académico electo.
4. Discurso de contestación a cargo del Ilmo. Sr. D. Fernando Alvira Banzo, Vicepresidente Primero de la Real Academia.
5. Recepción oficial al nuevo académico por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, Presidente de la Real Academia.
6. Clausura del acto por la Excma. Sra. Dª María Victoria Broto Cosculluela, Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón.
Posteriormente a la sesión, se ofrecerá un ágape en el patio del propio Museo de Zaragoza, lo que significa una ocasión única para disfrutar de la exquisita comida aragonesa en un especial e histórico espacio, obrado por Ricardo Magdalena, gestado en el ambiente cultural de las gentes nobles y eruditas de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y realizado para la Exposición Hispano-Francesa de 1908, que conmemoraba Los Sitios de Zaragoza, pensándose ya, desde su concepción inicial, en su posterior finalidad museística, la cual se materializó con su inauguración tres años más tarde, en 1911.
Por todo ello, para celebrar el ingreso del Ilmo. Sr. D. Eugenio Monesma Moliner como nuevo académico de número, tengo el honor de invitaros, como Asesor de Presidencia de la Real Academia, a esta solemne sesión, esperando poder compartir un rato agradable y saludaros personalmente. ¡Quedáis invitados…!
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22 de marzo de 2010
Vía EPdA | El presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, Domingo Buesa, planteó ayer en su discurso de apertura del curso la modernización de esa institución, manteniendo el espíritu “rebelde” de la Ilustración, con que nacieron las Academias en el XVIII, y a la vez abrirla a la sociedad: “Queremos que la sociedad aragonesa tenga a la Academia de San Luis como algo suyo y vamos a poner en marcha instrumentos modernos que permitan difundir los valores artísticos aragoneses”.
Domingo Buesa indicó que se ha puesto en marcha un plan “muy extenso” de nuevas tecnologías, y ya se está preparando la revista de pensamiento de la Academia, con acceso desde Internet, en la que está trabajando su director, Ramón Acín. También se pondrán en marcha sendas publicaciones virtuales referidas a exposiciones y a las actividades docentes. Buesa adelantó que se está trabajando en los cursos de verano, entre los que destacó “un curso de dibujo que dará Antonio López”.
Al ser elegido presidente de San Luis en junio del 2009, Domingo Buesa explicó a este diario que en el último siglo, la Academia se convirtió en “un reducto donde se investigaba con un pensamiento abierto, pero con cierta distancia de los pintores, los escultores, los arquitectos, los diseñadores, los cineastas…” y agregó que ahora, con la herramienta de Internet en la mano, “no podemos estar al margen de los creadores que a lo mejor no llegan por no tener apoyo suficiente”.
Ahora, medio año después de aquella declaración de intenciones, Domingo Buesa ha manifestado que, desde la Academia, “hemos ido firmando convenios con instituciones públicas y privadas para poder aunar esfuerzos”. “Y luego –añadió–, hemos empezado a trabajar en un debate de conceptos, que es importante plantearnos de manera seria”.
Buesa tiene claro que el espíritu fundacional de las academias fue la protección del escenario en el que vivía la gente, la Naturaleza, los monumentos y, también, “la educación de la gente, que era la gran apuesta para cambiar el mundo”. Y señala que sus publicaciones y ponencias tienen que ir dirigidas de nuevo “a la educación de la gente”. “Todo el mundo está trabajando con auténtico empeño en su especialidad”, declaró Domingo Buesa, quien anunció que “vamos a tener este año varias lecturas de ingreso de académicos como el realizador Eugenio Monesma”.
Ayer, la lección inaugural, a la que asistió el presidente aragonés, Marcelino Iglesias, fue pronunciada por Marisa Azuara bajo el título “La Corona de aragón en la empresa descubridora de Cristóbal Colón”.
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2 de febrero de 2010
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