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ODA AL DÍA FELIZ (PABLO NERUDA)
Esta vez dejadme ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy feliz.
Soy más innumerable
que el pasto en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo, los pájaros arriba,
el mar como un anillo en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.
Tú a mi lado en la arena eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo es hoy mi alma, canto y arena,
el mundo es hoy tu boca,
dejadme en tu boca y en la arena ser feliz,
ser feliz porque sí,
porque respiro y porque tú respiras,
ser feliz porque toco tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo y su frescura.
Hoy dejadme a mí solo ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz con el pasto y la arena,
ser feliz con el aire y la tierra,
ser feliz, contigo, con tu boca, ser feliz.
Etiquetas: dia, feliz, Pablo Neruda, poema
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22 de Noviembre de 2009
Ayer, a la edad de 88 años, falleció el escritor uruguayo Mario Benedetti en su domicilio de la capital uruguaya (Montevideo).
Siendo todo lo que fue Mario Benedetti —taquígrafo, vendedor, cajero, contable, traductor, librero, funcionario y periodista— no podía ser de otra forma su obra, marcada por el amor, la solidaridad y, a medida que pasaba el tiempo, por la muerte. Se atrevió con el cuento (‘Montevideanos‘, ‘Recuerdos olvidados‘, ‘Despistes y franquezas‘), la novela (‘La tregua‘, ‘Gracias por el fuego‘, ‘El cumpleaños de Juan Angel‘), el ensayo (‘El desexilio y otras conjeturas’), el teatro (‘Pedro y el Capitán’) y la crítica literaria. Aunque la poesía (‘Sólo mientras tanto‘, ‘Poemas de la oficina‘, ‘Viento del exilio‘) fue siempre su verdadera pasión, con la que se sentía más él mismo. Cantautores como Nacha Guevara, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Luis Pastor o Pablo Milanés hicieron suyos, a través de la música, los versos cargados de compromiso político y social del poeta uruguayo.
Quizá fue esa manía suya de mantenerse fiel a sus ideas políticas y tratar temas sociales lo que le generó el aplauso del pueblo y le privó de los mayores reconocimientos literarios. El mismo Benedetti sabía que la etiqueta de ‘autor comprometido’ fue utilizada por algunos para ningunear otros aspectos de su obra. Y, aunque para él su galardón más importante era tener lectores, en España su trabajo fue reconocido con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999; así como también recibió, en 2001, tras superar una dolencia cardiaca, el premio iberoamericano José Martí y el Premio Internacional Menéndez Pelayo, en 2005.
Su última obra publicada, el poemario ‘Testigo de uno mismo‘, fue presentada en agosto del año pasado. En esta obra presentía ya el final de sus días, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz (su esposa, fallecida en 2006 tras 60 años de matrimonio). “Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo”, decía Benedetti.
Y, para terminar, quiero dejar otras palabras, una despedida más bien, del final de su poema ‘Chau número tres’, en el que reflexionaba sobre la relatividad de la ausencia y dejando, con su pluma, una forma romántica de entender la vida… y la muerte:
«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (…) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas, este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (…)».
Etiquetas: fallecimiento, Mario Benedetti, poema
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18 de Mayo de 2009
“Oh, sí, lo sé, buen “Sirio”, cuando me miras con tus grandes ojos profundos.
Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás y en tu reino me mezclo contigo, buen “Sirio”, buen perro mío, y me salvo contigo.
Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye, converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía.
Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone.
Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan sólo.
Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro. Oh, cuán profundos ojos conocedores.
Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes… Oh, yo te escucho.
Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente.
Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza, tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo, el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa.
Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es cenit, te entendí, aunque no pude hablarte.
Todo era fiesta en mi corazón, que saltaba en tu derredor, mientras tú eras tu mirar entendiéndome.
Desde mi sucederse y mi consumirse te veo, un instante parado a tu vera, pretendiendo quedarme y reconocerme.
Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío, persistes.
Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme.
Y yo salí de tu cueva y descendí a mi alvéolo viajador, y, al volver la cabeza, en la linde vi, no sé, algo como unos ojos misericordes”.
Gracias Triana. Hasta siempre…
Etiquetas: perro, poema, Vicente Aleixandre
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1 de Abril de 2008
Cumpliendo con mi oficio
piedra con piedra, pluma a pluma,
pasa el invierno y deja
sitios abandonados,
habitaciones muertas:
yo trabajo y trabajo,
debo substituir
tantos olvidos,
llenar de pan las tinieblas,
fundar otra vez la esperanza.
No es para mí sino el polvo,
la lluvia cruel de la estación,
no me reservo nada
sino todo el espacio
y allí trabajar, trabajar,
manifestar la primavera.
A todos tengo que dar algo
cada semana y cada día,
un regalo de color azul,
un pétalo frío del bosque,
y ya de mañana estoy vivo
mientras los otros se sumergen
en la pereza, en el amor,
yo estoy limpiando mi campana,
mi corazón, mis herramientas.
Tengo rocío para todos.
Etiquetas: Pablo Neruda, poema
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9 de Marzo de 2008