“Si no existiera el mal o la desgracia, no seríamos capaces de reconocer el bien o la felicidad“.
Ojeando el diario gratuito 20 Minutos, he leído esta lamentable -por cruel y cotidiana- noticia, por lo que me he decidido a buscar, con éxito, el vídeo (incluido en el post) del que habla el artículo, y cuyos hechos expongo a continuación:
Sergio D.C., vecino de la localidad gallega de Vilagarcía de Arousa, mete al perro en el maletero de su coche, lo lleva a una protectora de animales para abandonarlo, pero para evitarse problemas, lo lanza por los aires para que salte la verja (mal o desgracia).
Tan terrible inhumanidad, grabada por una cámara (lo que ha permitido que la propietaria del centro de acogida haya podido identificar la matrícula del coche), le ha costado a este “monstruo” (como diría José Saramago) 180 miserables euros y hacerse cargo de los gastos del veterinario, que ha tenido que intervenir al perro de un ojo.
Finalmente, un vecino del agresor se ha hecho cargo del animal(bien o felicidad).
PD: Este atroz suceso me lleva a recordar, inevitablemente, aquel que provocó JUAN LADO (¿se lee bien el nombre?) en su chalet de la localidad coruñesa de Ribeira… ¡¡TORTURA ANIMAL, AL CÓDIGO PENAL!!
Ya son muchos años los que llevamos reclamando, aquellos que tenemos animales de compañía -también el resto de la ciudadanía-, una solución para remediar la vergonzosa acción de ciudadanos incívicos que ensucian nuestras calles con los excrementos de los perros que tienen la satisfacción de cuidar.
Realmente, el titular de la reseña de Heraldo es, en exceso, impactante para una nueva nefasta actuación del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza y, en particular, de la concejala de Medio Ambiente, Lola Campos.
Si, hasta ahora, las únicas ideas que salían del Consistorio se fundamentaban en realizar panfletos informativos y bolsitas (para heces de elefantes) que nunca llegaban al ciudadano -a no ser que se acercara para cualquier otro trámite a las Juntas Municipales-, ahora se van a instalar “400 papeleras que incluyen un expendedor de bolsas de plástico para que los propietarios (qué poco me gusta esa palabra) de perro puedan recoger los excrementos de sus mascotas y depositarlos en el interior de la papelera o de un contenedor de basura”.
¡Vaya memez! ¿De verdad alguien cree que esos “propietarios” de canes, que nunca en su vida han recogido un excremento, van a hacerlo ahora por tener una papelera donde depositarlos? ¿Es que, hasta ahora, no había papeleras, de las de toda la vida, para su utilización? ¿Hay alguna persona que crea que no los recogen porque no encuentran un lugar para deshacerse de ellos? ¿O será, más bien, porque les da asco (que los hay…) o, directamente, porque no les sale de las narices?
Y esta opinión, tan válida como cualquiera, obtiene mayor fuerza cuando vas paseando con tu amigo de cuatro patas y te encuentras con otros amigos, esta vez de dos ‘patas’, que también critican esta ¿solución?, y que les afecta directamente. Como lamenta Pedro Martín, un ‘usuario canino’ que fue entrevistado por Heraldo, argumentando que “Esta opción beneficia a los dueños de perros que siempre recogen los excrementos. Los ciudadanos que no lo hacían hasta ahora, no lo van a hacer por tener cerca una papelera”.
Vamos a ver si podemos ser serios con este asunto, que afecta a todos, y dejamos de malgastar el dinero que tanto nos cuesta ganar a los zaragozanos. Y, Sra. Campos, en lugar de ‘amenazarnos’ recordándonos que existe una ordenanza que permite multar cuando no se recojan los excrementos y que la sanción puede alcanzar los 601 euros, ¡cumpla con ella! ¿O tiene miedo de perder votos en detrimento del bienestar de los ciudadanos? Un dinero que bien podrá utilizar, con cabeza, para ofrecer servicios verdaderamente útiles, como ayudar a asociaciones que tanto hacen por Zaragoza, como la Asociación para la Defensa y Prevención de la Crueldad contra los Animales (ADPCA), que aporta muchísimo más que una Perrera Municipal de la que ningún ciudadano sensibilizado puede estar satisfecho, y no por culpa de sus trabajadores.
Yo propondría, además, crear una Fundación contra la Lúgubre Ufanía de Vanos Insignes (FLUVI), para que se acercaran al Ayuntamiento a socorrer y, en determinados casos, acoger a ciertos concejales delegados, responsables de la gestión de la ciudad, que poco o nada sensato hacen por, cuando menos, mantener el bienestar de Zaragoza y, en definitiva, de sus habitantes.
Mientras, el Ayuntamiento de Zaragoza alega que se potencian las campañas de sensibilización en detrimento de las sanciones económicas. Ciertamente, estas campañas informativas aportan frases cívicamente educativas, pero esto no es suficiente dados los datos que se reflejan en los últimos años.
La realidad es que ninguna de las partes, tanto el Ayuntamiento como los dueños que no recogen las heces de sus canes, ponen nada de su parte. Si estos últimos ensucian las calles de nuestra ciudad, el Consistorio no ofrece soluciones efectivas para enderezar este conflicto.
Actuaciones como la creación de zonas para estos animales, los denominados ‘pipicanes’ (seis en toda la ciudad), no remedian este asunto, pues la menudez de estos espacios choca con la gran cantidad de evacuaciones caninas que pueden verse a lo largo del día, máxime cuando los niños no se fijan en los carteles explicativos y acceden sin pudor a las mismas.
Quizá la sanción punitiva (en activo) fuera una solución, siempre y cuando no se recojan las defecaciones, pero no menos interesante es la propuesta de la AA.VV. del Picarral en la cual se ideó la obligación de los dueños de los perros (que extiendo a todo tipo de animales domésticos) a bajar con bolsas de plástico. Por cierto, que dichas bolsas son repartidas por el Ayuntamiento de Zaragoza en las Juntas de Distrito, pero sin ningún tipo de anuncio, por lo que los ciudadanos no logran enterarse.
Aún así, para finalizar, los amos incívicos de estos animalitos (refiriéndome como amos a los seres humanos, valga la aclaración) son los máximos responsables de este gran problema para la ciudad, por estética y, ante todo, por salud, ya que todo esto acabaría si se tuviera algo de sentido común. Exijámosles todos, más aún los que somos dueños civilizados, a retirar de la vía pública los excrementos que dejan sus amigos de cuatro patas.
Este post va dedicado al nuevo miembro de mi familia.
Se trata de un cachorro hembra de Pastor Alemán, llamada Triana (debido a su procedencia sevillana). En este momento tiene 1 mes pero puede comprobarse, a simple vista, que va a ser un ‘señor perro‘.
Así, ya son tres los canes que forman parte de nuestro núcleo familiar.
La primera en llegar fue Yana (1). Una perra de raza ‘Chapi’, no muy conocida porque procede de Bolivia, el país del Moralito…
Y, por último, la mencionada Triana (foto principal).
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Recuerda:Los animales de compañía no son juguetes, son seres vivos que requieren de un importante cuidado y atención. Estas fechas suelen ser muy complicadas porque algunos desaprensivos padres regalan a sus hijos un perrito, un gatito, etc… y, cuando comprueban que no son peluches, tienden a abandonarlos en cualquier parte…
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