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CORONA DE ARAGÓN
La expansión marítima y el Tratado de Canfranc

“El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a si mismo. Así pues, el progreso depende del irrazonable” (G.B. Shaw)

La Corona de Aragón, en el reinado de Jaime I (1213-1276), buscaba consolidar su poderío marítimo expandiéndose por los territorios del mar Mediterráneo (conquistas de Mallorca y Valencia), que fue continuado por el rey Pedro III de Aragón que, partiendo del principio de invisibilidad de la Corona, arrebató Sicilia al imperio francés, siendo una formidable base contra sus enemigos y un punto esencial de control de la ruta de Levante. Esta proyección, al pasar a desempeñar un papel clave, complicó enormemente la política exterior de Aragón, debido a que tuvo que enfrentarse con los Anjou, Francia y el Papado.

En aquel momento, la Corona se encontraba sola en el plano internacional, dado que no podía aliarse con Castilla, el Imperio de Oriente, los gibelinos italianos, Inglaterra o el emperador de Alemania, pues todos ellos estaban empeñados en conservar la paz con Francia o con el Papado. De esta manera, el 9 de noviembre de 1282, dada su situación política, el Papa excomulgaba a Pedro III y, en enero de 1283, le desposeía formalmente de su reino, adquiriendo la lucha contra el rey de Aragón el carácter de cruzada.

Ya en 1285, en el comienzo del fin de los sueños imperialistas de los Anjou y los teocráticos del Papado (ratificados en Anagni), habían muerto con pocas semanas de diferencia cuatro de los hombres más influyentes de Europa: el rey de la Corona de Aragón, Pedro III el Grande, el rey Felipe III de Francia, el rey Carlos I de Anjou (sobrino del monarca francés) y el Papa Martín IV, que fue sucedido por un italiano llamado Jacobo Savelli, que adoptó el nombre de Honorio IV.

Así las cosas, la cuestión de Sicilia iba a ser la razón principal de la política del nuevo rey de Aragón, Alfonso III (1285-1291), debido a las aspiraciones de Carlos de Valois al trono de la isla. En 1284, la flota aragonesa de Roger de Lauria, un marino y militar de origen italiano al servicio de la Corona de Aragón, fue atacada cerca de Nápoles por la angevina (Dinastía de la Casa de Anjou) bajo el mando de Carlos ‘el Cojo’, pero Roger, simulando retirarse hacia Castellmare, se detuvo e inició el combate en el Golfo de Nápoles, destruyendo a la flota angevina y haciendo prisionero a Carlos. Al inicio de 1285, tras la muerte de Carlos I de Anjou, Carlos II fue proclamado sucesor pero, al encontrarse preso, ejerció la regencia su sobrino Roberto.

Mientras, el segundo hijo de Pedro III, el infante Jaime, heredó Sicilia, decisión que buscaba alejar la presión internacional de la Corona de Aragón y dar cierta satisfacción al Papado, que no deseaba ver una Sicilia fuerte. En la isla, los sicilianos coronaron a Jaime como rey de Sicilia, duque de Pulla y príncipe de Capua (16 de diciembre de 1285), lo que provocó la indignación del Papa.

El objetivo inmediato de Alfonso III era conseguir que el Papa revocara la donación hecha de sus reinos al hijo del rey de Francia, Carlos de Valois, para lo cual se desarrollaron –en 1286 y 1287– una serie de intensas negociaciones con Francia, Inglaterra, Castilla y el Papa. Iniciadas en Huesca, se continuaron en París y en Olorón, acordándose la liberación del prisionero Carlos II, consumándose en el Tratado de Canfranc que, tal día como hoy, cumple 722 años. El Papa Martín IV coronó a Carlos como rey de la Sicilia continental o Nápoles (título nominal), lo que obligó a Jaime, rey de Sicilia, a combatirle, sitiando Gaeta en 1289 hasta que concertó una tregua por mediación del rey de Inglaterra.

La paz se produjo en virtud del Tratado de Tarascón (19 de febrero de 1291), en el que el rey de Aragón, abandonando su seguimiento de los gibelinos y reconociendo la soberanía del Papa, se comprometía a no prestar ayuda a su madre, Constanza, y a su hermano, Jaime de Sicilia. Obtuvo así del Papa Nicolás IV el levantamiento de la excomunión y la promesa de revocar el nombramiento hecho a favor de Carlos de Salerno. La ventaja para Jaime de Sicilia era que su hermano sólo se había comprometido a una política de neutralidad, no militar, aunque los sicilianos consideraron la paz como una traición.

La muerte de Alfonso III (16 de junio de 1291) llevó al trono de Aragón a Jaime II ‘el Justo’ (1291-1327), que dejó en Sicilia a su hermano Federico como lugarteniente, algo que indica la intención de Jaime II en retener para sí el reino de Sicilia, para lo cual buscó el apoyo de Sancho IV de Castilla, con el que firmó, el 29 de noviembre de 1291, el Tratado de Monteagudo. Pero esta alianza con Castilla, preferida a la de Francia y el Papado, era transitoria y se fue debilitando en las conversaciones de Guadalajara y de Logroño (junio de 1293), donde Jaime II consiguió que Sancho IV le devolviera los rehenes angevinos que tenía en su poder, los hijos del príncipe de Salerno.

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1 comentario 26 de octubre de 2010

ALFONSO III
Un breve reinado de problemática gestión

“Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean” (Giulio Andreotti)

Vía GEA | Alfonso III ‘el Liberal’, primogénito de Pedro III y Constanza II de Sicilia, accedió al trono de Aragón, tal día como hoy, hace 725 años, esto es, en 1285. Su corta gestión como rey estuvo mediatizada por dos problemas de gran importancia, a los que se dieron soluciones que, en modo alguno, fueron definitivas. Esos problemas pasaron por la posesión de Sicilia, entremezclada con la lucha por el equilibrio peninsular con Castilla, y la oposición de la nobleza aragonesa.

El dominio de Sicilia, donde Alfonso había gobernado antes de ser rey, desbordó el marco estrictamente aragonés, internacionalizándose al entrar en escena, por unas u otras razones, el pontificado, la casa francesa de los Anjou y los reinos de Francia, Castilla, Sicilia, Mallorca y Aragón. Antes de morir, su padre, Pedro III, había hecho prisionero al candidato pontificio para el trono de la isla, Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou. De ahí que los franceses, sus aliados, amenazaran el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad ésta que –con el valle aranés– cayó en manos de Felipe III de Francia. Esta invasión fue posible merced a la ayuda que el rey Jaime II de Mallorca, tío de Alfonso III, prestó a la coalición franco-pontificia, a cuyos ejércitos dejó pasar a través de los territorios que el reino mallorquín poseía en el Rosellón, al otro lado de los Pirineos. Por otra parte, Sancho IV de Castilla dejó desamparado al aragonés al no enviar los refuerzos previamente concertados.

Como réplica, Alfonso III invadió las Baleares, mientras los franceses eran derrotados en Panissars. Y, en la lucha interna por el trono castellano, se puso de parte del infante Alfonso de la Cerda, a quien proclamó en Jaca como rey de Castilla, a la vez que atacaba militarmente a Sancho IV, tras haber concretado un tratado de amistad con los benimerines. En compensación, Alfonso de la Cerda cedía a Alfonso III el reino de Murcia, cesión que nunca llegó a ser efectiva. Y Carlos de Salerno fue liberado a condición de su renuncia al trono siciliano en favor de Jaime, hermano de Alfonso III, quien, poco después, sería su sucesor en Aragón con el nombre de Jaime II. Ante la imposibilidad de tomar Sicilia, defendida por el futuro Jaime II, el papa buscó una solución pacífica al problema con Alfonso III, llegándose a la firma del Tratado de Tarascón (1291), solución no definitiva, de ahí que poco después se tuviera que sellar el Tratado de Anagni (1295).

Por otra parte, la oposición de la nobleza aragonesa al rey fue un episodio más de la vieja lucha entre la monarquía y los nobles aglutinados en la Unión Aragonesa, que, con el pretexto de que Alfonso III se había proclamado rey antes de jurar los Fueros de Aragón, se le opusieron militarmente y amenazaron con entregar la corona a Carlos de Valois. Alfonso III tuvo que ceder otorgando el conocido Privilegio de la Unión.

Alfonso III, tras escasos seis años de intenso reinado, moría en 1291 antes de casarse con Leonor de Inglaterra, dejando el trono a su hermano Jaime de Sicilia, desde ese momento Jaime II de Aragón.

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1 comentario 15 de abril de 2010


Orlando Suarez Soy de Aragon

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