“Si no existiera el mal o la desgracia, no seríamos capaces de reconocer el bien o la felicidad“.
Ojeando el diario gratuito 20 Minutos, he leído esta lamentable -por cruel y cotidiana- noticia, por lo que me he decidido a buscar, con éxito, el vídeo (incluido en el post) del que habla el artículo, y cuyos hechos expongo a continuación:
Sergio D.C., vecino de la localidad gallega de Vilagarcía de Arousa, mete al perro en el maletero de su coche, lo lleva a una protectora de animales para abandonarlo, pero para evitarse problemas, lo lanza por los aires para que salte la verja (mal o desgracia).
Tan terrible inhumanidad, grabada por una cámara (lo que ha permitido que la propietaria del centro de acogida haya podido identificar la matrícula del coche), le ha costado a este “monstruo” (como diría José Saramago) 180 miserables euros y hacerse cargo de los gastos del veterinario, que ha tenido que intervenir al perro de un ojo.
Finalmente, un vecino del agresor se ha hecho cargo del animal(bien o felicidad).
PD: Este atroz suceso me lleva a recordar, inevitablemente, aquel que provocó JUAN LADO (¿se lee bien el nombre?) en su chalet de la localidad coruñesa de Ribeira… ¡¡TORTURA ANIMAL, AL CÓDIGO PENAL!!
“Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños” (William Shakespeare)
Los caballos, igual me da que sean o no de pura raza, intervenidos judicialmente a Juan Antonio Roca, presunto cerebro de la trama de corrupción municipal e inmobiliaria en Marbella, están falleciendo, de manera alarmantemente infame, por dejadez alimenticia.
Según se desprende de un certificado veterinario oficial, tres de los 103 caballos intervenidos ya han fallecido y alrededor de una decena se encuentra en estado “deplorable” y ofrece una imagen sobrecogedora. Caballos famélicos que no consiguen mantenerse en pie, úlceras y tumores en las patas y testículos, además de numerosas heridas en la piel a lo largo del lomo, muestran el estado desolador en el que se encuentran estos animales que en su día fueron altamente cotizados.
Uno de los certificados de defunción indica que el pasado lunes falleció uno de los ejemplares por “una grave impactación de colon, provocada por el consumo repetido de arena del suelo”. Fuentes del Colegio Veterinario de Málaga explicaron que, según este documento, se puede asegurar que “ha podido haber una dejadez, que no han sido alimentados correctamente y no se puede consentir que estos animales estén en esas condiciones”. Mientras, otro de los certificados de defunción mantiene que el animal falleció el pasado mes a consecuencia de “una hernia inguinal estrangulada sumada a media torsión del testículo derecho”, y a juicio del facultativo quizás se podría haber salvado si hubiese sido operado antes de 24 ó 30 horas.
Es enormemente ruin que, mientras esto sucedía, la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, tras la inspección que realizó meses antes del nombramiento del actual administrador judicial de la yeguada, garantizara que los animales “disponen de una alimentación y agua sana adecuada”. Igual de lamentable que escuchar la denuncia de la abogada de la sociedad Marqués de Velilla, propietaria de la finca, quien afirmó que “cuando hemos querido comprobar el estado en el que se encuentran los animales se nos ha coaccionado y nos han quitado las llaves de la finca”.
La finca fue intervenida el 30 de marzo aunque el juez instructor de la ‘operación Malaya’, Miguel Ángel Torres, no nombró al administrador judicial hasta pasados más de tres meses, “sin tener en consideración que la intervención era en una sociedad que tenía animales vivos y no seres inertes”, según fuentes cercanas a la sociedad.
En abril, varios agentes de la Policía Nacional se desplazaron a San Pedro de Alcántara para examinar el estado de los caballos intervenidos y pedir su incorporación a la Unidad de Caballería, pero a nadie debió parecerle interesante la propuesta…
PD: Interesante comentario de Fernando (bambino) en su blog, de cuyo post he ‘agarrado’ el título del mío, el cual muestra el dolor que sentimos todos aquellos que estamos sensibilizados contra el maltrato y la crueldad hacia los animales.
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