“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” (Mohandas Gandhi)
El pasado 28 de abril, el Refugio de Animales de Cambados (Pontevedra), del que ya he hablado en más de una ocasión, celebraba el undécimo aniversario de su fundación, un ‘pequeño oasis’ en el que las mascotas -prioritariamente perros- han ido encontrando desde entonces un hogar, un médico, un psicólogo y, sobre todo, una familia, esto es, una oportunidad de ser felices.
Una obra social que hay que agradecer a Olga Costa, alma máter de la organización, que ha demostrado, día a día, ser una maravillosa persona a la que tanto debemos agradecer todos los ciudadanos. Por sus manos han pasado miles de animales y de todos ellos guarda, por pequeño que sea, un recuerdo, ya que son (como) parte de su familia y transmite a sus socios esa pasión por el mundo de los que caminan sobre cuatro patas.
Echando la vista atrás, el colectivo ha dado asilo durante estos once años a más de 3.500 perros e, igual de importante, ha impedido que nacieran entre 7.000 y 10.000 canes, dado que una sola pareja de cánidos puede llegar a tener varias camadas que sumen hasta 30 cachorros en un solo año, que estarían lamentablemente condenados a vivir en la calle, lo que sin duda es un número realmente importante para una localidad como Cambados.
Pero la labor del refugio no se centra solo en esta parcela. El proceso es completo y comprende desde la recogida hasta la entrega final a los nuevos dueños, pasando por todas las fases intermedias de cuidado, papeleo burocrático y legal, identificación, denuncia –si el caso lo requiere– y tratamiento. Y, todo ello, a pesar que sus recursos económicos son muy limitados, aunque poco a poco van contando con la colaboración desinteresada de muchas personas anónimas, pero salen adelante con tesón y muchas ganas de hacer cosas.
Si bien, no solo de perros ‘vive’ el Refugio, ya que durante estos once años han pisado estas instalaciones varios gatos, una iguana y hasta un burro, siendo la misma forma de proceder con estas otras clases de animales, brindándoles la atención prioritaria para que no sufran y para que se estabilicen, ya que suelen llegar en malas condiciones y, acto seguido, empiezan las gestiones para darles traslado a otros centros especializados.
Así, el último ejemplo de esta extraordinaria labor lo encontramos con la recogida de Bella, una joven perra labradora embarazada, de color negro, que dormía al lado de una tumba en el cementerio de Cambados, que fue rescatada por Olga y Gonzalo, dándole un lugar de acogida en el albergue y ayudándola a parir a once cachorros, tantos como años lleva trabajando el Refugio de Animales de Cambados por estos seres vivos que, por Ley (aunque no se note mucho), tienen unos derechos inalienables e inviolables.
“Nuestra tarea debe ser liberarnos a nosotros mismos… ampliando nuestro círculo de compasión abrazando a todas las criaturas y al total de la naturaleza y su belleza” (Albert Einstein)
Mi amiga Olga Costa, presidenta de la Protectora de Animales de Cambados (Pontevedra), me ha enviado una carta llena de lamentos por lo ajeno pero con la esperanza de quien hace mucho, que deberíamos agradecer profundamente, por los demás.
La carta nos habla de la amargada vida de un perrito que entre todos, ya sea a través de nuestra difusión con los medios que tengamos o de forma más directa, podemos cambiar. Aquí tenéis el mensaje íntegro de una persona aún más integra:
“El viernes pasado, a las 13:45 horas, recibimos una llamada de la policía donde se nos comunicaba que había habido un atropello en la carretera de Castrelo, con el resultado de un perro herido en el arcen. Intentamos coordinarnos y, con la ayuda de la protección civil que acudió al lugar mencionado, se recogió al animal herido y trasladó al albergue. El perro era pequeño y no se podía poner de pie, sospechábamos lo peor, (que tuviera la columna partida). A las 17:00 h. lo trasladamos al veterinario para que le hiciese una radiografía, para descartar cualquier problema y posible tratamiento del perro. Estando en la clínica veterinaria, tuvimos que sedarlo para hacerle las radiografías, porque tenía mucho dolor y mordía. Mientras esperamos que estuvieran las radiografías, le pusimos un nombre, PARCHE, por su peculiar cara. Cuando nos pusimos a mirar la radiografía nos llevamos varias sorpresas, las voy ir diciendo tal y como las fuimos viendo nosotros. Primero, la pata derecha de Parche no estaba rota, como nosotros pensábamos, sino que cuando tenía menos de un año lo atropello un coche fracturándole la pata, y su dueño le dejo que curase ella sola, y así se rompió el cartílago de crecimiento y la pata se desarrolló como pudo: “una pata más corta que otra y girando hacia fuera”. Tuvo un segundo atropello hace poco, en el cual el perro perdió el ojo derecho debido al impacto, su dueño no lo operó y, en el último atropello, que fue este viernes, presentaba magulladuras por todo el cuerpo y fracturadas dos costillas. Pero lo último de su dolor y calvario que ha pasado este perro en su corta edad es que tiene alojado en su cuerpo un impacto de perdigón. El dolor que ha pasado este perro con los atropellos y, aún encima, algún desalmado se dedica a dispararle. Parche, de pequeño, era el típico perro pequeño y peludito que buscan las personas como compañía, pero el tuvo la mala suerte de estar en una familia que lo veían como un objeto, que nunca le dio cariño. Parche viene siendo uno de tantos perros que malviven en nuestro precioso ámbito rural deambulando por las carreteras y molestando a vecinos y transeúntes, solo porque sus dueños nunca lo quisieron ni le educaron como debían tratar al mejor amigo del hombre. Ahora, desde el albergue, estamos curando a Parche y le vamos a pagar la operación de ojo. Pero lo más importante es que le buscamos una familia que le quiera y le cuide como verdaderamente se merece. Su mirada lo dice todo“.
La protección de los animales y el bienestar de los mismos no es sólo tarea de las protectoras de animales que tanto ayudan a la sociedad, pese a que las instituciones, en muchos casos, no las apoye de la misma manera. El ciudadano también tiene el deber ético y moral, como miembro activo de un problema social, de participar responsablemente en esta causa, por lo que hemos de ser solidarios con el sufrimiento de estos seres vivos y evitar que, desde la propia casa, se propague el problema.
La tenencia respetuosa y responsable es el primer eslabón para cortar la cadena de animales perdidos y abandonados. Y, es necesario recordarlo, las ordenanzas municipales, así como leyes autonómicas y estatal, prohíben cualquier tipo de maltrato a los animales domésticos. Ello, a pesar que tendremos que hacer muchísimo más para adaptar (siendo generoso) unas normas que son del todo insuficientes…
Mi buena amiga Olga, presidenta de la Asociación Protectora de Animais de Cambados (Pontevedra), me ha enviado una carta ‘que ha escrito’ un perro, llamado Rocky, acogido por la asociación al haber sido abandonado, que necesita ayuda para sufragar un tratamiento médico. ¡Cómo escribe este perro!
No sé si hay muchos ciudadanos que no conocen la existencia de ordenanzas municipales en los diversos ayuntamientos de España, como ocurre –por ejemplo– en la ciudad de Zaragoza, en las que se dictan las obligaciones que tienen los ‘dueños’ de animales de compañía para con ellos y el resto de la sociedad, pero el desconocimiento de las normas no exime de culpa.
Y, tras esta cavilación que ampliaré próximamente, os dejo con la carta que comentaba al comienzo:
“Hola, me llamo Rocky. Soy un perro mestizo “palleiro”, que decimos por aquí, cuyo nombre me lo pusieron en el Albergue de Animales de Cambados.
Me recogieron el jueves pasado, cuando deambulaba en medio de los coches del pueblo, sin saber dónde ir ni qué comer, por lo que me acercaba a los bares y cafeterías para ver quién se apiadaba de mí.
Una persona de Protección Civil me llevó al Albergue de Animales y allí conocí a Olga, que jugó conmigo y me dio cariño, algo de lo que estaba muy escaso. Allí me encontré muy bien pero, al día siguiente, algo me mí no funcionaba como debía. Olga se dio cuenta de inmediato y me llevó al veterinario.
Realmente, yo no entiendo muy bien de esas conversaciones que ellos tienen, pero sí que sufro sus inyecciones, sus vitaminas para fortalecerme, sus antibióticos y, también, oigo sus palabras: “No sé si sobrevivirá, me pregunto si no sería mejor dormirlo definitivamente; pero, inmediatamente, oigo a Olga decir que “mientras hay vida, hay esperanza”. Sé que ella no dejará que caiga en el sueño eterno mientras tenga un atisbo de esperanza.
En realidad, por las noches, en mi confortable alojamiento, pienso que Olga y Gustavo (el veterinario), están cuidando de mí y que, poco a poco, quizá pueda curarme, aunque sé –por lo que oigo– que es muy “caro” este tratamiento.
Mis verdaderos dueños no me buscan, no preguntan por mí, no saben nada de mí. Mis recuerdos me llevan a cuando era cachorro y tenía toda clase de mimos y ahora, cuando más lo necesito, no los tengo. ¡Qué tristeza!
Oigo al veterinario comentarle a Olga que lleve cuidado, que soy contagioso y que me tenga aislado de los cachorros. Suerte que, en las últimas dos semanas, 20 perros encontraron casa y así tengo una jaula para mí sólo.
Ayer, en el telediario de Antena 3, pudimos conocer como once voluntarios han participado –en Ibiza– en el rescate de cerca de un centenar de perros abandonados sin control sanitario, desnutridos y llenos de parásitos (añado el vídeo al final del post). Unos animales recogidos en la finca de un ciudadano que padece una especie de Síndrome de Diógenes salvo que, en vez de acumular basura, acumulaba perros. Un fenómeno que, lamentablemente, se extiende cada vez más.
Día tras día, vamos conociendo diversos tipos de maltrato animal, desde el más absoluto de los abandonos hasta la mortificación física; casos repugnantes como los de las localidades gallegas de Vilagarcía de Arousa o Ribeira, que ya comenté en su día.
Pero, recordando dos frases célebres de dos grandes personajes del siglo XX, “La vida es muy peligrosa; no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa” (Albert Einstein) y “Una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” (Mohandas Gandhi), no cabe duda que los vecinos de la localidad pontevedresa de Cambados sólo hacen el bien porque no se quedan de brazos cruzados esperando que acontezcan tan atroces sucesos.
Y es así porque, desde su Protectora de Animales, se ha organizado el primer festival a favor de los animales, y que ha sido denominado como “O Salnés x os animais”. Un evento, que tendrá lugar el próximo día 7 de julio, en el que todos los cambadeses se han puesto manos a la obra, especialmente Olga –presidenta de la Protectora–, sin olvidar a su Ayuntamiento que, con el alcalde popular (Xosé Manuel Cores Tourís) a la cabeza, se está entregando en cuerpo y alma para que todo salga adelante, tal y como merecen los únicos protagonistas de ese día: los animales.
Sin duda, este es un festival en el que merece mucho la pena colaborar, hacer lo posible por difundir su mensaje y, si es posible, acudir para presenciar este acto de concienciación y, por supuesto, de generosidad. Un acto al que, por el objetivo y por las muestras de cariño recibidas, tengo la intención de asistir y conocer a personas tan sensacionales como Lucía.
Y, tal como he comentado al principio del post, incluyo el video de la noticia de Antena 3 por si alguien no lo ha visto (contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de los usuarios):
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