“La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza” (A. Einstein)
La advocación de la Virgen del Pilar, por lo singular de su tradición —vinculada a los orígenes del cristianismo en España— y por diversos acontecimientos históricos, ha llegado a adquirir dimensiones españolas e hispánicas marianas de primera magnitud. Sin embargo, esta devoción —desde sus orígenes— ha constituido uno de los principales elementos integrantes no sólo de la religiosidad aragonesa, sino de su propia identidad como pueblo. Y del mismo modo que la esencia aragonesa no puede reducirse a los más destacados y tradicionales rasgos en que a menudo se le identifica (el Pilar, la jota, el Ebro, etc.), tampoco sería posible una aproximación en profundidad a la personalidad de los aragoneses ignorando o infravalorando estos componentes tradicionales.
Por todo ello, y porque hoy —día 12 de octubre— conmemoramos este día tan especial en honor a Ntra. Sra. del Pilar, deseo obsequiar a todas las ‘Pilares’ y, claro está, a tod@s l@s aragones@s con esta imagen animada de la Virgen, que realicé hace cuatro meses en la Catedral-Basílica:
¡¡VIVA ZARAGOZA!! ¡¡VIVA ARAGÓN!! ¡¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!!
“El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a si mismo. Así pues, el progreso depende del irrazonable” (G.B. Shaw)
La Corona de Aragón, en el reinado de Jaime I (1213-1276), buscaba consolidar su poderío marítimo expandiéndose por los territorios del mar Mediterráneo (conquistas de Mallorca y Valencia), que fue continuado por el rey Pedro III de Aragón que, partiendo del principio de invisibilidad de la Corona, arrebató Sicilia al imperio francés, siendo una formidable base contra sus enemigos y un punto esencial de control de la ruta de Levante. Esta proyección, al pasar a desempeñar un papel clave, complicó enormemente la política exterior de Aragón, debido a que tuvo que enfrentarse con los Anjou, Francia y el Papado.
En aquel momento, la Corona se encontraba sola en el plano internacional, dado que no podía aliarse con Castilla, el Imperio de Oriente, los gibelinos italianos, Inglaterra o el emperador de Alemania, pues todos ellos estaban empeñados en conservar la paz con Francia o con el Papado. De esta manera, el 9 de noviembre de 1282, dada su situación política, el Papa excomulgaba a Pedro III y, en enero de 1283, le desposeía formalmente de su reino, adquiriendo la lucha contra el rey de Aragón el carácter de cruzada.
Ya en 1285, en el comienzo del fin de los sueños imperialistas de los Anjou y los teocráticos del Papado (ratificados en Anagni), habían muerto con pocas semanas de diferencia cuatro de los hombres más influyentes de Europa: el rey de la Corona de Aragón, Pedro III el Grande, el rey Felipe III de Francia, el rey Carlos I de Anjou (sobrino del monarca francés) y el Papa Martín IV, que fue sucedido por un italiano llamado Jacobo Savelli, que adoptó el nombre de Honorio IV.
Así las cosas, la cuestión de Sicilia iba a ser la razón principal de la política del nuevo rey de Aragón, Alfonso III (1285-1291), debido a las aspiraciones de Carlos de Valois al trono de la isla. En 1284, la flota aragonesa de Roger de Lauria, un marino y militar de origen italiano al servicio de la Corona de Aragón, fue atacada cerca de Nápoles por la angevina (Dinastía de la Casa de Anjou) bajo el mando de Carlos ‘el Cojo’, pero Roger, simulando retirarse hacia Castellmare, se detuvo e inició el combate en el Golfo de Nápoles, destruyendo a la flota angevina y haciendo prisionero a Carlos. Al inicio de 1285, tras la muerte de Carlos I de Anjou, Carlos II fue proclamado sucesor pero, al encontrarse preso, ejerció la regencia su sobrino Roberto.
Mientras, el segundo hijo de Pedro III, el infante Jaime, heredó Sicilia, decisión que buscaba alejar la presión internacional de la Corona de Aragón y dar cierta satisfacción al Papado, que no deseaba ver una Sicilia fuerte. En la isla, los sicilianos coronaron a Jaime como rey de Sicilia, duque de Pulla y príncipe de Capua (16 de diciembre de 1285), lo que provocó la indignación del Papa.
El objetivo inmediato de Alfonso III era conseguir que el Papa revocara la donación hecha de sus reinos al hijo del rey de Francia, Carlos de Valois, para lo cual se desarrollaron –en 1286 y 1287– una serie de intensas negociaciones con Francia, Inglaterra, Castilla y el Papa. Iniciadas en Huesca, se continuaron en París y en Olorón, acordándose la liberación del prisionero Carlos II, consumándose en el Tratado de Canfranc que, tal día como hoy, cumple 722 años. El Papa Martín IV coronó a Carlos como rey de la Sicilia continental o Nápoles (título nominal), lo que obligó a Jaime, rey de Sicilia, a combatirle, sitiando Gaeta en 1289 hasta que concertó una tregua por mediación del rey de Inglaterra.
La paz se produjo en virtud del Tratado de Tarascón (19 de febrero de 1291), en el que el rey de Aragón, abandonando su seguimiento de los gibelinos y reconociendo la soberanía del Papa, se comprometía a no prestar ayuda a su madre, Constanza, y a su hermano, Jaime de Sicilia. Obtuvo así del Papa Nicolás IV el levantamiento de la excomunión y la promesa de revocar el nombramiento hecho a favor de Carlos de Salerno. La ventaja para Jaime de Sicilia era que su hermano sólo se había comprometido a una política de neutralidad, no militar, aunque los sicilianos consideraron la paz como una traición.
La muerte de Alfonso III (16 de junio de 1291) llevó al trono de Aragón a Jaime II ‘el Justo’ (1291-1327), que dejó en Sicilia a su hermano Federico como lugarteniente, algo que indica la intención de Jaime II en retener para sí el reino de Sicilia, para lo cual buscó el apoyo de Sancho IV de Castilla, con el que firmó, el 29 de noviembre de 1291, el Tratado de Monteagudo. Pero esta alianza con Castilla, preferida a la de Francia y el Papado, era transitoria y se fue debilitando en las conversaciones de Guadalajara y de Logroño (junio de 1293), donde Jaime II consiguió que Sancho IV le devolviera los rehenes angevinos que tenía en su poder, los hijos del príncipe de Salerno.
Ayer por la mañana se celebró, como cada año desde que se instauró en Aragón seis años después de la primera Ofrenda de Flores (1953), la Ofrenda de Frutos que, pese a congregar mucha menos gente, cuenta también con un componente muy emotivo, ya que es el turno de las casas regionales de las diferentes comunidades españolas, las cuales entregan a la Virgen alimentos y bebidas típicas de sus lugares de origen que, posteriormente, se envían a distintos centros asistenciales de nuestra ciudad.
Todo comenzó por la mañana, a las 11.30 horas, cuando, desde la plaza Santa Engracia, alrededor de 2.500 personas de casi cincuenta agrupaciones desfilaron durante una hora recorriendo el Paseo Independencia, plaza España, Coso, calle Alfonso y plaza del Pilar, donde esperaba la Virgen repleta de flores, para entregarle entre 3.000 y 4.000 kilos de frutos.
Entre otros productos, los aragoneses llevaron melocotón de Calanda, jamón de Teruel o aceite del Bajo Aragón; los asturianos portaban un árbol con flores hechas de pan y culminado por un hórreo; los andaluces entregaron frutas tropicales y granadas, y los canarios, plátanos. A los que se unieron los chorizos, morcillas y vinos de las diferentes denominaciones de origen de Castilla y León; la miel de la Alcarria, de Castilla-La Mancha, en una especie de colmena adornada con abejas maya; las butifarra y el cava catalán; el jamón de Montánchez, de Extremadura; los ingredientes del cocido madrileño y los callos, de Madrid, o los embutidos y las setas de Soria.
Y, tras ello, la Ofrenda de frutos finalizó con la recepción del alcalde, Excmo. Sr. D. Juan Alberto Belloch, a los grupos participantes en el Salón de Recepciones del consistorio zaragozano, quien ofreció un escueto (por no ser repetitivo) discurso, así como el presidente de la Federación de Casas Regionales y Provinciales de Aragón, Sr. D. Jaime Feijoo. Un emotivo momento que grabé íntegramente, y que incrusto a continuación, para que todos seamos partícipes de esos momentos ‘íntimos’ en el Ayuntamiento:
“La pasión constituye todo lo humano. Sin ella, la religión, la historia, la novela, el arte serían inútiles” (Honoré de Balzac)
Vía GEA | La advocación de la Virgen del Pilar, por lo singular de su tradición —vinculada a los orígenes del cristianismo en España— y por diversos acontecimientos históricos, ha llegado a adquirir dimensiones españolas e hispánicas marianas de primera magnitud. Sin embargo, esta devoción —desde sus orígenes— ha constituido uno de los principales elementos integrantes no sólo de la religiosidad aragonesa, sino de su propia identidad como pueblo. Y del mismo modo que la esencia aragonesa no puede reducirse a los más destacados y tradicionales rasgos en que a menudo se le identifica (el Pilar, la jota, el Ebro, etc.), tampoco sería posible una aproximación en profundidad a la personalidad de los aragoneses ignorando o infravalorando estos componentes tradicionales.
Y es que el núcleo fundamental de la tradición pilarista consiste en que la Virgen María, desde Jerusalén, donde aún vivía antes de su Asunción, para confortar al Apóstol Santiago el Mayor en sus tareas de evangelización de Hispania, lo visitó milagrosamente en Cesaraugusta a orillas del río Ebro, donde se encontraba con los primeros convertidos. Un hecho por el que, recordando tal acontecimiento, se levantó posteriormente una modesta capilla en honor de Nuestra Señora, venerando su imagen sobre una columna. Aunque, para conocer más detalles sobre este asunto, recomiendo la lectura del fascículo que regalaba ayer, día 11 de octubre, Heraldo de Aragón, titulado “Un espacio para la tradición. Desde la casa romana a la Santa Capilla”, escrito por el Excmo. Sr. D. Domingo J. Buesa Conde, Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.
Así, la historia de la devoción se extiende, al menos de una forma fehaciente y versada, desde la existencia de una antiquísima cofradía dedicada a Santa María la Mayor de Zaragoza, documentada a partir del año 1286 mediante un testamento en forma de carta partida (conservado en el Archivo del Portillo), en el que se hace referencia a esta institución religioso-benéfica, que habría de perdurar hasta el siglo XIX. Esto nos retrotrae si no a los tiempos de dominación musulmana, sí cuando menos a los años del obispo D. Pedro de Librana, a principios del siglo XII, en un momento histórico en el que el fervor cristiano se manifiestaba en Zaragoza de forma bien concreta, con la edificación del templo románico del Salvador y el de Santa María, del que aún se conserva un singular tímpano.
De estos años data la devoción del pueblo zaragozano a su Virgen y a su templo que, popularmente, se llamará de la Virgen del Pilar, aunque oficialmente se titule de Santa María la Mayor. Si bien, no obstante, no sería hasta el 10 de octubre de 1613 cuando el Concejo zaragozano decidiera guardar como festivo el duodécimo día del décimo mes del año, con lo que la fiesta religiosa del 12 de octubre pasó a ser también festividad civil; asimismo, ya en el siglo XVIII, el papa Clemente XII aceptó tal día como fecha para la celebración de la «festividad de la Virgen María Aparecida en Carne Mortal». E igual trascendencia tiene el 27 de mayo de 1642, fecha en que la capital aragonesa proclamó patrona de la ciudad a la Virgen del Pilar, patronazgo que en las Cortes de 1678 se extendió a todo el reino.
Por todo ello, y porque hoy conmemoramos este día tan especial, deseo elevar mi voz para deciros a todos:
¡¡VIVA ZARAGOZA!! ¡¡VIVA ARAGÓN!! ¡¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!!
Vía GEA | Situado en el corazón del Pirineo Aragonés, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, un espacio natural protegido que se extiende entorno al macizo de Treserols, fue declarado hace 92 años (y tres días) como parque junto al de Covadonga de Asturias, y cuenta con más de 16.000 hectáreas de superficie, estando integrado en la comarca del Sobrarbe, así como con la cesión de territorios al área protegida por parte de cinco términos municipales: Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla y Broto. En 1977, el parque se incluyó dentro de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, declarada por la UNESCO y, ya en 1982, se consiguió la ampliación del parque, lo que supuso la cancelación definitiva del proyecto hidroeléctrico que afectaría al Cañón de Añisclo.
Desde la antigüedad, este macizo ha sido objeto de la atención de geólogos, botánicos, zoólogos, espeleólogos y montañeros por los numerosos alicientes que ofrece la singular naturaleza de su geología, la variedad de su flora y las peculiaridades de su fauna. El Monte Perdido, máxima altitud con sus 3.348 m. del macizo de las Tres Sorores, domina los cuatro valles principales: Valle del Arazas (Ordesa), Cañón de Añisclo, Garganta de Escuaín y valle de Pineta. Así, desde el punto de vista geológico se debe destacar el macizo de Gavarnie-Monte Perdido, que ha sido calificado como «un inmenso poema geológico», y así lo definió el geólogo francés L. Ramond de Carbonnièrs, que alcanzó su cumbre en 1802, descubriendo –en los alrededores del lago de Tucarroya– cantidad de fósiles marinos que confirmaban que el Monte Perdido fue un antiguo fondo marino durante la era secundaria.
El agua, debido a su torrencialidad y fuerza erosiva, ha modelado bellas cascadas y profundas cavidades como la Cola de Caballo, las gradas de Soaso, el magnífico Cañón de Añisclo o la Garganta de Escuaín. Además, cuenta con unas magníficas cimas lideradas por el Monte Perdido, aunque también existen otros que superan los 3.000 metros, como es el caso del Cilindro (3.322 m.), Marboré (3.250 m.), el Soum de Ramond (3.263 m.) o el Taillón (3.144 m.). El hielo que se forma durante los meses de invierno ha provocado formaciones geológicas de gran interés como la gruta helada de Casteret, con hielo fósil en su interior; y sima de la Punta de las Olas (junto al monte Perdido), que es la cavidad a mayor altura del mundo (3.007 metros).
La vegetación es muy variada, debido a la diferencia de altitudes y orientación, siendo ejemplares muy apreciados por los botánicos la Edelweis(Leontopodium alpinum), que es una flor de nieve protegida por hallarse en peligro de extinción, o el Rododendro(Rhododendron ferrugineum). El bosque supera el 18% de la superficie total y tapiza las vertientes inferiores de los valles llegando hasta los 1.500 metros, distribuyéndose las especies según la orientación de cada valle. Asi, en Ordesa, de clima frío y húmedo, dominan las hayas, mientras que en Pineta, más árido, destacan los pinares de pino silvestre. En Añisclo y Escuaín el bosque es submediterráneo y está dominado por encinas y quejigos en las partes más altas y bosque de ribera en torno a los cauces.
En definitiva, el Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido posee unos valores únicos que quedan atestiguados con las más de 650.000 visitas que recibe este espacio a lo largo del año y que, por supuesto, nadie debería perderse.
El 6 de mayo de 1833, Carl Friedrich Gauss, matemático, astrónomo y físico alemán, en colaboración con otro físico, Wilhelm Eduard Weber, instalaron una línea telegráfica de 1.000 metros sobre los tejados del pueblo donde trabajaban -Göttingen (Alemania)- uniendo la universidad con el observatorio de astronomía. El telégrafo, ese dispositivo de telecomunicación destinado a la transmisión de señales a distancia, fue inventado en 1832 por el estadounidense Samuel Finley Breese Morse, aunque, al principio, no tenían ningún código para comunicarse, pero pronto crearon un alfabeto basado en la amplitud de las señales (una combinación de puntos y rayas que se puede traducir en letras mediante el uso de un código convenido) dándole así una verdadera capacidad de comunicación a su invento.
Así, dos décadas después de este hito histórico, la entrada en funcionamiento del telégrafo en Aragón se remonta al 14 de julio de 1854, fecha en que se inauguró el servicio en unos locales de la zaragozana calle de Ballestar, detrás del café del Salón de Santa Engracia, poco después denominado Café de la Iberia. Con anterioridad a esta fecha, un coronel del Estado Mayor, José María Mathé, instaló en 1848 la telefonía óptica, una de cuyas primeras líneas, la Madrid-Irún, pasaba precisamente por Zaragoza. Siguiendo el tendido de ferrocarril -al que, inicialmente, se concedía el uso exclusivo del telégrafo, para ser progresivamente «liberalizado»-, la primera línea en entrar en servicio en nuestro territorio fue la Madrid-Zaragoza-Irún con estaciones en Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Tudela, Alsasua, Tolosa, San Sebastián e Irún. La obra de tendido fue entonces presupuestada en 1.544.720 reales de vellón. Poco después, entraron en servicio las líneas «Directa a París», «Irún por Alsasua», «Directa a Marsella por Barcelona», «Madrid» y «Barcelona», todas ellas utilizables desde Zaragoza.
Ante la precariedad de las instalaciones iniciales, el servicio se trasladó al número 9 del Paseo de la Independencia, donde compartió los locales con el de Correos -hasta 1907- para ser de nuevo unificados dichos servicios en el magnífico local de estilo aragonés construido en el mismo paseo en 1927. Técnicamente, del inicial sistema «Wheatstone» se llegó al «Morse», pasando por el «Breguet» hasta llegar a las modernas instalaciones existentes no sólo en Zaragoza, sino en las principales poblaciones de Aragón. Como hitos fundamentales hay que señalar la puesta en marcha del giro telegráfico (1922), del teletipo (1934) y del servicio de telegramas por teléfono (implantado en 1947).
El 31 de enero de 1999, la era de la telegrafía en morse -esa forma de comunicación que en el siglo XIX había dado origen a una revolución de las comunicaciones mundiales en casi todos los ámbitos (administración, diplomacia, negocios, industria, ferrocarriles, periódicos, ejército, sin olvidar el telegrama del simple particular)- llegó a su fin para los navíos en el mar, en favor de los nuevos dispositivos que funcionan por satélite y otras tecnologías avanzadas (SMSSM), ya que se estableció en la reglamentación internacional la no obligación de contar con el equipo adecuado para pedir socorro, en casos de emergencia, valiéndose del alfabeto morse y de la célebre señal sos. Numerosas estaciones emitieron sus últimas señales en morse en una profusión final de mensajes emocionados, como aquella transmisión que decía: “Para concluir la era de la telegrafía sin hilos, iniciada en 1909, tras más de 90 años de servicios en las estaciones de la costa danesa, he aquí nuestra última emisión y nuestra despedida, para siempre”.
2007: Esta noche se acaba la campaña electoral… — Tras quince intensos días, esta noche acaba la campaña electoral en todos los municipios y comunidades autónomas de España. Quince [...]