Hoy quiero dedicar un artículo a uno de los espacios geográficos donde más me gusta escapar para relajarme y evadirme del mundanal ruido de la ciudad, con permiso del magnificente Pirineo, un lugar del que proviene mi familia y en el cual me enclaustro, me aparto de la vida social, para obtener un merecido (o no…) descanso temporal retirado en mi casa familiar.
Ese lugar es, como muchos conoceréis, la localidad zaragozana de Fuendetodos, esa población -perteneciente a la Comarca de Belchite- que todos reconocemos porque en una de sus casas, el 30 de marzo de 1746, nació el pintor y grabador aragonés Francisco de Goya y Lucientes.
Y, hace unos meses, tuve la satisfacción de tener entre mis manos un libro del historiador y filólogo medievalista aragonés Antonio Ubieto Arteta, discípulo del gran historiador medievalista José María Lacarra y de Miguel, en el que explica con detalle la historia de la tierra aragonesa, cuyo título es “Historia de Aragón: Los pueblos y los despoblados” (1ª Edición de 1985 – ISBN: 84-7013-268-3), en el que encontré datos muy curiosos sobre el municipio fuendetodino.
Por ello, y dado que el propio Consistorio no parece interesado en dar a conocer la historia de sus antepasados, a tenor de la falta de interés y la ausencia de documentación histórica tanto en sus páginas oficiales como no oficiales (indagar en buscadores como Google es una pérdida de tiempo), quiero compartir con toda la Red esta información (cuya redacción he decidido retocar ligeramente), que ANUBAR Ediciones tuvo a bien difundir hace ahora 28 años…
Lugar, en 1348 y 1785.
Sobrecullida de Zaragoza (1488-1495). Vereda de Zaragoza (1646). Corregimiento de Zaragoza (1711-1833). Ayuntamiento (1834). Partido judicial de Belchite. Se incorpora (1965) al partido judicial de Zaragoza.
Propiedad de la tierra:
En mayo de 1158, los hermanos García Pérez de Bergua y Gombaldo se repartieron varios lugares, entre los que figura Fuendetodos (UBIETO ARTUR, Nobiliario, p. 350, datado en 1128, pero que ha de ser de 1158).
El 29 de septiembre de 1348, Pedro IV de Aragón dio a Juan Fernández de Heredia el lugar y castillo de Fuendetodos, confiscado a Gombaldo de Tramaced y a Elvira López (SINUÉS, nº. 564).
En 1357 era de Gombaldo de Tramaced (UBIETO ARTUR, Nobiliario, p. 351).
El 25 de enero de 1361, Pedro IV de Aragón dio a Juan Fernández de Heredia el mero y mixto imperio y toda la jurisdicción en su lugar de Fuendetodos (SINUÉS, nº. 927).
En 1610 era del conde de Fuentes (LABAÑA, p. 151).
De señorío secular (1785).
Arciprestazgo de Belchite en 1280 (RIUS, Rationes, p. 104). Obispado de Zaragoza. Parroquia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción (1723-1727). Ermita de San Roque.
Evolución de la población: “sarracenos habitan allí, en 1280″ (RIUS, Rationes, p. 104). 61 fuegos (1488); 64 fuegos (1495); 64 fuegos (1543); 64 fuegos (1609); 43 fuegos (1646); 51 vecinos (1713); 39 vecinos (1717); 39 vecinos (1722); 39 vecinos (1787); 128 vecinos (1797). Sobre 130 casas, 76 vecinos y 360 almas (Madoz); 532 habitantes (N 1857); 234 habitantes (N 1970).
El próximo jueves, 16 de mayo, a las 20:00 horas, se organizarán una serie de actividades lúdicas y culturales en torno a la lengua aragonesa en la cafetería de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza (Avda. San Juan Bosco, 7), dentro del evento titulado “Tardada por a Luenga Aragonesa”, en el marco de las actividades del Espacio 3E.
En ellas, se llevará a cabo una muestra de música e instrumentos tradicionales aragoneses, se realizarán actividades lúdicas y culturales –relacionadas todas ellas con la lengua aragonesa– y se proyectarán algunos vídeos cortos sobre su enseñanza. Asimismo, habrá sorteos y regalos, relacionados igualmente con el aragonés, se expondrá música moderna en aragonés y se contará con una actuación sorpresa.
Con este acto, se busca informar y concienciar sobre la situación de este patrimonio cultural propio de nuestra Comunidad Autónoma, en delicada situación y con necesidad de promoción y protección, como reconocen organismos y documentos legales nacionales e internacionales, tales como la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, el Consejo de Europa, la UNESCO, la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía de Aragón. Con ello, se quiere incitar a la reflexión sobre el papel de la comunidad educativa en general, y de nuestra Facultad de Educación en particular, a la hora de preservar este bien cultural.
Desfruta de una tardada por a luenga aragonesa en a Facultá de Educazión
O benién día chuebes, 16 de mayo, a las 20:00 horas, se parará en a cafetería d’a Facultá d’Educazión d’a Unibersidá de Zaragoza (Abda. San Chuan Bosco, 7), buena cosa de chuegos y autibidaz culturals arredol d’a luenga aragonesa dentro de l’ebento titolau “Tardada por a Luenga Aragonesa”, en o marco d’as autubidaz de l’Espazio 3E.
Se ferá una amostranza de mosica y instrumentos tradizionals aragoneses, se pararán chuegos y autibidaz cultrals enreligadas todas con a luenga aragonesa y se proyeutarán bels bideos curtos arredol d’a suya amostranza. Tamién bi abrá sorteyos y regalos, relazionaus igualmén con l’aragonés, s’esposará mosica moderna en aragonés y se tendrá una autuazión sorpresa.
Con iste auto, se mirará d’informar y conzienziar en o tocán a la situazión d’iste patrimonio cultural propio d’a nuestra Comunidá Autonoma, en feble situazión y a la que le cal promozión y protezión, como reconoxen organismos y documentos legals nazionals y internazionals, tals como a Carta Europeya d’as Luengas Rechionals u Minoritarias, o Consello d’Europa, a UNESCO, a Costituzión Española y o Estatuto d’Autonomía d’Aragón. Con isto se quiere empentar a reflesión sobre o papel d’a comunidá educatiba en cheneral. y d’a nuestra Facultá d’Educazión en particular, ta guaranzar o esdebenidero d’iste patrimonio.
“El mayor artista es aquel que en la suma de sus obras ha incorporado el mayor número de sus mejores ideas” (John Ruskin)
Esta tarde, he visitado la exposición “Rembrandt y el círculo de su tradición”, instalada en la sala Zuloaga de la localidad zaragozana de Fuendetodos, en colaboración con el Museo Nacional de Gdansk (Polonia), que acoge una muestra de este genial artista, uno de los más reconocidos internacionalmente así como uno de los mejores grabadores de la historia, quien, junto con Velázquez y la naturaleza, fueron los tres grandes maestros reconocidos por el propio Francisco de Goya y Lucientes.
Ya en 2006, se celebró en todo el mundo el 400 aniversario del nacimiento de Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 1606 – Amsterdam, 1669), con numerosas exhibiciones e investigaciones científicas, mostrando el legado que dejó este hijo del molinero Harmensz, de una región localizada a orillas del afluente del río Rijn (Rin), cuya personalidad, continuamente por descubrir, sobrepasa los límites de las épocas y estilos, fascinando las generaciones sucesivas de investigadores que intentan ahondar en la esencia de su genio, difícil de definir.
Se reconoce el arte gráfico como un medio mucho más eficaz que la pintura para conocer la cultura nacional, puesto que los pequeños y baratos grabados, realizados en madera o cobre con aguafuerte o mezzotinta (grabado a la manera negra), fueron fácilmente accesibles y llegaron a manos de amplios círculos. Y Rembrandt aprovechó estas propiedades, dotado de una extraordinaria imaginación, capaz de salir de convencionalismos y límites estilísticos, construyendo su fantástica visión del mundo del Antiguo Testamento y dirigiéndose en sus búsquedas artísticas hacia el universum por el camino de lo cotidiano, representándolo de manera realista, sin el menor atisbo de decoración vacía.
Con su extraordinaria individualidad, utilizó sobre todo el aguafuerte, como se puede comprobar en la exposición que permanecerá abierta hasta el próximo 24 de febrero, añadiendo a sus naturales valores pictóricos la línea blanda y terciopelada de punta seca y adicionales cortes de buril, cuya relativamente nueva técnica -que permitió al artista liberarse de las reglas del taller- llegó a ser el arma del humanismo del norte de Europa.
Así, sin pretender llegar al fondo del tema, la exposición en Fuendetodos apenas toca el problema de la gran oeuvre gravé de Rembrandt, pero se trata de una gran oportunidad para conocer aspectos y obra del artista que, a buen seguro, dejarán a muchos con la boca abierta, como me ha ocurrido al visualizar de cerca el trabajo “Cristo predicando”, que incrusto a continuación para finalizar el artículo:
Alberto Casañal Shakery, hijo del conocido topógrafo Dionisio Casañal, nació circunstancialmente en San Roque (Cádiz), aunque ‘regresó’ a Zaragoza con seis años y allí vivió toda su vida, licenciándose en Ciencias Físico-Químicas y siendo catedrático de Matemáticas en la Escuela Superior de Trabajo. Comenzó a componer versos en grande abundancia y con la mejor gracia, siendo especialmente célebres sus romances baturros, por lo que es reconocido como el más popular de los poetas regionales aragoneses, llegando a ser nombrado hijo adoptivo de Zaragoza. Recopiló cantares tradicionales baturros, como en su famosa publicación «Epistolario Baturro» (puede leerse en la Red desde aquí), y escribió en aragonés y castellano narraciones y muy numerosas piezas breves cómicas de teatro, casi siempre ambientadas en Aragón y de fuerte sabor regionalista, a veces en colaboración con su amigo Pablo Parellada, también conocido por sus pseudónimos «Melitón González» y «Pancho y Mendrugo».
Por todo ello, quiero recordarle, como diría su hija Trinidad Casañal, “con uno de sus versos que más éxito ha tenido”: «El punchacico». Un texto, el cual no había sido publicado en Internet hasta hoy, que no tiene atisbo alguno de desperdicio y en el que, estando escrito en castellano, introduce varias palabras en aragonés:
¡Güelta a las andadas!
¡Güelta a las glarimas y a los suspiricos!
¡Siempre lloriquiando como una Malena,
con los ojos cachos y medio escondido
como el que tie miedo
de que le castiguen por algún delito!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¿No te da güervenza, tener a estas horas,
diez años cumplidos
y pasate la vida llorando
lo mesmo que un crío?
¡Mia que acobardarse
por que está hace días con un panadizo
en el dedo pulgar y a puncháselo
va a venir esta tarde el médico!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¡Mia tú, que afligirse
por un punchacico!
¿Qué se te figura, que tó en este mundo
se riduce a brincar por los riscos,
a buscar pájaros, a dormir en la era
y a correr, por la parva, en el trillo?
¡Aspera una miaja
que no tendrás frío!
Ahora estás aprendiendo a ser hombre,
ahora estás principiando el camino
y hay de ti si al andar por el mundo
te falta el anímo!
Hay que ser valiente. Si ahora te acobardas
por un punchacico,
¿qué harás cuando tengas blanca la cabeza,
negro el pensamiento y el cuerpo tullido,
por las privaciones, por los desengaños,
por las amarguras y por los martirios?
¿Qué harás cuando al tiempo de cojer la jada
se te queden los brazos dormidos
y al rezar se te olviden los rezos
que en la escuela aprendiste de niño?
¿Qué harás cuando veas
relucir en los campos los trigos
y al día siguiente
los encuentras tronchados y tendidos,
en los surcos que abrieron tus manos
y que en un menuto destruyó el granizo?
¿Qué harás cuando veas
que ese gusanico
que dentro del pecho
llevamos metido
va el tiempo robándole
toas sus esperanzas y tos sus cariños?
¡Mia que acobardarse
por un punchacico!
Hay que ser valiente.
Pa vivir en el mundo es preciso
golverse de piedra
como aquel castillo
que, en lo alto del monte,
premacene incansable en su sitio,
sin que le amilanen
ni el aire, ni el agua, ni el calor, ni el frío.
¡Hay que ser de piedra pa los desengaños,
pa las alegrías y pa los martirios!
No te asuste el morir. Cuando güelves
de la sierra, suando y rendido
con un fajo de leña en la espalda,
¿no te da gustico
dejar en el suelo la carga que llevas
y acostado a la sombra de un pino,
con los ojos clavados en el cielo,
quedarte dormido?
Pues eso es la muerte;
un descanso en metá del camino.
Una siestecica que echamos los hombres
cuando nos sentimos
cansados de la vida, pa dispertar luego,
con mayores juerzas y mayores bríos,
allá arriba, ande están esperándonos
tós los que se fueron, to los que quisimos.
Hay que ser valiente. Yo no hi llorau nunca.
¡Nunca!… Y he vestido
a tu madre muerta.
Y a tus hermanicos,
pa no volver nunca, camino de Africa,
desde esta ventana partir los hi visto.
Y estoy viejo y probe,
y la fiebre me tie consumido.
Y, ya ves, sin glarimas ni quejas
a sufrir y a luchar me resigno
¡y aún levanto los ojos al cielo
pa dar gracias a Dios, que ha querido
dejame con vida
pa hacer de ti un hombre valeroso y dino!
¡Basta de glarimas!
¡Basta de suspiros!
Devanta los ojos, que al mirar al suelo
no es de hombres enteros, si no de vencidos.
No te aflijas, ni tiembres, ni llores.
Eso es poca cosa pa lo que te espera.
¡Ahora estás principiando el camino!
Mentira me paice
que seas hijo mío.
“La música es la voluptuosidad de la imaginación” (Eugène Delacroix)
Hoy viernes, día 18 de mayo, en el Salón del Trono del Museo Diocesano del Arzobispado de Zaragoza, que lleva el nombre del beato Juan Pablo II, se clausurarán los actos del Día Internacional de los Museos con un importante recital en el que se producirá el estreno de la música que ha compuesto el profesor del Conservatorio de Bruselas, el pianista oscense Manuel Ferrández, partiendo de tres poemas escritos por el Beato Juan Pablo II, publicados en dos libros, “Perfiles” (1957) y “Tríptico romano” (2003). La mezzosoprano jacetana Pilar Márquez será la encargada de poner voz a este concierto, con el que se pretende recordar la figura del santo Padre con ocasión de celebrar el que hubiera sido su noventa y dos cumpleaños.
El estreno de estas piezas se enmarca en un amplio concierto que, bajo el título de “Guardianes de la Belleza”, presenta en su primera parte la presencia de “El Espíritu en el mundo”, con obras de Pergolesi, Bach, Rossini o Mozart. Mientras, la segunda parte, denominada “El Espíritu en el hombre”, se centra en tres llamativos espirituales negros que darán paso al tercer bloque, que tratará sobre “El hombre en el Espíritu”, y en el que se incluyen los poemas escritos por el beato Juan Pablo II.
Dada la limitación del aforo, aunque amplio, del Salón del Trono y las medidas de seguridad requeridas, aconsejo –a aquellos que deseéis asistir– que reservéis la entrada gratuita en los teléfonos del Museo Diocesano (976.39.94.88) o acercándoos a la portería del Palacio Arzobispal de Zaragoza.
Pero este acto del Museo Diocesano, que ha cumplido un año y acaba de recibir el prestigioso premio de la Asociación de Exconcejales de la ciudad de Zaragoza, será el punto y final de este festivo día en el que, como en el año anterior, ha abierto sus puertas esta mañana para dar todo el protagonismo que se merecen a los alumnos de segundo y tercer ciclo de Educación Primaria, con una selección de cuatrocientos escolares que, a lo largo de toda la jornada, han realizado actividades escolares y trabajado los materiales preparados por el personal del Museo, mientras han hecho una visita selectiva y adecuada a sus niveles educativos, siendo atendidos por un total de quince monitores, entre las guías y colaboradores del propio Museo y un grupo de alumnos en prácticas de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, que se encuentran en su último año, y que han guiado las visitas monográficas. Además, a modo de sorpresa, los alumnos han tenido un distendido encuentro con el Arzobispo de Zaragoza, don Manuel Ureña.
“Saber y saber-lo contrimostrar, ye saber dos begadas” (Baltasar Gracián)
O pasau mes, o diya 21 de febrero, se zelebró o Diya d’a Luenga Materna, adedicau a trucar o ficazio d’a perdida de luengas y d’a dibersidat cultural en o mundo. En Aragón, no somos mica foranos a ixa reyalidat. Asinas, somos una comunidat en a que uno de ixos diasistemas lingüisticos, o de l’aragonés, ye en grau pelingro. Ista situazión ye reflexada en documentos internazionals, como l’Atlas d’as Luengas Menazadas editau por a UNESCO, y europeyos, como a Carta Europeya d’as Luengas Minoritarias u Rechionals, feita por a Comisión Europeya, antiparti de en documentos autonomicos como a Lei de Luengas. A perdida d’ista luenga suposaría a perdida d’un riquizo patrimonio cultural, mirallo a la suya begada d’a nuestra istoria y mesmo idiosincrasia. As estruturas de pensamiento propias y asoziadas a iste idioma se cazegarían, tresbatindo asinas una graniza fuen de conoximiento y estudio.
Con tot y con ixo, a luenga aragonesa ye sofrindo d’una manca de dignificazión motibada por esferens ragons. Por un costau, una entibocada identificazión con o bulgar, reforzada por o enrastre e identificazión con o castellano d’Aragón. Por atro costau, un contino emplego politico d’a luega, muitas begadas ta enrestir-la.
Asinas, mientras o desembolique d’a campaña eleutoral t’as beniéns eleuzións a Reutor d’a Unibersidat de Zaragoza, la Asoziazión Cultural O Trango dezidió de prenzipiar una comunicazión con os candidatos a Reutor d’a instituzión con a fin de conoixer aquellas midas que a Unibersidat de Zaragoza lebaría a cabo ta aduyar en o prozeso de normalizazión da luenga aragonesa, con a respuesta positiba emitida por parti de l’autual Reutor y candidato en as beniéns eleuzións, Excmo. Sr. D. Manuel López Pérez, que se ha amostrau disposau a ascuitar as suyas proposas, afirmando que “he querido recoger vuestra inquietud y así en el apartado 7 (cultura) se indica: «Apoyo a las actividades culturales y académicas relacionadas con la identidad aragonesa»”.
De bez, o Reutor ha remerau a contribuzión que a Unibersidat de Zaragoza ha feito mientras o suyo mandato t’a normatibización d’a luenga aragonesa, con o rezién creyau Diploma de Espezializazión en Filolochía Aragonesa. Pero, a penar de que ista aizión suposa un gran trango t’a dignificazión y estudio d’ista luenga en periglo, a Unibersidat de Zaragoza, como instituzión neutral y de referenzia cultural, ye un organismo clau que podría ufrir una gran aduya t’a normalizazión y sozializazión d’a luenga aragonesa.
Por tot isto, ye de agradixer a adopzión de compromís d’o candidato Manuel López con a cultura y a riqueza lingüistica aragonesas asperando, asinas mesmo, que l’atro candidato, José María Gimeno Feliu, se prenunzie en o tocán a la luenga aragonesa.
“Puede ser un héroe tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate” (Thomas Carlyle)
Las leyes sálicas, un cuerpo de leyes promulgadas a principios del siglo VI por el rey Clodoveo I de los francos, que debe su nombre a la tribu de los Francos Salios, fue la base de la legislación de los reyes francos hasta que en el siglo XII el reino de los francos desapareció, y con él sus leyes. Pero, con la llegada al trono español del afrancesado rey Felipe V en el año 1713, éste introduce la Ley Sálica(del latín Lex Salica) que dictaminaba que las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal (hijos) o lateral (hermanos y sobrinos), prohibiendo que accedieran al trono las mujeres de la dinastía Borbón, descendiente de Francia.
Sin embargo, en España nunca había habido una ley que impidiera a las mujeres reinar, y en su historia se encuentran grandes ejemplos, tales como Isabel I de Castilla (entre 1474 y 1504) o Petronila de Aragón (entre 1157 y 1164).
Así, hasta la llegada al trono de Fernando VII en 1813, a quien le tocara liderar la Guerra de la Independencia, no hubo problemas con dicha Ley. Un monarca, considerado como ‘el Deseado’ –aunque su historial no era nada alentador, dado que se reveló contra su padre en 1808, a quien montaba todas las madrugadas unos escándalos en Aranjuez cuando se iba de veraneo, contratando a los pobres de Madrid para que asaltaran el Palacio en la madrugada, indicándole a su padre que estaban en una especie de asalto de la población–, que iba a tener un serio problema, puesto que tuvo como descendientes y herederas a dos hijas (sus hijos varones fallecieron): la princesa Isabel (1830) y la infanta Luisa Fernanda (1832).
Fue hábil la mujer del monarca, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, dado que a la primera le pusieron el nombre de Isabel, por lo que pudiera ocurrir, pues sería complicado aseverar que las mujeres no podían reinar, cuando ésta sería Isabel II, significando que hubo una Isabel I (‘la Católica’). Pero la familia Borbón le presionó y Fernando VII firmó, el 31 de marzo de 1830, la pragmática sanción, prohibiendo a las mujeres acceder al trono de España.
En el momento de la firma, Fernando VII había quedado viudo por tercera vez, sin descendencia, y contrajo un nuevo matrimonio con María Cristina en 1829. Pero, a finales de marzo de 1830, ésta quedó embarazada y, ante la posibilidad de tener un heredero, el 31 de marzo de 1830, el rey, en su lecho de muerte, tomó la decisión de revocar la ley, sin autorización siquiera de las Cortes, e Isabel fue nombrada heredera a la Corona el 12 de diciembre de 1830, siendo una niña pequeña, bajo la tutela de su madre.
El nacimiento de Isabel II y su llegada al trono, fueron hechos que ni disgustaron ni resultaron raros a los ojos de la población, teniendo en la memoria los fastos de Isabel I. Algo que se demuestra, por ejemplo, en la ciudad de Zaragoza, con la construcción de la Fuente de la Princesa (1833), en homenaje a la que sería la reina Isabel II, que fue colocada en la actual plaza de España, y encontrándose –hoy en día– en el Parque Grande.
Esta aceptación, tanto por parte de la población como de los partidos políticos, hizo que su madre, Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias, se hiciera cargo del trono y gobernara con una regencia abierta en nombre de Isabel. Pero el problema se inició con la negativa de su cuñado en Francia, el hermano del rey Carlos María Isidro de Borbón, puesto que nos encontrábamos ante una mujer liberal que pensaba que había de abandonarse la monarquía absolutista, debiendo compartir el poder con la población (Cortes Generales, partidos políticos, etc). Por tanto, había que modificar y modernizar España, quitando a la Iglesia –con la desamortización de Mendizábal– la tierra, que tenía mucha y no cultivada, para que pudiera ser labrada por la gente; también tenía que conseguir que la gente viajara, para conectar el país, por lo que puso en marcha la revolución de los transportes y el inicio del tren en España; y, por último, debía dividir España de manera diferente, pues no se podía seguir hablando del Reino de Aragón o de Castilla, inventándose las provincias. Es decir, que su peso en la historia de este país es absolutamente relevante.
Sin duda, hablamos de una mujer moderna y revolucionaria para su época, que planteó un nuevo Estado que acabase con el Antiguo Régimen. Y, frente a ella, se encontraba la España del absolutismo y lo tradicional. Así, en el año 1827, los curas catalanes se sublevaron contra estas medidas, originándose la que hoy llamamos la “Revuelta de los Agraviados”, que sería el origen de las Guerras Carlistas (1833-40, 1846-49 y 1872-76), llamadas así por la oposición del príncipe Carlos María Isidro de Borbón, que indicaba que había una pragmática que prohibía reinar a las mujeres y, por lo tanto, él debía ser el rey de España, en contra de los intereses de su sobrina.
Se trataban, sobre todo, de guerras civiles, aunque tuvieron su impacto en el exterior, puesto que los países absolutistas (Imperio austríaco, Imperio ruso y Prusia) y el Papado apoyaban aparentemente a los carlistas; mientras que el Reino Unido, Francia y Portugal apoyaban a Isabel II, que se traduciría –al final– en la firma del Tratado de la Cuádruple Alianza en 1834.
Así, centrándonos ya en la zaragozana noche del 4 de marzo de 1838, más de dos mil soldados carlistas, así como trescientos hombres a caballería –que defendían la Puerta del Carmen–, entraron en la ciudad liderados por Juan Cabañero y Esponera. Unos se adentraron por el Coso hacia la Plaza San Francisco (actual Plaza de España), otros fueron al Cuartel de la Victoria y, un tercer grupo, se dirigió a la Plaza del Mercado; todo ello con la intención de desarmar al ejército y cortar el Coso Bajo, dado que era un arteria fundamental de la ciudad y, por tanto, facilitaba controlarla; además, controlando la Plaza del Mercado, evitaban que hubiera actividad y bloqueaban otra gran presencia de ciudadanos.
A partir de las cinco de la mañana, comienzaron a escucharse en la ciudad gritos a favor de Carlos María Isidro de Borbón y contra Isabel II, entrando el ejército de caballería por la Puerta del Carmen. En ese momento, los ciudadanos de Zaragoza se dieron cuenta que la ciudad estaba ocupada por los carlistas, pero los zaragozanos eran personas ya experimentadas en este tipo de situaciones, no en vano habían sufrido treinta años antes los Sitios de Zaragoza en la Guerra de la Independencia, y sabían como luchar contra los invasores, por lo que, al grito de “Zaragoza está invadida”, comenzó el conflicto armado.
Los carlistas, dado que las calles estaban repletas de muebles, enseres, somieres, etc., que los ciudadanos tiraron desde sus ventanas, decidieron sacar fuera de la ciudad a la caballería por la Puerta del Carmen y la Puerta de Santa Engracia, dejando sólo a los infantes, que se atrincheraron en San Pablo pero, al no conseguir tomar la ciudad en su totalidad, dada la fiera resistencia de sus habitantes, que respondieron al ataque armados con cuchillos, utensilios de cocina y agricultura, armas de caza y aceite y agua hirviendo, al igual que la noticia de que se acercaba –volviendo a sus cuarteles– la tropa isabelina (que se había sublevado contra el General Esteller, recientemente nombrado Gobernador militar de Zaragoza, que, incomprensiblemente, no ordenó a sus tropas la defensa de la ciudad), los carlistas abandonaron inmediatamente la ciudad.
Por ello, hoy celebramos la festividad popular zaragozana, denominada “Cincomarzada”, que conmemora el heroico comportamiento de sus ciudadanos durante esta batalla de la Primera Guerra Carlista. Y, aunque actualmente se realizan comidas campestres y múltiples festejos, como conciertos, bailes, humor, etc., tradicionalmente se recordaba con una ingesta de chocolate caliente, pues se cuenta que Cabañero, nada más ocupar la ciudad, entró en una chocolatería y pidió un tazón de chocolate caliente pero tuvo que huir sin haberlo probado y, en 1840, unido tras el Convenio de Oñate (Abrazo de Vergara), entró en Zaragoza formando parte de las tropas isabelinas que habían de combatir a Cabrera pero, cuando los zaragozanos le vieron desfilar por sus calles, le gritaron: «¡Cabañero, que se te ha enfriado el chocolate!».
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