Hoy, día 30 de septiembre, más de sesenta asociaciones de toda España celebrarán el I Congreso de la Sociedad Civil en el Hotel Auditorium de Madrid, con el objetivo de promover la democracia de los ciudadanos a través de los cauces legalmente establecidos. Un cónclave, impulsado entre otras figuras conocidas por el empresario Mario Conde a través de la Fundación Civil, que desarrollará un amplio programa bajo el lema “Tomemos la palabra. Pasemos a la acción”.
Realmente, me parece una actividad acertadísima, ya que –como bien indica el manifiesto– nos encontramos ante un momento histórico en el que es imprescindible estimular y desarrollar la participación de los ciudadanos en la política, así como el debate de la propia sociedad sobre los asuntos que a ella afectan, algo prioritario si se quiere aspirar a una verdadera democracia de ciudadanos, puesto que hay que evitar que los partidos políticos tengan el monopolio del debate y de la representación política.
Sin duda, la sociedad tiene otros cauces institucionales que es necesario recuperar y revitalizar, unos caminos que son la mejor forma de recuperar la dignidad de la cosa pública y de hacer que nuestra democracia se convierta en algo real y participativo, en el que los ciudadanos tengan acceso y control sobre los órganos de poder del Estado, pues la igualdad del individuo (y de los grupos en que se integra) debe ser real y efectiva.
Igualmente, el actual sistema democrático necesita cambios en la estructura, funcionamiento y concepción de un Estado que se ha dotado de una estructura orgánica excesivamente compleja, repetitiva en funciones y competencias entre diferentes instancias, que no asegura una mayor libertad real de los ciudadanos sino que, en realidad, la limita al sustentarse en una clase política burocratizada y cerrada en sí misma, que dificulta el legítimo acceso de personas independientes a los ámbitos de poder y que cada día aleja más a la sociedad civil de quienes se erigen como sus dirigentes con pretensiones de exclusividad.
Entre los ponentes de este Congreso se encuentran el letrado de las Cortes y del Consejo de Estado, José Merchán; el licenciado el Derecho y editor de Libertad Digital, Alberto Recarte; el presidente de la Fundación VIVA, empresario y consultor, Lorenzo Abadía; el catedrático de Derecho Constitucional, Enrique Álvarez; y el presidente del Patronato de la Fundación Civil, Mario Conde.
La participación es libre pero, para quien no pueda asistir, la jornada se retransmitirá por Internet (a través de la web livestream.com) y aspira a convertirse en una cita fija en el calendario anual asociativo que, actualmente, ya representa a cerca de dos millones de personas, entre seguidores, miembros, afiliados y simpatizantes de las más de sesenta asociaciones de ámbito nacional, regional y local de toda España que han tomado la iniciativa de convocar este I Congreso.
“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad” (Karl A. Menninger)
Valdespartera es un barrio joven de Zaragoza, con una media de edad de 28 años, que, dentro de 5 años, tendrá más de 30.000 habitantes. Y, al igual que el barrio, su club de fútbol, denominado Valdespartera Futbol Club, también es nuevo, con apenas un año y medio de vida, componiéndose de una directiva joven, trabajadora y con muchísima ilusión.
En esta breve trayectoria, el club puede presumir de contar en sus filas con 7 equipos de fútbol, más de 40 jugadores/as sénior y más de 70 niños/as, los cuales no tienen un sitio donde practicar su deporte favorito.
Desde su Junta Directiva, quieren dejar constancia de su preocupación a este respecto, porque hace un año se hizo un potrero donde en su inauguración se dijo que el barrio de Valdespartera ya tenía las primeras “instalaciones deportivas”. Sin embargo, la realidad es que estas instalaciones están abandonadas, nadie se quiere hacer cargo de ellas y nadie sabe a quién pertenecen.
Lo único que el club ha conseguido averiguar es que lo inició Zaragoza Vivienda con el programa “Esto no es un solar”, pero si algo tienen claro los vecinos de la zona es que “esto sí que es un solar”. No hay ni luz, ni agua y está en situación precaria, con piedras de tamaño considerable, mayas rotas, socavones en la tierra, etc. Algo que se considera un riesgo para los pequeños del barrio que desean practicar deporte.
Valdespartera Futbol Club ha solicitado el uso de esta instalación para que, los equipos de niños/as inscritos en su Club, puedan entrenar y jugar, dado que es imposible alquilar campos para entrenar debido al alto coste económico y al ajustado presupuesto del que dispone un club tan joven. Todo ello, además del trastorno que supondría para los padres el tener que desplazar a sus hijos a otros barrios para que puedan aprender y practicar deporte.
El club ha tratado por todos los medios de buscar una solución a este problema, pero todo el mundo (como suele ocurrir en la Administración Pública) se pasa la pelota o tira los balones fuera… Y nunca mejor dicho.
”El valor y la perseverancia conquistan todas las cosas y obstáculos que quieran destruirlas y se interpongan en su camino” (R.W. Emerson)
Todos los marcos y todas las épocas han contado con su propia revolución civil, como fue el caso de la revolución francesa en el siglo XVIII, un conflicto social y político que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen, iniciándose con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional. Un suceso que fue motivado por la grave crisis económica que se estaba atravesando, al igual que el hecho de que los ingresos que obtenía la monarquía vinieran –únicamente– a través de los impuestos de los campesinos y burgueses, dados los privilegios de la nobleza y el clero.
Así, nuestra época, el tiempo que estamos viviendo, no podía ser menos, pese a que la situación, lógicamente, no es la misma. Sin embargo, sí podemos contemplar algunos parecidos con el ejemplo anterior, como es el caso de una grave crisis económica, el acrecentado incremento de los impuestos o los privilegios que, aún hoy, tienen algunas ‘clases sociales’.
Pero si algo diferencia, ante todo, a estos dos hitos históricos es la comunicación de la sociedad civil. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han permitido eliminar barreras que impedían la ‘conversación’ en las sociedades contemporáneas. Una conversación, la esencia más pura de la democracia, como bien explicó el Dr. Juan Freire en el año 2006, que ha ido ampliándose en el tiempo, comenzando por grupos sociales pequeños que utilizaban la comunicación cara a cara (de pocos a pocos); sin embargo, el crecimiento demográfico y el desarrollo de las agregaciones urbanas hicieron inefectiva la comunicación tradicional y provocaron la aparición de los medios de masas (de uno o pocos a muchos); pero, por el camino, quedaron aspectos esenciales de participación ciudadana que ahora, gracias a las nuevas tecnologías, ha regresado al origen aunque a una escala mucho mayor (de muchos a muchos).
Y la herramienta responsable del regreso al modelo de participación ciudadana activa y directa ha sido la Web 2.0, esto es, los blogs, los agregadores, las redes sociales, etc. Todos ellos, medios de comunicarse para la organización ciudadana, que han pasado a actuar como un control mucho más efectivo del poder político, originando grupos numerosos de ciudadanos que poseen características comunes, análogas entre sí. Este es el caso, como estamos viendo nacer actualmente, de iniciativas españolas tales como “Juventud sin futuro” o “Somos el cambio”, que utilizan la Red (Blogger, WordPress, Facebook, Twitter, etc.) para agrupar y comunicar sus manifiestos a un número importante de personas, siendo la interactividad y la multilateralidad sus aspectos más importantes, puesto que sitúan el control de la comunicación en manos del conjunto de internautas, ofreciendo la oportunidad exclusiva de generar relaciones activas y directas entre una pluralidad de personas: la Ciber-Revolución o Revolución 2.0.
La clase política, cierto es, ha tenido su momento para acercar el gobierno al ciudadano, a través de sistemas como la e-democracia o la e-cognocracia (término acuñado por el zaragozano Dr. José María Moreno Jiménez) pero, desgraciadamente, no ha querido o no ha sabido aprovecharlo. Ahora es el turno del ciudadano, cansado de contemplar la ineptitud de los políticos ante una comprometida crisis económica que ha levantado a una sociedad civil supuestamente ‘acomodada’ por el llamado “estado del bienestar” que, más que felicidad y deseo de vivir, estaba provocando desidia, apatía e inapetencia por la defensa de nuestros derechos sociales.
“Jamás habrá otra ni más España que la que salga de la cabeza de los españoles”
Esta tarde, desde la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, homenajearemos a Joaquín Costa, un aragonés universal y el mayor representante del movimiento intelectual decimonónico español, conocido como «Regeneracionismo», dado que, el pasado día 8 de febrero, tuvo lugar el centenario de su fallecimiento en la localidad oscense de Graus.
Así, tal y como en su día indicó el Excmo. Sr. Dr. D. Domingo Buesa, Presidente de la Real Academia, aunque no haya sido mucha su influencia real en la vida diaria de la España del siglo XX, hay que reconocer que la figura de Joaquín Costa ha protagonizado la mayoría de los análisis sobre la modernidad de la realidad española. Una permanente presencia, del que pronto fue conocido como “El león de Graus”, gestionada desde diferentes enfoques que, al final, han contribuido a convertirlo en una referencia para todos los que querían hablar del problema del campo español, de la necesidad de la educación, o para aquellos que se adentran en la complicada discusión sobre la gestión del agua.
Costa trabajó y estudió en Huesca —magisterio, bachiller— y Madrid, donde se doctoró en Derecho (1872) y Letras (1875) y, un año después, escribió “La vida del Derecho” (1876), siendo profesor auxiliar en la Universidad Central, cargo al que renunció en protesta por la política educativa de la Restauración, junto a Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza.
Sus humildes orígenes le inclinaron a la política y estudió, particularmente, las raíces populares del derecho consuetudinario español (Introducción a un tratado de política textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la Península, 1881) y el mundo rural, al participar en los Congresos de Agricultores y Ganaderos (1880–1881).
Con la vocación europeísta que trajo de Francia, y con sus amores incomprendidos en la católica Huesca, Joaquín Costa comenzó un periplo por las ciudades españolas en busca de una plaza segura que le aportara tranquilidad económica, aunque su amor apasionado a España le hizo involucrarse —allí donde estuviera— en el estudio y el conocimiento de esos territorios, de esas sociedades, de ese pasado común.
Toda su vida fue un peregrinar, en el que no buscó nunca los honores (incluso renunció a ser ministro con Cánovas y con Sagasta), pero en el que intentó despertar las conciencias a ras de calle, hacer nacer en las plazas de España la reivindicación que llevarán al futuro, al progreso, a la libertad. Y, todo ello, desde la apuesta rotunda por lo europeo, que intentó vender como la mejor salida a la crisis de 1898. Esta imagen personal del europeísta es la que describió, con intensidad plástica y gran sutileza, el maestro Azorín cuando indicó cómo “el señor Costa… se ha levantado de su sillón, penosamente, con una laxitud profunda, y se ha acercado al balcón… Y el señor Costa, con los ojos melancólicos, pegados a los cristales, piensa en la europeización, imposible, de España”.
Por todo ello, y por mucho más, en esta tarde del 8 de marzo, a las 19.30 horas, se recordará la figura de este aragonés universal con la conferencia (“Joaquín Costa en el arte”) que impartirá el académico Ilmo. Sr. Dr. D. Wifredo Rincón García, Investigador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del que ha sido Director del Departamento de Publicaciones y, actualmente, Jefe del Departamento de Historia del Arte.
¿Hay seguridad en la Red en pleno siglo XXI? ¿Estamos protegidos los millones de ciudadanos que, día a día, realizamos diversos procesos y trámites por medio de un sistema de comunicación como es Internet? ¿Realmente estamos tranquilos y confiados ante la infalibilidad de la Red a la hora de realizarla como instrumento que facilita nuestra vida diaria?
Cierto es que, en este espacio virtual en el que nos movemos, nos encontramos cada día más cómodos, pues podemos realizar tareas diarias en segundos que antes nos costaban, por ejemplo, una mañana entera. Ahí tenemos ejemplos como la compra de productos alimenticios, trámites varios con las Administraciones Públicas, redacciones y envíos de correos electrónicos, etc. Pero, todo ello, es siempre susceptible de posibles errores que, bien es cierto, también suceden en el mundo analógico.
Y esto es algo que el catedrático Sáez Vacas definió muy bien en su concepto de ‘infociudad‘ como ciudad complementaria, transformadora o, por qué no, sustitutoria de la ‘real’:
“El espacio informacional donde los humanos de sociedades desarrolladas, mediante terminales con botones, teclas, pantallas, contraseñas e identificadores varios, se comunican y realizan una parte creciente de sus actividades habituales y otras muchas nuevas, convertidas en señales, símbolos, lenguajes y procesos inmateriales, soportados por una potente infraestructura tecnológica de arquitectura reticular”.
Una definición a través de la cual observamos que, si bien Internet es EL instrumento del presente y del futuro que todos debemos defender por convicción en sus posibilidades, también debemos ser conscientes que, si en el mundo analógico hay seguridad que, por costumbre, ya no percibimos como tal (p.e. los semáforos), también la Red necesita sus propios parámetros de seguridad, que no serán tan diferentes de los anteriores.
No obstante, Internet nos ofrece oportunidades viables y reales para proteger nuestros derechos, tanto para los ciudadanos, entidades públicas y privadas y, claro está, para ambas a la vez. Y podemos poner dos acciones ejemplificadoras:
1.- La compra, en una tienda virtual, de una cafetera y su posterior pago por TPV (esto es, con tarjeta de crédito a través de un sistema seguro de pago).
2.- La tramitación de una solicitud a un Ayuntamiento para el arreglo de una farola que se ha fundido en nuestra calle.
Ambos procesos, aunque diferentes en la forma, son acciones que realizamos diariamente en la Red, confiando en las entidades con las que contactamos pero, como decíamos antes, siempre pueden existir diversos problemas en su proceso.
¿Es suficiente con confiar (esperanza) o debemos exigir a la Red que genere una confianza (protección) real a través de una seguridad efectiva?
“El ser humano tiene el arte y el razonamiento para saber conducirse ” (Aristóteles)
El Ateneo de Zaragoza, presidido en la actualidad por el Excmo Sr. Dr. D. Fernando Solsona Motrel, tiene su origen en el Círculo de los Amigos, sociedad dedicada, por los años 1850-60, a la amena conversación y buen trato de sus socios, y a la lectura de la prensa que, por iniciativa del jacetano Joaquín Gil Berges, se convirtió, tal día como hoy hace 147 años, en la actual estructura que hoy conocemos. Y fue el propio Gil Berges, ministro del gobierno de la II República Española y jurista de reconocido prestigio en toda España, quien lo presidió por primera vez, mientras Pedro Salvador y Mestres hacía las veces de secretario de la sociedad.
Al marchar Gil Berges a Madrid, el Ateneo desapareció y, a su regreso, reapareció convertido ya en Ateneo Científico, Literario y Artístico de Zaragoza, con domicilio sucesivo en las calles Santa Cruz, 8; Coso, 116; Cinegio, 3; San Andrés, 12; y, actualmente, San Voto, 9; pero siempre muy vinculado a la Diputación Provincial y al Centro Mercantil, Industrial y Agrícola, con el que sigue manteniendo un convenio de comunidad de socios, biblioteca y locales.
El Ateneo nunca ha tenido filiación política ni religiosa; sólo se propuso, desde sus inicios, propagar la cultura y el gusto por las bellas artes, mediante conferencias, certámenes poéticos, conmemoraciones, juegos florales, y la institución de unas enseñanzas elementales, que luego fueron suprimidas cuando otros centros las cubrieron con mayor eficacia. A día de hoy, denominado ya sólo Ateneo de Zaragoza, con una masa social de 325 socios, reduce su actividad a «la exposición y la divulgación, oral y escrita, de las ciencias, las letras y las artes», tal y como consta en su reglamento (1967).
Las tres secciones iniciales (Ciencias Naturales, Ciencias Morales y Políticas, y Literatura) se convirtieron en diez: Centro Mercantil, Jurídica, Política, Literaria, Médica, Religiosa, Filosófica, Sociológica, Historia e, incluso, Tauromaquia. Está iniciada otra de Cine Amateur y un grupo de Amigos del Ateneo. Además, de él dependen las tertulias«Miguel Labordeta», de Literatura y Poesía; «Félix de Azara», de Historia de la Ciencia; «Luis Galve», de música; «Martincho», de Tauromaquia; «Pedro Cubero», de Viajes, y «Latassa», de Bibliografía. Y todo se llevaba a cabo, dado el número de asociados, mediante subvenciones ministeriales y municipales, que casi nunca han menoscabado la libertad de los ateneístas, aunque ello no siempre fuera fácil de lograr; y es fruto del firme amor que por la cultura y por sus convecinos ha demostrado ese grupo tan reducido de intelectuales ciudadanos.
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2007: HdA: “Influencia aragonesa en la blogosfera…” — (Clica en la imagen para descargar el PDF)
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