“La música es la voluptuosidad de la imaginación” (Eugène Delacroix)
Hoy viernes, día 18 de mayo, en el Salón del Trono del Museo Diocesano del Arzobispado de Zaragoza, que lleva el nombre del beato Juan Pablo II, se clausurarán los actos del Día Internacional de los Museos con un importante recital en el que se producirá el estreno de la música que ha compuesto el profesor del Conservatorio de Bruselas, el pianista oscense Manuel Ferrández, partiendo de tres poemas escritos por el Beato Juan Pablo II, publicados en dos libros, “Perfiles” (1957) y “Tríptico romano” (2003). La mezzosoprano jacetana Pilar Márquez será la encargada de poner voz a este concierto, con el que se pretende recordar la figura del santo Padre con ocasión de celebrar el que hubiera sido su noventa y dos cumpleaños.
El estreno de estas piezas se enmarca en un amplio concierto que, bajo el título de “Guardianes de la Belleza”, presenta en su primera parte la presencia de “El Espíritu en el mundo”, con obras de Pergolesi, Bach, Rossini o Mozart. Mientras, la segunda parte, denominada “El Espíritu en el hombre”, se centra en tres llamativos espirituales negros que darán paso al tercer bloque, que tratará sobre “El hombre en el Espíritu”, y en el que se incluyen los poemas escritos por el beato Juan Pablo II.
Dada la limitación del aforo, aunque amplio, del Salón del Trono y las medidas de seguridad requeridas, aconsejo –a aquellos que deseéis asistir– que reservéis la entrada gratuita en los teléfonos del Museo Diocesano (976.39.94.88) o acercándoos a la portería del Palacio Arzobispal de Zaragoza.
Pero este acto del Museo Diocesano, que ha cumplido un año y acaba de recibir el prestigioso premio de la Asociación de Exconcejales de la ciudad de Zaragoza, será el punto y final de este festivo día en el que, como en el año anterior, ha abierto sus puertas esta mañana para dar todo el protagonismo que se merecen a los alumnos de segundo y tercer ciclo de Educación Primaria, con una selección de cuatrocientos escolares que, a lo largo de toda la jornada, han realizado actividades escolares y trabajado los materiales preparados por el personal del Museo, mientras han hecho una visita selectiva y adecuada a sus niveles educativos, siendo atendidos por un total de quince monitores, entre las guías y colaboradores del propio Museo y un grupo de alumnos en prácticas de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, que se encuentran en su último año, y que han guiado las visitas monográficas. Además, a modo de sorpresa, los alumnos han tenido un distendido encuentro con el Arzobispo de Zaragoza, don Manuel Ureña.
Esta noche, en el Museo Diocesano de Zaragoza, he asistido a un formidable concierto narrativo, titulado “Coronaciones Reales”, en recuerdo de los fastos celebrados con ocasión de la coronación de Fernando I de Aragón, también llamado “Fernando de Trastámara”, “de Antequera”, “el Justo” y “el Honesto”. Sin duda, un broche de oro a un día especial para mí, en el que se celebra mi onomástica, San Orlando, nombre germánico, derivado de “Rodolandus”, que significa “Aquel famosos por sus batallas”, aunque también son válidos Roland y Rolando, este último que fue el famoso héroe de la “Canción de Roland“, donde se cuenta su muerte en Roncesvalles.
Pero siguiendo con el concierto, que ha tenido lugar en espectacular Salón del Trono ‘Beato Juan Pablo II’ del mencionado Museo, presidido por el mismo sitial que utilizó el Santo Padre cuando rezó el Santo Rosario transmitido –desde la Plaza del Pilar– a todo el mundo, hay que hablar de su extraordinaria orquesta de cámara ‘Real Ceremonial Consort’, dirigida por el Sr. D. Ángel Millán Esteban, en la que podíamos encontrar instrumentos como la flauta, el oboe, la trompeta, el trombón, el violín, la viola, el violoncello, la percusión o el teclado, así como el barítono Bruno Dos Santos Henriques, que han realizado una interpretación digna del espacio donde nos encontrábamos.
Desde luego, el intento de trasladar al espectador sensorialmente a la época de referencia, presupone que no hemos estado ante un concierto al uso, limitado básicamente al universo sonoro, sino que la riqueza instrumental se ha complementado con una presentación adaptada a la singularidad del espacio y la disposición, en todo momento, de un hilo conductor que ha dado sentido y comprensión a la propuesta que ha logrado hacernos partícipes del solemne ceremonial que presidió el acceso al trono de monarcas aragoneses, en concreto, del conjunto de actos litúrgicos y profanos que constituyeron la famosa coronación de Fernando de Antequera, rey de la Corona de Aragón entre 1412 y 1416, que tuvo lugar un 11 de febrero de 1414 en la ciudad de Zaragoza, habiendo sido elegido monarca en el Compromiso de Caspe de 1412.
Mis felicitaciones tanto a Domingo Buesa como a Carmen de Miguel
“El ser humano tiene el arte y el razonamiento para saber conducirse ” (Aristóteles)
El Ateneo de Zaragoza, presidido en la actualidad por el Excmo Sr. Dr. D. Fernando Solsona Motrel, tiene su origen en el Círculo de los Amigos, sociedad dedicada, por los años 1850-60, a la amena conversación y buen trato de sus socios, y a la lectura de la prensa que, por iniciativa del jacetano Joaquín Gil Berges, se convirtió, tal día como hoy hace 147 años, en la actual estructura que hoy conocemos. Y fue el propio Gil Berges, ministro del gobierno de la II República Española y jurista de reconocido prestigio en toda España, quien lo presidió por primera vez, mientras Pedro Salvador y Mestres hacía las veces de secretario de la sociedad.
Al marchar Gil Berges a Madrid, el Ateneo desapareció y, a su regreso, reapareció convertido ya en Ateneo Científico, Literario y Artístico de Zaragoza, con domicilio sucesivo en las calles Santa Cruz, 8; Coso, 116; Cinegio, 3; San Andrés, 12; y, actualmente, San Voto, 9; pero siempre muy vinculado a la Diputación Provincial y al Centro Mercantil, Industrial y Agrícola, con el que sigue manteniendo un convenio de comunidad de socios, biblioteca y locales.
El Ateneo nunca ha tenido filiación política ni religiosa; sólo se propuso, desde sus inicios, propagar la cultura y el gusto por las bellas artes, mediante conferencias, certámenes poéticos, conmemoraciones, juegos florales, y la institución de unas enseñanzas elementales, que luego fueron suprimidas cuando otros centros las cubrieron con mayor eficacia. A día de hoy, denominado ya sólo Ateneo de Zaragoza, con una masa social de 325 socios, reduce su actividad a «la exposición y la divulgación, oral y escrita, de las ciencias, las letras y las artes», tal y como consta en su reglamento (1967).
Las tres secciones iniciales (Ciencias Naturales, Ciencias Morales y Políticas, y Literatura) se convirtieron en diez: Centro Mercantil, Jurídica, Política, Literaria, Médica, Religiosa, Filosófica, Sociológica, Historia e, incluso, Tauromaquia. Está iniciada otra de Cine Amateur y un grupo de Amigos del Ateneo. Además, de él dependen las tertulias«Miguel Labordeta», de Literatura y Poesía; «Félix de Azara», de Historia de la Ciencia; «Luis Galve», de música; «Martincho», de Tauromaquia; «Pedro Cubero», de Viajes, y «Latassa», de Bibliografía. Y todo se llevaba a cabo, dado el número de asociados, mediante subvenciones ministeriales y municipales, que casi nunca han menoscabado la libertad de los ateneístas, aunque ello no siempre fuera fácil de lograr; y es fruto del firme amor que por la cultura y por sus convecinos ha demostrado ese grupo tan reducido de intelectuales ciudadanos.
“Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna tan portentosa como el hombre… Sólo la muerte no ha consegido evitar” (Sófocles)
Hoy celebramos el setenta aniversario del nacimiento de José Plácido Domingo Embil, pues hay que recordar también el apellido de su madre (la gran artista Josefa Embil), el más grande tenor de todos los tiempos (yo siempre digo que “Miguel Fleta aparte”…) según la revista BBC Music Magazine. Y lo estamos celebrando a lo grande, con una gala de homenaje en el Teatro Real de Madrid, en la que están participando grandísimas figuras del mundo lírico, y presidida por S.M. la Reina Doña Sofía y el propio homenajeado al que, de pequeño y familiarmente, le apodaban ‘El Granado’ por cantar –desde muy chico– la canción ‘Granada’ de Agustín Lara.
Don Plácido, pues se merece tal tratamiento como el que más, nació, para orgullo de todos los españoles, en la madrileña calle Ibiza, en 1941, pero se crió en México por el traslado de sus padres, Plácido Domingo y Pepita Embil, para continuar en aquellas tierras con las giras que tenían programadas y a las que, por motivos personales (su familia), renunció mi abuelo, el gran barítono Luis Cámara, pese a su amistad y sus años de trabajo con ambos. Una fantástica relación familiar que es todo un placer, la misma sensación que tengo cuando me recuerdan la agradable coincidencia que tanto Plácido como yo comenzamos cantando lo mismo y con los mismos años de edad, la aragonesa zarzuela Gigantes y Cabezudos…
Desde aquel debut en 1961 como tenor, pues se inició con la tesitura de barítono, en el Teatro María Teresa Montoya (Ciudad de Monterrey), cantando el Alfredo de ‘La Traviata’, hasta ayer mismo, que interpretó ‘Ifigenia en Táuride’ en el Real, la carrera de Plácido Domingo ha recorrido 130 papeles, siempre magníficos, siempre elegante y grandiosamente interpretados, abarcando desde papeles creados por Donizetti y Verdi a Wagner y Strauss.
Pero, además, también se ha caracterizado por dedicar parte de su tiempo a acercar la lírica y el bel canto a la sociedad, aprovechando eventos mundiales, como los mundiales de fútbol de 1990 (Italia), 1994 (Estados Unidos) y 1998 (Francia), compartiendo cartel con sus dos inseparables amigos, José Carreras y Luciano Pavarotti (D.E.P.), en el espectáculo ‘Los 3 Tenores‘; así como a aportar su grano de arena en su gran pasión, el Real Madrid C.F., a cuyo himno del Centenario (1902-2002) tuvo la satisfacción de poner voz, y que interpretó bajo la lluvia (doy fe húmeda de ello) en el césped del estadio Santiago Bernabéu el mismo día que se cumplían los 100 años (6 de marzo de 2002). Y, por supuesto, es también un gran filántropo, pues ha ayudado a los necesitados en diferentes partes del mundo, como en catástrofes naturales, ya sea en terremotos o huracanes.
Este día, el 21 de enero, que pueden ir apuntando en sus calendarios, será sin duda fiesta nacional en, esperemos, mucho tiempo, porque lo que este señor ha ofrecido al mundo nadie será capaz de devolvérselo. Y, como muestra, este vídeo con el que quiero finalizar este artículo, en el que canta el dueto de ‘Los pescadores de perlas‘ (Bizet) con el sensacional barítono Sherrill Milnes, no sin antes gritar a los cuatro vientos: ¡¡FELIZ DÍA, PLÁCIDO!!
“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre (ser humano) que sabe adónde va” (Antoine de Saint-Exupéry)
Vía EPdA | Un enmascarado vengador y justiciero que resulta ser hijo del Rey, cosa que se descubre por un medallón. Es parte del argumento de Águila Roja. La exitosa serie de la tele, sí. Pero, al parecer, esos mismos ingredientes también hilvanan una obra de teatro que la popular cupletista zaragozana Corita Viamonte escribió en el año 1963 y que llegó a representarse varias veces. El texto, registrado en la SGAE y que, incluso, pasó la censura de la época, es la base de la demanda de conciliación que la cantante ha presentado a la productora Globomedia, y en la que se reclama, entre otras cosas, un 10% de los beneficios de la emisión de la serie y la película que sobre la misma se ha realizado. La petición ya está presentada y sellada por el Juzgado de Primera Instancia de Madrid. “No es propiamente un juicio, sino un intento de llegar a un acuerdo a través del juzgado”, explica Félix Martín Polo, abogado de Corita Viamonte.
MUCHAS SIMILITUDES
Es verdad que también hay datos que separan ambas historias. Para empezar, la serie está ambientada en la España del siglo XVII. El cuento de Corita, en un país imaginario –llamado Pkeslin, aunque los nombres de los personajes sean muy castellanos– pero más o menos en la misma época.
Pero también hay unas cuantas similitudes entre la producción de Globomedia para TVE y el relato de la cupletista. En uno de los documentos que Corita ha recopilado para esta demanda de conciliación, resume parte del argumento como el relato sobre “un enmascarado al que llamaban Águila Roja, que defendía a los pobres y luchaba con su espada”, que pretende vengar un asesinato y cuya identidad solo se descubre al final de la obra. En su caso, el espadachín enmascarado sí conoce su origen real (aunque no lo comparta con el resto del mundo). Solo lo hará en uno de los últimos cuadros, al decirle al Rey: “Cuando nací, me pusisteis esta medallita, que aún guardo”.
Lo que resulta incontestable, tal y como refleja la documentación de la SGAE, es que Corita Viamonte registró el 8 de octubre de 1963 una obra titulada Águila Roja (El espadachín enmascarado), con el número 2.839.269. Una creación literaria sobre la que también existen notificaciones del Ministerio de Información y Turismo (del que dependía la censura), que autorizó para “todos los públicos” esta “comedia infantil” prevista para estrenarse el 1 de mayo de ese año. “Lo presenté en el Jardín de Invierno, en la calle Moret”, recuerda Corita. “Incluso el diario Amanecer se hizo eco de la noticia”.
“Yo solo digo que yo escribí un cuento que se titulaba así y que, presuntamente, hay algunas coincidencias”, añade. “Ahora todo está pendiente de un acto de conciliación y de la documentación que ya se ha remitido al juzgado de Primera Instancia número 71 de Madrid”. La demanda quiere demostrar que, “además de similitudes menores, ambas obras coinciden en título, personaje principal, y trama general”.
ADAPTACIÓN SIN PERMISO
Además, el texto dice que “la creación de la demandante es una obrita de teatro escrita por una niña y para ser representada ante otros niños”, mientras que la serie sería “una transformación de la obra teatral para el medio televisivo”. Adaptación para la que la productora demandada “no ha pedido permiso”.
Ahora, Corita y sus abogados piden que Globomedia haga constar en los créditos de la serie, la película o cualquier producto derivado de la obra (ya se está pensando en un cómic) que “están basados en una idea original de Corita Viamonte López”. También piden un “10% de los beneficios que ha generado o genere la serie y la película, y un 5% de los generados por otros productos derivados”. Una cifra importante si se tiene en cuenta que los seguidores del Águila televisiva se cuentan por millones.
“Un buen vino es como un buen film: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador” (Federico Fellini)
Francisco Martínez Soria, o “Don Paco” –como a él le gustaba que le llamaran–, nació en el seno de una familia humilde, tal día como ayer hace 108 años, el 18 de diciembre de 1902, en la calle Garnacha (hoy de doña Valeriana Irazoqui) de la localidad zaragozana de Tarazona; y fue bautizado, dos días después, en la capilla de San Andrés de la Seo. No obstante, siendo muy joven aún, su familia se trasladó a Barcelona, donde comenzó sus estudios y, tras ellos, su trabajo como dependiente y, más tarde, como comercial.
“Don Paco” fue un actor vocacional por excelencia, y empezó sus actividades en la escena en el colegio y, posteriormente, en teatros universitarios. Años después, se convirtió en una destacada figura en el teatro de aficionados de Barcelona y, ya en 1938, pasó al campo profesional, contratado como actor cómico, en la compañía Rafael López Somoza.
Pero, tan sólo dos años más tarde, formó su propia compañía, la cual desarrolló una actividad continua durante muchos años. En la siguiente década (1950) adquirió, como copropietario, el Teatro Talía de la ciudad condal, aunque sólo tardó un lustro en conseguir la propiedad total de dicho teatro y, pocos años después, vio cumplido su gran sueño: derribar «la vieja barraca» y levantar en su lugar el cómodo y moderno teatro que hoy disfrutan los barceloneses.
Sin duda, fue un actor carismático, de celebrada comicidad y comediante de una pieza, pero sus inicios cinematográficos estuvieron repletos de titubeos y de indecisiones. Así, su primera aparición en la pantalla fue en un film menor, titulado ‘Error judicial’ y realizada en 1935 por Juan Faidella, que le sirvió para descubrir un mundo distinto y misterioso, que se parecía bastante al teatro pero, sin embargo, era distinto. Y, como buen aragonés, peldaño a peldaño, fue escalando el justo puesto que merecía, aunque el teatro nos privó de él hasta el año 1965, de la mano de Pedro Lazaga, con quien grabó uno de sus mayores éxitos: ‘La ciudad no es para mí’.
Su capacidad para los más diversos personajes y caracteres estaba fuera de toda duda, como su popular representación del personaje rústico que mira, con ojos asombrados, un mundo que parece despegarse del que soñaba desde su rusticidad entre ingenua y sabia. Por ello, los caracteres creados por Paco Martínez Soria captaron inmediatamente a un público cautivado por la sugestión de un tipo que, desde el escenario, le ofrecía un ente vivo y emocionante.
Entre sus éxitos más notables se cuentan los creados en las piezas teatrales ‘El abuelo Curro’, ‘Mi cocinera’, ‘El sosiego’, ‘La tía de Carlos’, ‘La locura de don Juan’, ‘Bonaparte quiere vivir tranquilo’, ‘De profesión, soltero’ o, entre muchas otras, la anteriormente mencionada ‘La ciudad no es para mí’, cuya actuación motivó la concesión de la Placa de San Juan Bosco por votación popular, en 1966, y con la cual, gracias a un vídeo que he encontrado en YouTube, quiero concluir este artículo:
Bibliografía: Ramos, Dionisio: Paco Martínez Soria, su vida y sus éxitos; Guara Editorial, Zaragoza, 1978 (vía GEA Online).
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