Archivo para agosto de 2012
“El español medio compra el periódico para tener ideas. Por veinte duros se hace uno socialdemócrata, neoconservador, liberal de izquierdas, rojo de derechas…”
Hoy, 28 de agosto, se cumple un lustro del fallecimiento de Francisco Pérez Martínez, más conocido como Francisco Umbral, debido a un fallo cardiorrespiratorio. Cinco años sin esperar nuevas poesías, novelas, biografías o ensayos; pero, por encima de todo ello, cinco años sin poder desayunar cada mañana con sus inigualables columnas en el periódico (El País, Diario 16 y, en los últimos años, El Mundo), esas piezas que le llevaron a ser el mejor columnista y una de las figuras literarias más relevantes de España en las últimas décadas, con numerosos reconocimientos, entre los que destacan el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996 y el Premio Cervantes de 2000.
En sus artículos practicó una especie de costumbrismo desclasado y antiburgués que no renunciaba al yo más intensamente romántico, intentando dar a lo cotidiano, en palabras del poeta alemán Georg von Hardenberg «Novalis», la dignidad de lo desconocido, mezclando calle y cultura e impregnándose a veces de una desolada ternura. Mientras, como cronista político hizo gala, además, de una gran acidez y mordacidad y una increíble intuición para captar la epidermis oculta de los asuntos.
Por ejemplo, y aprovechando para recordar una de sus grandes intervenciones de índole político, ofreciendo una actualidad infaustamente lógica, dijo: “Estábamos en lo de la austeridad, el control del gasto público y la cosa, pero sus señorías se han cansado de aburrirse gratis y ahora quieren aburrirse cobrando más, que la vida sube. No es muy ejemplar la medida mientras se tacañea un duro a los jubilatas, a los reviejos y a los muertos que hacen cola en el Seguro. Es una iniciativa de la derecha que ha caído muy bien en la izquierda. En cuestiones de trinque, todo el mundo se pone de acuerdo en seguida, y hasta hay un baranda que saca tabaco y se marca una ronda, anda ahí que el enfisema pulmonar se lo soplen los vaqueros de Marlboro”.
No obstante, sería injusto recordarle únicamente como columnista, dados sus más de 80 libros publicados, entre los que destacaría “Memorias de un niño de derechas” (1972), “Las ninfas” (1975), “Mortal y rosa” (1975), “La noche que llegué al Café Gijón” (1977) y “Trilogía de Madrid” (1984), etc.; así como las obras publicadas ya en el siglo XXI, entre las que se encuentran “Madrid, tribu urbana” (2000), “Un ser de lejanías” (2001), “¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?” (2003); “Los metales nocturnos” (2003) o “Días felices en Argüelles” (2005).
Ahora y con motivo de los cinco años de la desaparición del periodista, narrador y ensayista, la Fundación Francisco Umbral, que dirige Leticia Espinosa de los Monteros (Director Gerente), siendo María España –viuda del homenajeado– su Presidenta, ha organizado para el próximo día 22 de octubre una jornada de homenaje al autor en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en la que participarán escritores y amigos del escritor, y en el que se exhibirá una muestra fotográfica relacionada con su vida y obra.
También, en los próximo meses, se publicarán las actas con las ponencias del Congreso Internacional sobre Umbral, que tuvo lugar el pasado mes de octubre de 2011, en el que participaron Carmen Iglesias, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson, Santos Sanz Villanueva, Gonzalo Santonja o Bénédicte de Buron-Bru, entre otros muchos expertos.
Unos homenajes y recuerdos que dejan patente el vacío dejado por el autor en el periodismo pero que, no obstante, si bien está ausente físicamente, continuará presente por su incuestionable y personal estilo tan actual como novedoso pues, como dijera él mismo, “el presente es todo mío y moriré en presente”.
Etiquetas: aniversario, columnista, escritor, fallecimiento, Francisco Umbral, novelista
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28 de agosto de 2012
Yana ya no está con nosotros. Después de 17 años juntos, más de la mitad de mi vida, nos ha dejado. Pero, algo que debe servir de ejemplo para todos, lo ha hecho luchando hasta el final y sólo una decisión humana, pues el sufrimiento debe eliminarse, ha hecho que deje pasear por la casa, de recibirme cuando llego, de pedir comida, de jugar con sus peluches favoritos… Es imposible agradecer con palabras todo este tiempo, pero de lo que estoy seguro es que se lleva tanto amor como tristeza nos deja estos momentos. Hasta siempre, peque. Te quiero…
Mi perro ha muerto (Pablo Neruda)
“Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independienre
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.”
Etiquetas: amor, eutanasia, muerte, perro, sufrimiento, tristeza, vida, Yana
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23 de agosto de 2012
«En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario» (George Orwell)
Federico García Lorca, el poeta de Fuente Vaqueros (Granada) que, junto con Ramón María del Valle-Inclán y Antonio Buero Vallejo, es considerado la cima del teatro español del siglo XX, nos dejó trágicamente hace hoy 76 años, en los que su obra, alimentada por la obsesión –amor, deseo y esterilidad– y la frustración vital, sigue siendo uno de los máximos referentes de la cultura española y, por supuesto, de la poesía mundial.
Su asesinato, que ha sufrido –y seguirá sufriendo– una gran controversia internacional, se empezó a conocer bastantes días después de tan atroz suceso, a través de rumores publicados en el Diario de Albacete y la agencia Febus, transcritos el 1 de septiembre de 1936 (descargable en PDF) en el Diario Republicano de Izquierdas ABC (hoy de línea conservadora), y cuya noticia se confirmó el 8 del mismo mes, gracias a una entrevista (descargable en PDF) que el diario “El Liberal” de Murcia realizó a un evadido del “infierno de Granada”, publicada también por ABC.
Durante todo este tiempo, y casi desde el primer momento, se ha intentado ligar el asesinato del escritor de la generación del 27 con Falange, fundada y liderada por su gran amigo José Antonio Primo de Rivera, cuyos poetas preferidos eran Manuel y Antonio Machado, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío y el propio Lorca, publicándose decenas de poemas de este último en el rudimentario boletín del Frente de Juventudes; al igual que su cercanía con el Frente Popular, una agrupación de partidos que –en los años 30– manifestaba una sensibilidad marxista y antifascista, cuyos componentes principales eran socialistas y comunistas. Un caso que sí se dio con otros escritores en algún momento de la década, incluso extranjeros, como Ernest Hemingway o George Orwell, quien subrayó que, de haber comprendido mejor la situación política en España, se habría unido como miliciano a la CNT.
Siendo rigurosos con la Historia, es justo poner a cada uno en su sitio, pues, reproduciendo –una vez más– las palabras del mencionado Orwell, «en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario». Y la realidad es que a Federico García Lorca le asesinaron los que dieron el golpe contra la República en Granada, quienes, desde dentro y fuera de España, fueron identificados erróneamente con Falange, en lugar de con el régimen franquista. Un error que puede considerarse lógico, puesto que sus símbolos, como la camisa azul o el yugo y las flechas (perteneciente a los Reyes Católicos, siendo el yugo de Fernando II de Aragón y el haz de flechas de Isabel I de Castilla), eran ‘inteligentemente’ utilizados por el denominado “bando nacional”.
Cierto es que Falange se puso del lado del “Alzamiento Nacional” contra el gobierno de la II República Española, pero no menos cierto es que, tras el asesinato interesado de José Antonio Primo de Rivera, este partido fue arrollado por el caudillo con el Decreto del 19 de abril de 1937 (descargable en PDF), cuyo artículo tercero rezaba: “Quedan fundidas en una sola Milicia Nacional las de Falange Española y de Requetés, conservando sus emblemas y signos exteriores. A ella se incorporarán también, con los honores ganados en la guerra, las demás milicias combatientes… El Jefe del Estado es Jefe Supremo de la Milicia”.
No obstante, la pregunta trascendental no reside tanto en el ‘quién’, algo que debería resultar obvio, como en el ‘cómo’ y el ‘por qué’. Unas cuestiones que tienen varias respuestas, todas ellas válidas y relevantes: la familia, la homofobia, la cultura y moralidad española de la época o las rencillas intervecinales.
¿Cómo?
Tal y como bien apuntó el escritor británico Ian Gibson, García Lorca fue traicionado por su hermana Concha, quien denunció y delató al poeta, indicando donde se ocultaba. Concretamente, se hallaba en casa de Luis Rosales, amigo y discípulo, cuya familia representaba a la auténtica y escasísima Falange granadina de antes de la guerra, siendo el único y frustrado salvavidas al que inútilmente intentó aferrarse.
Tan cierto como que Ramón Ruiz Alonso, padre de las actrices Emma Penella y Terele Pávez, obrero resentido de Acción Popular que odiaba el socialismo porque había sufrido lo indecible en manos de los sindicatos socialistas en Madrid, fue el responsable del encarcelamiento del poeta, siendo quien elaboró una denuncia contra él y, el 16 de agosto, se dirigió a la casa de la familia Rosales, deteniéndolo, pese a la oposición de Luis, trasladándolo al Gobierno Civil, de donde posteriormente fue conducido a Víznar, lugar en que fue asesinado por Juan Luis Trescastro, abogado y marido de una prima lejana del padre de García Lorca.
¿Por qué?
En el suceso de la muerte del poeta confluyeron muchos factores, como su supuesta identificación con el Frente Popular, el odio que se le tenía por triunfador y homosexual, el agravio que sintieron muchos andaluces por su obra “La Casa de Bernarda Alba”, o el apoyo y simpatía que le prestaban los falangistas de la familia Rosales, dadas las rivalidades entre Falange y Acción Popular, un partido político, fundado el 29 de abril de 1931 –quince días después de proclamarse la II República–, que iba a convertirse en el aglutinante de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).
Y, por supuesto, al igual que ocurrió en todos los rincones de la geografía española, la Guerra Civil desató los viejos odios intervecinales, entre los que se encontraba también la familia García Lorca, muy odiada por conflictos de lindes y de préstamos que había tenido su padre, un gran terrateniente liberal.
Federico García Lorca, apolítico a todas luces, no debe ser considerado injustamente uno de los adalides y/o máximos exponentes de la izquierda española, entre otros muchos motivos, porque es un personaje universal con una poesía que trasciende cualquier ideología. En sus propias palabras, “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al español que sólo es español por serlo y nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos”.
Con el tiempo, y con la fuerza de las pruebas, se ha podido demostrar que Falange (no confundir con el franquismo, pues ya conocemos por qué fue asesinado Primo de Rivera y a quién benefició…) no solamente no fue la autora de tan vil crimen sino, todo lo contrario, fue la única fuerza que intentó todo lo humanamente posible por evitarlo y devolver la libertad al poeta. Si hay unos culpables, las penas deben recaer en la particular ética, moral y cultura de la sociedad española de la época, así como en su brazo ejecutor, el bando sublevado, tan gustosamente utilizado como muy bien retribuido, institucionalizado en la Junta de Defensa Nacional, que fue el organismo creado el 24 de julio de 1936 por los militares sublevados en el fallido golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil en España.
Etiquetas: asesinato, falange, Francisco Franco, García Lorca, Guerra Civil, marxismo, poesía
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19 de agosto de 2012
Alberto Casañal Shakery, hijo del conocido topógrafo Dionisio Casañal, nació circunstancialmente en San Roque (Cádiz), aunque ‘regresó’ a Zaragoza con seis años y allí vivió toda su vida, licenciándose en Ciencias Físico-Químicas y siendo catedrático de Matemáticas en la Escuela Superior de Trabajo. Comenzó a componer versos en grande abundancia y con la mejor gracia, siendo especialmente célebres sus romances baturros, por lo que es reconocido como el más popular de los poetas regionales aragoneses, llegando a ser nombrado hijo adoptivo de Zaragoza. Recopiló cantares tradicionales baturros, como en su famosa publicación «Epistolario Baturro» (puede leerse en la Red desde aquí), y escribió en aragonés y castellano narraciones y muy numerosas piezas breves cómicas de teatro, casi siempre ambientadas en Aragón y de fuerte sabor regionalista, a veces en colaboración con su amigo Pablo Parellada, también conocido por sus pseudónimos «Melitón González» y «Pancho y Mendrugo».
Por todo ello, quiero recordarle, como diría su hija Trinidad Casañal, “con uno de sus versos que más éxito ha tenido”: «El punchacico». Un texto, el cual no había sido publicado en Internet hasta hoy, que no tiene atisbo alguno de desperdicio y en el que, estando escrito en castellano, introduce varias palabras en aragonés:
¡Güelta a las andadas!
¡Güelta a las glarimas y a los suspiricos!
¡Siempre lloriquiando como una Malena,
con los ojos cachos y medio escondido
como el que tie miedo
de que le castiguen por algún delito!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¿No te da güervenza, tener a estas horas,
diez años cumplidos
y pasate la vida llorando
lo mesmo que un crío?
¡Mia que acobardarse
por que está hace días con un panadizo
en el dedo pulgar y a puncháselo
va a venir esta tarde el médico!
Mentira me paice
que seas hijo mío…
¡Mia tú, que afligirse
por un punchacico!
¿Qué se te figura, que tó en este mundo
se riduce a brincar por los riscos,
a buscar pájaros, a dormir en la era
y a correr, por la parva, en el trillo?
¡Aspera una miaja
que no tendrás frío!
Ahora estás aprendiendo a ser hombre,
ahora estás principiando el camino
y hay de ti si al andar por el mundo
te falta el anímo!
Hay que ser valiente. Si ahora te acobardas
por un punchacico,
¿qué harás cuando tengas blanca la cabeza,
negro el pensamiento y el cuerpo tullido,
por las privaciones, por los desengaños,
por las amarguras y por los martirios?
¿Qué harás cuando al tiempo de cojer la jada
se te queden los brazos dormidos
y al rezar se te olviden los rezos
que en la escuela aprendiste de niño?
¿Qué harás cuando veas
relucir en los campos los trigos
y al día siguiente
los encuentras tronchados y tendidos,
en los surcos que abrieron tus manos
y que en un menuto destruyó el granizo?
¿Qué harás cuando veas
que ese gusanico
que dentro del pecho
llevamos metido
va el tiempo robándole
toas sus esperanzas y tos sus cariños?
¡Mia que acobardarse
por un punchacico!
Hay que ser valiente.
Pa vivir en el mundo es preciso
golverse de piedra
como aquel castillo
que, en lo alto del monte,
premacene incansable en su sitio,
sin que le amilanen
ni el aire, ni el agua, ni el calor, ni el frío.
¡Hay que ser de piedra pa los desengaños,
pa las alegrías y pa los martirios!
No te asuste el morir. Cuando güelves
de la sierra, suando y rendido
con un fajo de leña en la espalda,
¿no te da gustico
dejar en el suelo la carga que llevas
y acostado a la sombra de un pino,
con los ojos clavados en el cielo,
quedarte dormido?
Pues eso es la muerte;
un descanso en metá del camino.
Una siestecica que echamos los hombres
cuando nos sentimos
cansados de la vida, pa dispertar luego,
con mayores juerzas y mayores bríos,
allá arriba, ande están esperándonos
tós los que se fueron, to los que quisimos.
Hay que ser valiente. Yo no hi llorau nunca.
¡Nunca!… Y he vestido
a tu madre muerta.
Y a tus hermanicos,
pa no volver nunca, camino de Africa,
desde esta ventana partir los hi visto.
Y estoy viejo y probe,
y la fiebre me tie consumido.
Y, ya ves, sin glarimas ni quejas
a sufrir y a luchar me resigno
¡y aún levanto los ojos al cielo
pa dar gracias a Dios, que ha querido
dejame con vida
pa hacer de ti un hombre valeroso y dino!
¡Basta de glarimas!
¡Basta de suspiros!
Devanta los ojos, que al mirar al suelo
no es de hombres enteros, si no de vencidos.
No te aflijas, ni tiembres, ni llores.
Eso es poca cosa pa lo que te espera.
¡Ahora estás principiando el camino!
Mentira me paice
que seas hijo mío.
Etiquetas: alberto casañal, aragonés, baturro, castellano, el punchacico, epistolario, poema
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12 de agosto de 2012