Archivo para julio de 2010
“La pintura es poesía muda; la poesía, pintura ciega” (Leonardo da Vinci)
Ayer se cumplió el 86º aniversario del fallecimiento (Zaragoza, 1924) del ilustre pintor aragonés Mariano Barbasán Lagueruela, quien, nacido en la capital maña en 1864, se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde se matriculó en 1880, manteniendo una estrecha relación con sus condiscípulos Joaquín Sorolla y Salvador Abril. En 1887, a la edad de 23 años, se trasladó a Madrid y realizó sus primeras obras, pequeños cuadros de género teatral e histórico ambientados en Toledo. Ese mismo año participó en la Exposición Nacional con el cuadro titulado ‘Noche de Walpurgis de Fausto’ y, gracias a la obra ‘José explicando el sueño del copero en el palacio del Faraón’, en 1899 obtuvo una pensión de la Diputación de Zaragoza para completar su formación pictórica en la Academia Española de Roma, decidiendo establecerse permanentemente en Italia, por lo que abrió un estudio en Roma, pero trabajando durante largas temporadas anuales en lugares de la campiña romana, como Subiaco y Anticoli Corrado.
Aunque pintó inicialmente alguna obra de carácter histórico (‘Pedro III en el collado de las Panizas’), enviada a la Diputación de Zaragoza en 1891, cultivó sobre todo la pintura paisajista y escenas de la vida rural, que adquirió una temprana difusión en Europa merced a la intervención de marchantes ingleses y alemanes, así como por sus repetidas exposiciones en Berlín, Munich, Viena y en Montevideo, donde se trasladó en 1912 para realizar dos exposiciones individuales en el Círculo de Bellas Artes. Sin embargo, su obra fue poco conocida en España, ya que salvo una temprana participación en la Exposición Nacional de 1887, no volvió a exponer hasta su regreso definitivo a Zaragoza, donde celebró en 1923, dos años después de su regreso, una muestra antológica –muy elogiada– en el Centro Mercantil, y otra, póstuma, en 1925 en el Museo de Arte Moderno de Madrid, seguidas, en años sucesivos, de otras retrospectivas, organizadas por su hijo Mariano Barbasán Lucaferri, que contribuyó a consagrar definitivamente a su padre como una figura clave de la pintura aragonesa de finales del XIX y principios del XX.
Quebrantada su salud, regresó de Roma a Zaragoza en 1921, contando con la edad de 57 años, siendo recibido elogiosamente y ocupando un puesto en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, vacante por la muerte del pintor Francisco Pradilla y Ortiz. Aparte de las obligadas obras de pintura de historia como pensionado, cultivó exclusivamente el género costumbrista inspirado en el natural de los pueblos italianos, recogiendo en bucólicas composiciones los aspectos más pintorescos del paisaje y de la vida cotidiana, no exentos, a veces, de humor. Su estilo destaca por un esplendoroso colorido y sensitiva luminosidad, logrados mediante una técnica de pincelada abreviada y de pequeños toques de color, derivada del estilo de Fortuny y de los macchiaioli (en italiano manchistas o manchadores) y preimpresionistas italianos.
Bibliografía GEA: Pantorba, Bernardino de: Mariano Barbasán; Madrid, 1939 (ed., Mariano Barbasán Lucaferri). Pantorba, Bernardino de: Mariano Barbasán. Edición crítica de Manuel García Guatas. Zaragoza, CAZAR, 1984.
Etiquetas: macchiaioli, Mariano Barbasán, preimpresionismo, Real Academia, San Luis
Archivado en: Artes visuales, Citas y refranes, Historia
23 de julio de 2010
“Yo quiero ser comprendido por mi país, pero si no soy comprendido, qué se le va a hacer, pasaré por la tierra natal como pasa la lluvia oblicua” (V. Maiakovski)
Hoy se cumplen 117 años del nacimiento de Vladímir Maiakovski (Владимир Маяковский), una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX y ‘padre’ del futurismo ruso, que fue un movimiento de vanguardia, relacionado con el futurismo italiano, que surgió en Rusia en los años previos a la Primera Guerra Mundial, y cuyo acto inicial se considera que coincide con la publicación, en diciembre de 1912, del manifiesto “Una bofetada al gusto del público“, firmado por los componentes del grupo “Hylaea”, de San Petersburgo, Velimir Jlébnikov, Alekséi Kruchénij, David Burliuk y el propio Maiakovski.
Al igual que los italianos, los futuristas rusos estaban fascinados por el dinamismo, la velocidad y la inquietud de la vida urbana moderna, y buscaron deliberadamente causar escándalo y llamar la atención anunciando que repudiaban el arte estático del pasado. Según ellos, autores como Aleksandr Pushkin, León Tolstói y Fiódor Dostoyévski debían ser “arrojados por la borda del barco de la Modernidad”, no reconociendo ningún tipo de líder o mentor literario. Incluso el propio Filippo Tommaso Marinetti, iniciador del futurismo en Italia, que viajó a Rusia en 1914 para hacer propaganda de su credo estético, fue abucheado por algunos futuristas rusos.
El tan controvertido artista escribió obras de teatro, guiones cinematográficos, canciones para el Ejército Rojo y para las instituciones del Estado obrero, participó en las batallas teóricas de los formalistas, diseñó afiches y otros objetos molestos. Y, tras pasar por la cárcel debido a su afiliación al Partido Obrero Socialdemócrata, editó poesía cuya reedición, en el año 1948, fue prohibida en Alemania por los estadounidenses pese a que estaba ya traducida, editada y dispuesta para la venta. No obstante, Maiakovski no lo pudo ver, ya que el 14 de abril de 1930, a las 10:15 de la mañana, se pegó un tiro en el callejón de Lubianski con el revólver que le había servido doce años antes para su papel en la película “No nací para el dinero”.
Y, para finalizar el artículo, incluyo un fragmento –el de las ‘exigencias’– del anteriormente mencionado manifiesto “Una bofetada al gusto del público”:
[…] Exigimos que se respeten los siguientes derechos de los poetas:
1. Ampliar el volumen de su vocabulario con palabras arbitrarias y derivadas.
2. Rechazar el odio invencible al idioma que existía antes de ellos.
3. Arrancar con horror de sus orgullosas frentes la corona de gloría de a centavo tejida de varas de abedul propias de los baños.
4. Tenerse de pie en la roca de la palabra “nosotros” en medio del mar de silbidos y ultrajes.
Y, si bien, por ahora persisten en nuestro verso las sucias huellas de su sentido “común” y “buen gusto”, ya también, por primera vez, brilla en ellos el Relámpago de la Nueva Belleza Futura de la Palabra Autosuficiente.
Etiquetas: futurismo, Hylaea, Italia, Maiakovski, Marinetti, poesía, Rusia, teatro
Archivado en: Artes escénicas, Artes visuales, Citas y refranes, Sociedad civil
19 de julio de 2010
“En Roma he encontrado la manera definitiva de servir a Dios, haciendo el bien a los pequeños, y no lo dejaré por nada del mundo” (San José de Calasanz)
GEA Online | Hoy se cumplen 243 años de un momento histórico para un aragonés ilustre, un pedagogo, fundador y santo, nacido en la localidad oscense de Peralta de la Sal el 11 de septiembre de 1557, esto es, para José de Calasanz Gastón. Un hombre que estudió humanidades en Estadilla y, posteriormente, la carrera universitaria en Lérida, Valencia y Alcalá, consiguiendo el doctorado en teología y, tras ello, se ordenó sacerdote el 17 de diciembre de 1583.
Dos años después, en 1585, asistió a las Cortes de Monzón y actuó de secretario de la comisión de reforma de los agustinos recoletos de Aragón. Entre 1587 y 1592, trabajó pastoralmente en su diócesis del obispo Gaspar J. de la Figuera de Seo de Urgel, con quien intervieno en la visita apostólica a Montserrat, desempeñando a la vez los cargos de secretario del cabildo, maestro de ceremonias y oficial eclesiástico de Tremp. Tras ello, viajó a Roma en febrero de ese último año y allí permaneció hasta su muerte, el 25 de agosto de 1648. En la capital italiana fue preceptor del príncipe Felipe, sobrino del cardenal Marco Antonio Colonna, y, como socio de varias cofradías, se ejercitó en obras de caridad, especialmente en la enseñanza de la doctrina cristiana, que le mereció ser llamado «el mayor catequista de Roma».
En 1597 fundó en el Transtíber (Trastevere, un barrio del centro histórico de Roma) una escuela elemental, «la primera escuela pública, popular y gratuita de Europa», según Von Pastor. Abandonó ya toda otra ocupación, para dedicarse totalmente a los niños, abrir escuelas y organizar un cuerpo de maestros. En 1617, Paulo V erigió la «Congregación de las Escuelas Pías» y nombró prefecto a Calasanz, quien vistió el hábito religioso el 25 de marzo 1617. Gregorio XV elevó la Congregación en 1621 y le dio el título de «Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías». Un año después, aprobó el mismo papa las Constituciones y nombró a Calasanz general de la Orden, siendo beatificado el 18 de agosto de 1748 y, motivo de este artículo, canonizado el 16 de julio de 1767. Pío XII le declaró, el 13 de agosto 1948, «celestial patrono de todas las escuelas populares cristianas del mundo».
La obra calasancia sacudió por su bondad y oportunidad a la sociedad de su tiempo, cuya idea aparece en su lema “Para gloria de Dios y utilidad del prójimo”, que recoge la doble línea espiritual y social. Sus religiosos fueron –y siguen siendo– los únicos que profesan en la Iglesia un cuarto voto de dedicación exclusiva a la enseñanza. José de Calasanz buscó, por medio de la educación integral, la felicidad total del hombre desde la niñez; proclamó que la reforma de la sociedad sólo puede lograrse mediante la cultura y a través de la enseñanza, que calificó como «el ministerio más digno, más noble, más meritorio, más beneficioso, más útil, más necesario, más natural, más razonable, el que merece mayor agradecimiento, el más agradable y el de mayor gloria» (Memorial al cardenal Tonti). Buscó siempre los métodos didácticos más eficaces y modernos y esto le llevó a relacionarse con Bayano, Scioppio, Campanella y Galileo. Fue defensor y difusor de la «ciencia nueva» matemática, organizó definitivamente la escuela primaria graduada, ideó un «bachillerato» de nivel medio y práctico, creó las primeras normales y ejercitó el método preventivo, que dos siglos más tarde desarrollaría Juan Melchor Bosco Occhiena (don Bosco). Todas sus ideas e intuiciones quedaron plasmadas en sus colegios, siempre gratuitos y abiertos sin distinción a jóvenes de toda raza, credo y clase social que, en menos de cuarenta años, servían a Europa con unos 500 religiosos maestros en 40 colegios y que, hoy en día, están extendidos por Europa, Asia, África y América. En todas las ciudades donde hay Escuelas Pías cuenta el santo aragonés con algún monumento, pero nadie ha sabido captarle e inmortalizarle mejor que don Francisco de Goya en “La última comunión de San José de Calasanz”.
Etiquetas: colegio, Escuelas Pías, Huesca, José de Calasanz, Roma, Santo
Archivado en: Aragón, Citas y refranes, Cultura, Sociedad civil
16 de julio de 2010
El 6 de mayo de 1833, Carl Friedrich Gauss, matemático, astrónomo y físico alemán, en colaboración con otro físico, Wilhelm Eduard Weber, instalaron una línea telegráfica de 1.000 metros sobre los tejados del pueblo donde trabajaban -Göttingen (Alemania)- uniendo la universidad con el observatorio de astronomía. El telégrafo, ese dispositivo de telecomunicación destinado a la transmisión de señales a distancia, fue inventado en 1832 por el estadounidense Samuel Finley Breese Morse, aunque, al principio, no tenían ningún código para comunicarse, pero pronto crearon un alfabeto basado en la amplitud de las señales (una combinación de puntos y rayas que se puede traducir en letras mediante el uso de un código convenido) dándole así una verdadera capacidad de comunicación a su invento.
Así, dos décadas después de este hito histórico, la entrada en funcionamiento del telégrafo en Aragón se remonta al 14 de julio de 1854, fecha en que se inauguró el servicio en unos locales de la zaragozana calle de Ballestar, detrás del café del Salón de Santa Engracia, poco después denominado Café de la Iberia. Con anterioridad a esta fecha, un coronel del Estado Mayor, José María Mathé, instaló en 1848 la telefonía óptica, una de cuyas primeras líneas, la Madrid-Irún, pasaba precisamente por Zaragoza. Siguiendo el tendido de ferrocarril -al que, inicialmente, se concedía el uso exclusivo del telégrafo, para ser progresivamente «liberalizado»-, la primera línea en entrar en servicio en nuestro territorio fue la Madrid-Zaragoza-Irún con estaciones en Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Tudela, Alsasua, Tolosa, San Sebastián e Irún. La obra de tendido fue entonces presupuestada en 1.544.720 reales de vellón. Poco después, entraron en servicio las líneas «Directa a París», «Irún por Alsasua», «Directa a Marsella por Barcelona», «Madrid» y «Barcelona», todas ellas utilizables desde Zaragoza.
Ante la precariedad de las instalaciones iniciales, el servicio se trasladó al número 9 del Paseo de la Independencia, donde compartió los locales con el de Correos -hasta 1907- para ser de nuevo unificados dichos servicios en el magnífico local de estilo aragonés construido en el mismo paseo en 1927. Técnicamente, del inicial sistema «Wheatstone» se llegó al «Morse», pasando por el «Breguet» hasta llegar a las modernas instalaciones existentes no sólo en Zaragoza, sino en las principales poblaciones de Aragón. Como hitos fundamentales hay que señalar la puesta en marcha del giro telegráfico (1922), del teletipo (1934) y del servicio de telegramas por teléfono (implantado en 1947).
El 31 de enero de 1999, la era de la telegrafía en morse -esa forma de comunicación que en el siglo XIX había dado origen a una revolución de las comunicaciones mundiales en casi todos los ámbitos (administración, diplomacia, negocios, industria, ferrocarriles, periódicos, ejército, sin olvidar el telegrama del simple particular)- llegó a su fin para los navíos en el mar, en favor de los nuevos dispositivos que funcionan por satélite y otras tecnologías avanzadas (SMSSM), ya que se estableció en la reglamentación internacional la no obligación de contar con el equipo adecuado para pedir socorro, en casos de emergencia, valiéndose del alfabeto morse y de la célebre señal sos. Numerosas estaciones emitieron sus últimas señales en morse en una profusión final de mensajes emocionados, como aquella transmisión que decía: “Para concluir la era de la telegrafía sin hilos, iniciada en 1909, tras más de 90 años de servicios en las estaciones de la costa danesa, he aquí nuestra última emisión y nuestra despedida, para siempre”.
Etiquetas: Aragón, Gauss, Göttingen, Mathé, morse, telégrafo, Weber
Archivado en: Aragón, Historia, Sociedad civil
14 de julio de 2010