ÓPERA
Recordando los orígenes de un género universal
9 de marzo de 2010
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Hoy, aprovechando la representación de la ópera Madama Butterfly, del genial Giacomo Puccini, que tendrá lugar esta noche en el Teatro Principal de Zaragoza, es uno de esos días en los que me siento en la necesidad de volver a hablar de ese sensacional género de música teatral que es la ópera, uno de esos íntimos espacios que tan grandes pasiones ha levantado a lo largo de la historia y en el que he tenido la suerte de nacer, vivir, cultivarme y, con enorme satisfacción, contribuir activamente.
La palabra opera significa “obra” en italiano (que es el plural de opus, del Latín, que significa “obra” o “labor”) sugiriendo que combina las artes del canto coral y solista, declamación, actuación y danza en un espectáculo escénico. Y, aunque así se designara en el año 1350 –aproximadamente–, ya que algunos autores señalan como precursores formales de la ópera a la tragedia griega, a los cantos carnavalescos italianos del siglo XIV (la mascerata italiana) y a los intermedios del siglo XV (pequeñas piezas musicales que se insertaban durante las representaciones teatrales), la primera composición considerada ópera –tal como la entendemos hoy– fue Dafne, de Jacopo Peri, escrita alrededor de 1597, bajo la gran inspiración de un círculo elitista de literatos humanistas florentinos, conocidos como la “Camerata de’ Bardi“. Significantemente, esta ópera fue un intento de revivir la tragedia griega clásica, parte del más amplio revivir de las características de la antigüedad, propio del Renacimiento. De esta manera, los miembros de la Camerata consideraban que las partes corales de las tragedias griegas fueron originalmente cantadas y, posiblemente, el texto entero de todos los roles; por ello, la ópera fue concebida como una manera de “restaurar” esta situación.
No obstante, Dafne se halla perdida y una obra posterior del maestro Peri, titulada Euridice (de 1600), es la primera ópera que ha sobrevivido. Mientras, a L’Orfeo, de Claudio Monteverdi, compuesta para la corte de Mantua en 1607, le corresponde el honor de ser la primera ópera que aún se presenta regularmente.
Desde aquella época, siglo XVI, muchos han sido los estilos que han conformado a la historia operística. Así, en la era barroca, el maestro Monteverdi popularizó (1637) este género –que, hasta entonces, permanecía confinada a las audiencias cortesanas– ideando una “temporada” (Carnaval) de óperas de «interés público» en Venecia, combinando la amplia comedia con elementos trágicos en una mezcla que sacudió algunas sensibilidades educadas.
Por ello, en el siglo XVIII, el compositor alemán Christoph Willibald Gluck se dedicó a reformarla, ya que sostenía que la “opera seria” tenía que volver a sus bases, el ideal metastasiano, y que todos los diversos elementos debían subordinarse al drama. Una idea que influyó notablemente a Weber, Wagner y, sobre todo, Mozart, quien –en muchos sentidos– fue considerado el sucesor de Gluck. No obstante, la contribución de éste último a la “opera seria” fue menos clara, a pesar de sus excelentes obras Idomeneo y La clemenza di Tito, pues su estado de salud y su precoz muerte no le permitieron hacer renacer el género.
Y, aunque dedicaré más artículos –para ampliar como se merecen– a cada uno de estos estilos, es fundamental reseñar la genial aportación de las óperas alemanas (Wagner, Schubert, Schumann, etc.), francesas (Bizet, Gounod, Offenbach, etc.), rusas (Rajmáninov, Stravinsky, etc.) y, cómo no, españolas (Guridi, Albéniz, Usandizaga, etc.). Pero, ante todo, y muy personalmente, la ópera italiana y su movimiento operístico de «Bel canto», que floreció a principios del siglo XIX, siendo ejemplificado por las óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Pacini, Mercadante y tantos otros; así como las patrióticas obras de Giuseppe Verdi o los melodramas sentimentales “realistas” del «Verismo», introducido por Mascagni (con su Cavalleria Rusticana) y Leoncavallo (con Pagliacci), y dominado por Giacomo Puccini con obras como La Boheme, Tosca o, entre otras, la ópera que hoy podrán disfrutar los zaragozanos en el escenario del Principal, Madama Butterfly.
Hay que recordar que tal día como hoy, en los años 1842, 1844 y 1868, se estrenaron las óperas Nabucco (de Giuseppe Verdi) en La Scala de Milan, siendo su primer gran éxito; Ernani (del propio compositor italiano) en Venecia, basada en el drama de Victor Hugo; y Hamlet (de William Shakespeare) en París, respectivamente.
Etiquetas: ópera. género, música, Puccini, teatro, Teatro Principal, Zaragoza
Archivado en: Artes escénicas, Personal, Zaragoza






































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1. Bitacoras.com&hellip | 9 de marzo de 2010 a las 17:16 pm
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